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Monjes budistas, héroes prodemocráticos

Sep 21 2007

Por Marwaan Macan-Markar

BANGKOK, 21 sep (IPS) – Los monjes budistas de Birmania amenazan con convertir las protestas por el encarecimiento de los combustibles en una campaña moral y religiosa contra una dictadura militar brutalmente represora.

Este viernes fue el quinto día consecutivo con cientos de monjes, la mayoría jóvenes, marchando en las calles de Rangún, ataviados de túnica naranja, en un acto desafiante que ha sacudido a este país de mayoría budista.

Lo hicieron a través de las pesadas lluvias que inundaron la ciudad, traídas por el duro monzón. La marcha de este viernes concluyó en la famosa pagoda Shwedagon, igual que la del jueves.

Allí pronunciaron una breve plegaria y cientos de personas formaron una cadena humana, en un esfuerzo simbólico por protegerse de la dictadura.

«Los monjes que encabezaban la marcha llevaban tres banderas budistas, y los que la cerraban cargaban otras tres», informó The Irrawaddy, una revista publicada por periodistas birmanos en el exilio en Tailandia.

Esta semana, además, numerosos monjes se negaron a aceptar alimentos de militares y colaboradores de la dictadura en sus rondas de cada mañana, cuando recorren las calles con un plato vacío.

En el centro del país, apenas medio centenar de los 350 monjes invitados participaron en una ceremonia militar organizada por las fuerzas armadas.

Militares habían atacado el día 6 a unos 300 monjes que marchaban en la central ciudad de Pakokku para protestar contra el aumento de los combustibles. En un texto fechado el día 18, que parece el acta de una asamblea, el clero birmano pareció reaccionar a la represión.

«Los violentos, perversos, crueles, inmisericordiosos e impiadosos reyes –los grandes ladrones que viven de robar los tesoros nacionales– mataron a un monje en Pakokku, y también arrestaron a reverendos clérigos atándolos con sogas», asegura el documento.

«Los golpearon y torturaron, abusaron verbalmente de ellos y los amenazaron», indica la declaración, entregada luego a los medios de comunicación internacionales por la no gubernamental Comisión Asiática de Derechos Humanos, con sede en Bangkok.

«El clero boicotea a los violentos, perversos, crueles, inmisericordiosos e impiadosos reyes. Por lo tanto, el clero se niega a recibir donaciones de ellos y a orar con ellos», agrega el texto.

«Si los reverendos (monjes) consienten y están de acuerdo con el boicot y el rechazo a las donaciones, mantengan silencio. Si no consienten y no están de acuerdo, digan sus objeciones», concluye

El académico birmano Win Min, de la tailandesa Universidad de Chiang Mai, evaluó que «la junta se ha visto forzada a ponerse a la defensiva, pues los monjes presentan sus protestas como un boicot religioso».

«Los monjes desafian a la junta en asuntos en los que tienen autoridad moral. Y ahora se han convertido en los líderes del movimiento opositor», añadió Win Min.

El público birmano aplaude a los jóvenes monjes como los héroes del momento, explicó. «Arriesgan sus vidas en beneficio del pueblo. Se resisten a la junta para salvar a la gente del arresto y la tortura por protestar», dijo el experto.

Las manifestaciones contra el aumento en los precios de los combustibles, que se elevaron en 500 por ciento de un día para otro y sin aviso en agosto, no parecen tener fin, pese a los duros métodos de represión empleados por la junta.

Doscientos ex líderes estudiantiles y personas sin antecedentes políticos que salieron a las calles para protestar están arrestados y han sido sometidos a «tortura mental y física extrema», según activistas de derechos humanos.

El clero budista desempeñó en tiempos antiguos un papel central como asesor y guía de la política nacional en las cortes reales. Cuando Birmania pasó a ser colonia británica, los monjes estuvieron a la vanguardia del movimiento contra el imperialismo occidental.

Su activismo político prosiguió aun después de la independencia, cuando el país estuvo gobernado por sucesivas dictaduras tras el golpe de Estado de 1962.

Entre los últimos ejemplos de ello figura el papel desempeñado por los monjes en el levantamiento a favor de la democracia de 1988, brutalmente aplastado por los militares. Muchos de ellos fueron asesinados a tiros, y aún hay 90 encarcelados desde entonces.

El clero budista también fue víctima de otra brutal ofensiva en agosto de 1990, cuando protestaban por la negativa de la junta a reconocer los resultados de las elecciones parlamentarias realizadas unos meses antes.

La opositora Liga Nacional por la Democracia, liderada por la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, en prisión domiciliaria, aplastó al partido favorable al régimen en los primeros comicios realizados en casi 30 años.

Pero en esta ocasión, los monjes se ubican en la vanguardia de las protestas y por su propia iniciativa, atrayendo contra ellos la represión de la junta y sus sicarios.

«Convertir la protesta en una cuestión moral es un método y una estrategia, pues así la ubican por encima de cualquier asunto político», dijo a IPS el periodista Khin Myo Htewe, secretario de redacción de New Era, revista semanal birmana en Tailandia.

«Ése no era el caso en 1988, cuando los monjes se unieron al movimiento prodemocrático ya formado y liderado por estudiantes universitarios», recordó.

Todavía está por verse qué sucedería si la dictadura apela a su estrategia habitual de reprimir manifestaciones a balazos, esta vez frente a una comunidad religiosa que representa «la mayor autoridad moral» del país, dijo a IPS la opositora Khin Ohmar, desde un poblado cercano a la frontera tailandesa-birmana.

Pero «si la junta dispara contra los monjes, todo el pueblo se levantará», pronosticó.

Mientras, según Khin Ohmar, la junta pretende socavar la credibilidad del clero, con estrategias como infiltrar policías en los monasterios, disfrazados como monjes. «Quiere crear caos, poner a unos monjes contra otros para justificar la represión», dijo.

Más de 85 por ciento de los 47,3 millones de habitantes de Birmania son budistas y, la subsistencia de monjes, monasterios y templos depende de la ayuda y las donaciones de la población.

La ayuda incluye su alimentación. La gente les da comida cuando cada mañana ellos recorren las comunidades con sus platos vacíos.

En Birmania se practica el budismo theravada, al igual que en Camboya, Sri Lanka y Tailandia, entre otros países. La otra gran doctrina es la mahayana, predominante en Tibet y gran parte de Asia nororiental.

(FIN/2007)