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EUROPA-ÁFRICA: UNA RELACIÓN DESIGUAL Y TORTUOSA

Sep 18 2007

Por Demba Moussa Dembele (*)

DAKAR, Sep (IPS) África y Europa comparten una historia que se extiende a lo largo de más de cinco siglos. En su mayor parte los países africanos fueron colonias europeas. Esta fue una historia de dominación, explotación y saqueo. Esas complejas relaciones continuaron cuando la mayoría de las ex colonias había logrado su independencia en la década del 60.

En 1963, esas relaciones fueron institucionalizadas en una serie de
convenios, desde la Convención de Yaoundé firmada en 1963 hasta el presente
Acuerdo de Cotonou. Ambos acuerdos proporcionan acceso preferencial a las
exportaciones africanas en los mercados europeos, sin reciprocidad. Pero la
Convención de Lomé, firmada entre la Unión Europea (UE) y el grupo de países
de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) mantuvo sólo hasta diciembre del
2007 esas preferencias, que deberían ser reemplazadas por los Acuerdos de
Asociación Económica (EPA). Los EPA son, en esencia, acuerdos de «libre
comercio» que prevén el fin de las preferencias comerciales y el
establecimiento de una total reciprocidad en las condiciones de acceso a los
mercados de conformidad con las normas de la Organización Mundial del
Comercio (OMC). Es en este contexto que se debería entender la intención de
la Comisión Europea (CE) de «promover el comercio y las inversiones» en África.

El Acuerdo de Cotonou estipula que sus principales objetivos son «reducir la
pobreza», «promover un desarrollo sustentable» e «insertar a las economías
africanas en la economía mundial». La CE está poniendo mayor énfasis en el
tercer objetivo en detrimento de los otros dos. Ésto explica por qué, a
pesar de las enormes diferencias entre las economías africanas y las
europeas, la CE sostiene que el «libre comercio» es la vía más efectiva para
reducir la pobreza. Esta creencia es el resultado de la simplista y falsa
suposición de que la persistencia del subdesarrollo y la pobreza en África
se deben en gran parte a la falta de integración de la región en el comercio
mundial..

Por el contrario, esta apertura hace que las economías africanas sean
extremadamente vulnerables a los impactos exógenos, en gran medida como
resultado de la volatilidad de los precios de las materias primas.

Asimismo, el colapso de las industrias domésticas es causado por la
combinación de los daños provocados por la competencia de importaciones
ampliamente subsidiadas y por las pérdidas en los ingresos de las
exportaciones debidas a los mismos subsidios. El escándalo de los subsidios
al algodón es sólo uno de los más publicitados. En 2002, los precios del
algodón cayeron en un 25% debido a los subsidios de Estados Unidos, que son
estimados de entre 3.000 y 4.000 millones de dólares, una suma mayor a la
«asistencia» estadounidense a toda África. Este proteccionismo para unos
25.000 agricultores estadounidenses significa una pérdida de 300 millones de
dólares para 10 millones de plantadores africanos de algodón.

Esa situación se reproducirá probablemente con los EPA si la proteccionista
Política Agrícola Común (PAC) de la UE no es desmantelada o reformada
profundamente.

En opinión de la CE, la liberalización del comercio y de las inversiones,
así como la liberalización en el sector de servicios debe formar parte del
paquete de negociación si los países africanos quieren atraer más
inversiones extranjeras directas. La CE insiste en que «no habrá EPA sin
normas para las inversiones y con una reciprocidad total». Por otra parte,
la CE está insistiendo en una «no discriminación», lo que significa que los
países africanos serán forzados a tratar a las empresas multinacionales
europeas gigantes del mismo modo que a sus propias compañías nacionales.

¿Cómo pueden tales políticas promover un «desarrollo sustentable» en África,
como la CE reivindica en sus objetivos? Por el contrario, tales acuerdos
vinculantes sobre inversiones podrían colocar a los países africanos en una
situación difícil en un futuro previsible. Es por eso que los países
africanos y otros del ACP han reiterado enfáticamente su oposición a incluir
esas políticas en las negociaciones de los EPA.

Claramente, el «libre comercio» no puede ser la base de relaciones
mutuamente beneficiosas entre África y Europa. Ante el estancamiento de la
ronda de negociaciones comerciales mundiales de la Ronda Doha, la UE debería
formar equipo con África y otros países ACP para solicitar un nuevo período
de transición para la finalización de las discusiones de los EPA. Ya que su
primera justificación ha sido la de subordinar el comercio a las normas de
la OMC, no hay apuro para firmar esos acuerdos antes de la conclusión de la
Ronda Doha.

La mejor manera de promover el comercio y las inversiones en África es hacer
frente a las cuestiones fundamentales del desarrollo planteadas por las
naciones africanas, asistiéndolas en la construcción de sus capacidades e
infraestructuras, en el fortalecimiento del proceso de integración regional,
en desarrollar su capacidad para transformar domésticamente sus materias
primas y en establecer fuertes mercados regionales. Sólo cuando estas
condiciones sean cumplidas África será capaz de recoger el desafío de la
asociación de «libre comercio» con Europa. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Demba Moussa Dembele, Director del African Forum on Alternatives, con
sede en Dakar.