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MADELEINE SOMOS TODAS

Ago 23 2007

Hilda Guerrero

a Betita

Madeleine reside en el Batey Palmarejo en Santo Domingo. A sus cortos diez años quedó huérfana, y quedó viviendo sola, a sus cortos diez años.

Desde los diez años es abusada sexualmente por hombres tanto de su comunidad como de otros que vienen de afuera. Hoy en día tiene trece años y está preñada. ¡ Fue preñada en su primera ovulación! ¿ Quién es el padre? Cómo saberlo? Madeleine dice que hay noches que es violada por tres y cuatro hombres.

A otra niña le dicen Pollito. Es muy delgada, pequeña. Tiene diez años. Un día que estábamos en el batey otra niña la golpeó en un ojo. Lloró, fui a abrazarla y sentí su cuerpo endurecerse, tensarse, rechazarme…y lloré tanto como ella. Al verme llorar se acercó, nos abrazamos, y lloramos juntas. Lloré por ella, por mí y por la impotencia de no poder hacer nada, nada contra los hombres que la violan, que la agreden; nada contra un Estado y unas instituciones que no protegen esta niñez. Lloré mucho porque no pude decirle “Te voy a proteger.”¿Qué podía decirle? ¿Tu dolor es mi dolor?¿Siento tanto que te este pasando esto? NO ES SUFICIENTE.

Fui al batey con un grupo de 12 personas a organizar el primer campamento de verano de la Escuela Anaísa. Fui preparada para “todo”. Incluso orienté a las demás personas del grupo sobre todo lo que podíamos encontrar en la comunidad: maltrato, violencia, pobreza, miseria, exclusión … pero jamás podría haberme preparado para enfrentarme a la violencia contra las niñas.

Los bateyes son comunidades marginadas donde conviven una gran cantidad de inmigrantes haitianos y dominicanos pobres. Muchos carecen de servicios básicos: instalaciones sanitarias, electricidad, agua potable, escuelas, servicios de salud, etc.

Las valientes mujeres del Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas (MUDHA) patrocinan La Escuela Anaísa del Batey Palmarejo: un proyecto de autogestión y de inclusión donde se educan niñas y niños dominico-haitianos, haitianos y dominicanos. Esta escuela es de las pocas esperanzas que tiene la niñez del Batey, su única posibilidad de un futuro mejor que el de sus padres y abuelos. Niñez a la que el Estado dominicano le niega los más elementales derechos, como el reconocimiento a un nombre y una nacionalidad, salud y educación, perpetuando así las condiciones de esclavitud moderna que viven sus padres.

La experiencia de convivir una semana con esa niñez nos cambió la vida a todas y todos. Todas las personas que fuimos desde Puerto Rico (12) y las más de 20 personas de República Dominicana y Haití que se integraron, hicimos el compromiso de regresar en el verano de 2008. ¡Hay consenso!

El cantautor cubano Silvio Rodríguez dice en una de sus canciones: “con un poco de amor yo me salvo/ con un poco de amor yo soy algo”. Desde aquí hago un llamado a toda la comunidad antillana y caribeña a que miremos a esa ninez “con un poco de amor”.

Hilda Guerrero, Comité Pro Ninez Dominico-Haitiana

“Como una mujer no tengo un país
como una mujer no quiero un país
como una mujer el mundo es mi país”
Virginia Woolf