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LOS PRESOS OLÍMPICOS

Feb 27 2008

Por Robert Ménard (*)

PARIS, Feb (IPS) Los Juegos Olímpicos tenían su himno, sus aros, sus héroes
y sus patrocinantes. Ahora, con Pekín 2008, tienen también sus presos. Al
mismo tiempo que construye hermosos estadios, el gobierno chino detiene a
quienes se atreven a denunciar las innumerables violaciones de los derechos
humanos cometidas en el país. La policía política prepara las olimpíadas a
su manera, acusando de «subversión» a quienes recuerdan públicamente que en
2001 las autoridades asumieron el compromiso de mejorar la situación de las
libertades fundamentales.

Y así, pocos días antes de la Nochevieja del 2007, una treintena de policías
fueron a detener al célebre militante de los derechos humanos Hu Jia, en
Pekín. Por temor a que avisará a sus amigos, de China y del extranjero, los
agentes le cortaron previamente la línea telefónica y la conexión a
Internet. Después amenazaron con represalias a su mujer, la joven blogger
Zeng Jinyan, incluida por la revisa norteamericana Time entre los «100
héroes del año 2007». Ahora está sola, y aislada del mundo, con su hija de
apenas dos meses.

Hu Jia es el «preso de los Juegos Olímpicos». En su sitio de Internet tenía,
en paralelo, la lista de los días que faltan para la ceremonia de apertura
del 8 de agosto, y los días pasados en arresto domiciliario. Hu Jia está en
contra del boicot a los Juegos Olímpicos. Le entusiasmaba la idea de la
llegada de miles de periodistas extranjeros, que podrían hablar de la
situación de la China de los desfavorecidos, los disidentes oprimidos.
También está en contra del boicot porque es un patriota. Y prueba de ello es
su participación en las manifestaciones de principios de los años 2000, en
contra del nacionalismo japonés, o su combate en defensa de la fauna y la
flora amenazadas en China.

Este joven que acaba de cumplir 34 años milita, desde hace diez, defendiendo
el medio ambiente, los derechos de los enfermos de sida y los presos
políticos. Primero de su promoción de ingenieros, al principio se enroló en
la asociación Amigos de la Naturaleza, y después junto a los enfermos de
sida. Fundó una de las primeras organizaciones que facilitan cuidados y
reconfortan a las víctimas de esa plaga, tan numerosas en China y, sin
embargo, abandonadas por las autoridades.

Nominados recientemente para el Premio Sajarov del Parlamento Europeo, Hu
Jia y Zeng Jinyan encarnan la valiente y porfiada defensa de la libertad de
expresión en China. Conocidos de los diplomáticos y la prensa extranjera, se
pensaba que eran intocables.

Hu Jia no es el único preso de los Juegos Olímpicos. Wang Dejia, un escritor
que se expresa por Internet, fue detenido el 13 de diciembre de 2007, en la
provincia de Guangxi (Sur). Está acusado de «subvertir el poder el Estado»,
por publicar en su blog un artículo titulado «Los Juegos Olímpicos esposados
solo traerán desgracia a la población».

Ante tal represión cabría esperar que las espadas estuvieran en alto.
Deberían movilizarse todos cuantos esperan los juegos de Pekín 2008, dado
que ahora ya es imposible pensar que la gran fiesta del deporte no va a
estar mancillada por la detención, entre otros, de Hu Jia y Wang Dejia. Pero
el Comité Olímpico Internacional permanece mudo, negándose a escuchar
cualquier demanda de ayuda. Tampoco dicen nada los sponsors olímpicos. Y,
solo en contadas ocasiones, los diplomáticos, muy atentos a no enfadar a
Pekín, asumen la defensa de los presos políticos chinos.

Nosotros, como tantos otros, hemos creído durante mucho tiempo que Pekín
optaría por el método dulce, dejando a los militantes de los derechos
humanos la posibilidad, incluso reducida, de expresarse antes y durante los
Juegos Olímpicos. Pero la policía política ha recibido órdenes: detener a
los disidentes, fichar a los periodistas extranjeros y meter en una lista
negra a los extranjeros defensores de los derechos humanos Los tibetanos,
los defensores de la libertad religiosa y todos cuantos se sienten
traicionados, se preparan ya para manifestarse durante los Juegos Olímpicos.
Con el riesgo de estropear la fiesta. ¿De quien es la culpa? Del gobierno
chino. Y solamente suya. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Robert Ménard, Secretario General de Reporteros Sin Fronteras
Internacional.
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