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Frente a frente con asesino de Accomarca

Feb 21 2008

Por Ángel Páez

LIMA, 21 feb (IPS) – Para las peruanas Teófila Ochoa y Cirila Pulido ver cara a cara al mayor retirado Telmo Hurtado, en traje de presidiario y con grilletes en los tobillos, ha sido lo más parecido a un acto de justicia.

Veintidós años atrás, el militar dirigió la masacre de 69 civiles en el poblado de Accomarca, en la región andina meridional de Perú. Ochoa y Pulido, entonces niñas, lograron salvarse, pero no sus familias.

«Cuando lo vi arrastrando los pies, custodiado por policías, sentí un increíble alivio. Por fin Telmo Hurtado enfrentaba a la justicia», dijo Ochoa a IPS. Tenía 12 años de edad cuando los soldados liderados por Hurtado asesinaron a su madre y cinco hermanos.

«Quería golpearlo, gritarle asesino, pero me contuve. Allí estaba el hombre que ha causado tanto daño a tanta gente inocente. Por fin se hará justicia, aunque me da mucha tristeza que sea en un tribunal de Estados Unidos y no de Perú», señaló a IPS Pulido, cuya madre y un hermano de nueve meses fueron parte de las 69 víctimas de Accomarca.

El 11 de febrero, las dos mujeres declararon ante el juez Adalberto Jordan en un tribunal federal de la ciudad estadounidense de Miami, donde se desarrolla el proceso contra Hurtado por daños y perjuicios a los campesinos asesinados el 14 de agosto de 1985.

La patrulla comandada por Hurtado llegó a la aldea y baleó, voló con granadas y quemó a los campesinos, la mayoría mujeres y niños.

La matanza se perpetró pocas semanas después de que el actual mandatario Alan García fuera investido presidente por primera vez, el 28 de julio de 1985. Pero no lo llevó a cambiar la política antisubversiva aplicada por su antecesor, Fernando Belaúnde. En la guerra de 20 años contra grupos subversivos murieron 69.280 personas, según la independiente Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Hurtado fue detenido en marzo del año pasado por violar las leyes migratorias estadounidenses. Había huido a Miami en 2002 cuando, por mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Estado peruano derogó la ley de amnistía del ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000), que beneficiaba a los represores.

Enteradas de su arresto, las víctimas iniciaron gestiones para litigarlo, con la contribución del no gubernamental Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA por sus siglas en inglés). Si el juez accede a la demanda civil, se abre la posibilidad de que Hurtado sea procesado en el fuero penal.

Ochoa estaba prestando testimonio cuando el magistrado Jordan la interrumpió para anunciar que había llegado Hurtado. Entonces se dirigió al acusado para informarle que no estaba obligado a escuchar la declaración de los testigos. El mayor optó por retirarse.

«Se fue por cobarde», dijo Ochoa.»No expresó arrepentimiento ni vergüenza. Ni siquiera nos miró. Cuando noté que estaba encadenado, me llené de alegría. Me dije: ¡Por fin el asesino ha comenzado a pagar sus culpas!», agregó.

«No me dio ninguna pena verlo así, vestido de preso y con cadenas. Ya comenzaste a pagar lo que hiciste, me decía por dentro. Lo que sí me dio mucha tristeza fue recordar ese horrible día en que mataron y quemaron a mis familiares y a mis paisanos», afirmó Pulido.

La semana próxima, las dos mujeres viajarán a Accomarca para contar a su pueblo la buena nueva sobre el juicio contra Hurtado.

«Voy a decir a mis paisanos que la espera no ha sido en vano. Que el asesino Hurtado ya está preso y que no va a salir libre hasta que pague por todo el daño que nos ha hecho», dijo Ochoa, sin poder contener el llanto.»Pensé que este sufrimiento nunca terminaría».

«Yo quería decirle: tú mataste a mi mamá y a mis hermanitos Gerardo, Víctor, Ernestina, Celestino y Edwin, que sólo tenía un año», agregó Ochoa.

La abogada de las víctimas, Karim Ninaquispe, quien también viajó a Miami para asistir a la audiencia, dijo a IPS que en la primera semana de marzo el juez podría emitir un fallo, que espera resulte favorable.

«Las testigos conmovieron con su devastador relato sobre el desarrollo del brutal asesinato. Ellas escaparon del fuego de los fusiles y de las granadas. Vieron cómo actuaron los militares», explicó Ninaquispe.

El CJA expresó su confianza en que el tribunal se pronuncie a favor de abrir el proceso solicitado por las sobrevivientes de uno de los peores crímenes de la guerra contra el grupo insurgente maoísta Sendero Luminoso (1980-2000).

Durante el gobierno de Fujimori, Hurtado recibió una condena benigna en la justicia militar, y en lugar de ser expulsado del ejército fue ascendido y condecorado. Luego se benefició de la amnistía.

Ninaquispe señaló que Hurtado, en un intento por viciar la audiencia y restarle credibilidad, dijo al tribunal que no sabía para qué lo habían llamado.

El militar alegó que no tenía dinero para pagar su defensa y se acogió a la Quinta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que otorga a los procesados el derecho de no declarar contra sí mismos.

«Yo pensé que 22 años después de los hechos de sangre, Hurtado expresaría alguna forma de arrepentimiento o contrición. Creía que, sabiendo de la presencia de dos víctimas, pediría perdón a todo el pueblo de Accomarca por intermedio de Teófila y Cirila. No lo hizo», dijo Ninaquispe.

«Al contrario, se presentó aparentando soberbia, desafiante, arrogante. Era una forma de ocultar su miedo, el miedo a la posibilidad cada vez más cercana de recibir la condena que se merece», agregó.

Ante la eventualidad de un fallo desfavorable, Ninaquispe aspira a que las autoridades estadounidenses deporten a Hurtado a Perú, para que enfrente allí un juicio ante el Tercer Juzgado Supranacional de Derechos Humanos, a cargo del magistrado Armando Salvador Neyra.

En la audiencia de Miami también ofreció su testimonio el ex senador Javier Diez Canseco, quien formó parte de la comisión investigadora del caso Accomarca. Recordó que Hurtado manifestó que la orden que había recibido era «capturar y eliminar» y que eso era lo que había hecho.

«Hurtado también reconoció que ordenó que los detenidos, entre los que había niños, fueran encerrados en una vivienda donde fueron asesinados a balazos, y él arrojó una granada para que el lugar se incendiara», relató Diez Canseco.

Entre sollozos, Ochoa comentó que «no vamos a recuperar la vida de nuestros familiares, pero queremos darles la dignidad de la justicia».

«Ni el abandono, la marginación o la impunidad nos han derrotado durante 22 años. Haber visto preso a Hurtado nos ha llenado de esperanza. Pronto habrá mucho menos dolor en nuestro pueblo», concluyó Pulido. (FIN/2008)