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La abundancia tiene dueño

Sep 24 2007

Por Gustavo Capdevila

GINEBRA, 24 sep (IPS) – La industria de alimentos y bebidas franquea una etapa de concentración, con 10 firmas distribuidoras que controlan 24 por ciento del mercado mundial, según un estudio que examinan esta semana representantes de trabajadores, empresarios y gobiernos convocados por la OIT.

La misma tendencia que en las ventas se verifica en otras fases de esa actividad, en los sectores de fabricación y transformación de productos alimentarios, amplió el autor de la investigación, Andrew Bibby, al presentarla a los 70 participantes de la denominada «Reunión tripartita sobre la incidencia de las cadenas mundiales de alimentación en el empleo».

Bibby dijo que ya no es nueva en el sector la estrategia de diversificación de fuentes de abastecimiento de alimentos, un fenómeno estrechamente relacionado con la globalización de las relaciones económicas y comerciales.

Lo novedoso es la aparición de esas cadenas mundiales de alimentación integradas, que emplean a unas 22 millones de personas en el mundo y son, por tanto, motivo de preocupación para la OIT (Organización Internacional del Trabajo).

En el rubro de empresas de productos alimentarios y bebidas figura a la cabeza la suiza Nestlé, con 260.000 empleados, seguida por la angloholandesa Unilever con 179.000 y por las estadounidenses PepsiCo, con 157.000 trabajadores, Sara Lee con 137.000 y Coca Cola con 132.300 empleados.

En el último eslabón de empresas dedicadas a ventas minoristas, la estadounidense Wal-Mart figura en primer lugar con 1.800.000 empleados, luego aparecen la francesa Carrefour con 440.500, la estadounidense Kroger con 290.000, la británica Tesco con 273.000 y la también estadounidense Albertson’s con 234.000.

Una configuración de esas características casi monopólicas nace del proceso de fusiones y adquisiciones de empresas de gran envergadura acentuado en los últimos años.

El informe de la OIT sostiene que, aunque las mayores empresas realizan volúmenes de negocios astronómicos, la industria mundial de la alimentación «tolera todavía, por sus dimensiones y su diversidad, una consolidación mucho mayor».

Nestlé concertó en 2006 negocios por 74.659 millones de dólares, Unilever por 49.581 millones, PepsiCo por 32.562 millones, Sara Lee por 19.727 millones, y Coca Cola por 41.810 millones de dólares.

En otra especialidad, las ventas de Wal-Mart en 2004 sumaron 28.989 millones de dólares, mientras Carrefour obtuvo ventas por 99.119 millones.

Pero tanto esplendor empalidece a la hora de comparar con la distribución de los beneficios. Un productor de la variedad de frijoles denominada tirabeques recibe en su huerta de Zimbabwe apenas 12 centavos por cada dólar de esas legumbres que vende el supermercado de un país industrializado.

Apenas dos centavos más por cada dólar percibe en una operación similar el productor de hortalizas frescas de Kenia.

Un estudio del banano exportado de Ecuador a Gran Bretaña demostró que el dueño de esas plantaciones obtenía una décima parte de los ingresos por la venta de la fruta. De esa suma, los trabajadores de las plantaciones bananeras cobraban únicamente un 1,5 por ciento.

El informe de la OIT estima que los procesos en marcha dentro de la industria incidirán también en las relaciones laborales y en el diálogo social en el sector.

Existe potencial para mejorar las relaciones laborales y elevar el grado de cumplimiento de las normas fundamentales del trabajo, de lo cual se beneficiarán tanto las empresas como los trabajadores, vaticina la investigación.

En especial, ese fenómeno se producirá mediante la mayor intervención y participación de las empresas líder en todos los eslabones de la cadena de suministro de alimentación, se entusiasmó el autor del trabajo.

En el mismo tono, el documento de la OIT sostuvo que los interlocutores sociales de la industria de elaboración de alimentos tienen un historial de negociaciones colectivas fructuosas en empresas de todo el mundo.

Como ejemplo, citó el caso de Nestlé para Asia y el Pacífico, que ha firmado en varios países convenios colectivos aplicables a derechos sindicales, igualdad de oportunidades, ausencia de discriminación por edad, sexo, raza o religión, entre otros temas.

Pero esta aseveración del informe de la OIT fue refutada por el portavoz de los trabajadores, Klaus Schroeter, del sindicato de la alimentación de Alemania, quien sostuvo que los contratos mencionados por el informe «son contrarios» a las legislaciones nacionales de los países concernidos.

Schroeter calificó al informe de «muy malo» y dijo que «es muy poco satisfactorio». No es cuestión de que la OIT haga propuestas conformes a las opiniones de las empresas, expresó.

El sindicalista objetó el tramo del documento que vaticina un incremento de la demanda de esos productos en Asia y América Latina, y deduce que «estas tendencias tienen preocupados a los analistas, temerosos de que el aumento global del consumo de productos alimentarios provoque carestía a escala mundial».

«Me parece desaprensivo decir eso cuando miles de niños mueren de hambre. Creo que el autor del informe tendría que darse cuenta de eso», dijo Schroeter.

En tres reuniones tripartitas a las que he asistido, nunca había visto un documento de la OIT tan malo, insistió el sindicalista alemán.

Datos divulgados en 2007 por la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) expusieron que 854 millones de personas, 17 por ciento de la población mundial, sufren hambre y que esas cifras siguen en aumento. (FIN/2007)