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Cuba: La diversidad posible

May 26 2008

Por Leonardo Padura (*)

La Habana, May (IPS) Algunos parecen haberlo olvidado, pero mucha gente lo recuerda con dolor, porque hay heridas que nunca cierran: hace apenas treinta años ser homosexual, en Cuba, podía ser motivo suficiente para merecer el castigo de la interrupción de los estudios universitarios o para ser expulsado de un centro de trabajo en el cual las personas se relacionaran con «el público». Unos años antes, decenas de homosexuales habían sido recluidos en campos de trabajo «reeducativo». Demasiadas y siempre sórdidas son las historias (y las heridas) que aquella política discriminatoria, sustentada en una vieja tradición machista y en las exigencias de la nueva ortodoxia socialista, dejó en la sociedad y la vida cubanas.

Pero resulta que ahora, en varias ciudades de la isla, acaba de celebrarse una jornada nacional por el Día Internacional contra la Homofobia, una especie de encuentro del orgullo gay, que incluyó conferencias, shows de transformistas (travestis), presentaciones de libros, películas, obras de teatro y… el creciente comentario de venideros cambios legales y constitucionales que abrirán los todavía estrechos senderos hacia las operaciones de cambio de sexo y permitirían a las parejas homosexuales tener matrimonios civiles y hasta la posibilidad de adoptar niños, algo muy poco común en Cuba, incluso para las parejas heterosexuales.

Cuando se habla de los cambios que están ocurriendo o deberían ocurrir, y se especula sobre los que ocurrirán en la isla socialista del Caribe, por lo general se piensa en virajes económicos y políticos, que algunos analistas llegan a ver como una apertura hacia la economía de mercado y hasta como una modificación total del sistema. Sin embargo, junto y a veces al margen de las transformaciones que se han producido en los últimos meses y de las que se especulan podrían venir, en Cuba se está generando una profunda mutación en la mentalidad colectiva, a veces menos visible pero sin duda también trascendente para el presente y el futuro de la nación.

En un país donde la uniformidad de pensamiento ha sido forjada y promovida por todas las estructuras e instituciones del abarcador estado socialista, la existencia de espacios para sostener que «la diversidad es la norma» (según el slogan bajo el que se celebró al acto nacional por el Día Internacional contra la Homofobia) resulta una notable variación social y política, además de una constatación de los nuevos derroteros que recorre la sociedad cubana.

La compleja diversidad sexual, en un país tradicionalmente machista y en el cual la homosexualidad fue, además, un estigma político durante muchos años, puede leerse entonces como el reconocimiento de la posibilidad de aceptar otras diversidades, también necesarias y reclamadas por una parte del entramado social.

Quizás ­y con cierta razón, se pueda pensar que el hecho de admitir la diversidad sexual es y siempre debió haber sido una opción individual y que, por tanto, en nada afecta la esencia de una sociedad en la que, por demás, ya existe esa diversidad y hasta ha sido asumida desprejuiciadamente por muchos de sus integrantes (pues debe recordarse también que el caso de Cuba nada tiene que ver con los violentos casos de Brasil o México, donde la homofobia
produce decenas de asesinatos de homosexuales). Pero habría que recordar, entonces, lo ocurrido en el pasado con el fenómeno de la homosexualidad y lo que para las pautas ideológicas del sistema cubano significa la aceptación de esa convivencia antes estimada transgresora.

Hay otros espacios donde, aun sin slogans y celebraciones, se hace patente la diversidad social cubana de hoy. Quizás el más visible sea el mundo de la cultura, donde desde la década pasada (los años por los que se estrenó la película Fresa y chocolate, precisamente una historia sobre la intransigencia sexual y política) conviven las más disímiles miradas e interpretaciones sobre la realidad cubana, sufriendo a veces la censura, esquivándola en otros muchos casos, pero existiendo y extendiéndose como miradas alternativas sobre los fenómenos sociales.

Cuando hace casi un año la sociedad cubana fue convocada a pensar y expresar sin temores sus preocupaciones, ideas y sugerencias sobre los más variados aspectos de la vida nacional, se desató un impulso telúrico que recorrió el país y demostró cuánta diversidad de pensamiento y expectativas existía en la nación aparentemente homogénea y uniforme. Al parecer, el aplazamiento por razones económicas o por decisiones políticas de otras alternativas económicas, sociales e individuales, no significaron su desaparición de las expectativas de muchos cubanos y apenas se hizo necesario convocarlas para que éstas surgieran, en toda su diversidad.

Por su propia historia y formación, Cuba siempre ha sido un país heterogéneo y diverso. Quizás fueron esas condiciones las que, a pesar de la uniformidad, nos salvaron de muchos de los más dolorosos extremos de la ortodoxia que patentizó el socialismo real en Europa y Asia. Otros, como la homofobia institucionalizada, o la pretensión de crear un realismo socialista tropical, sí nos tocaron. Pero ahora, convocada la diversidad, y aceptada como norma, quizás el sistema social cubano esté avanzando hacia una complejidad social y hasta económica más abierta, hacia un abanico de opciones individuales mucho más libre y satisfactorio. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Leonardo Padura Fuentes, escritor y periodista cubano. Sus novelas han sido traducidas a una decena de idiomas y su más reciente obra, La neblina del ayer, ha ganado el Premio Hammett a la mejor novela policial en español del 2005.