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Educar para la ciudadanía

May 27 2008

Frei Betto

Ciudadanía rima con democracia. Si no se sabe el nombre del político al que se votó en las últimas elecciones, y mucho menos lo que estuvo haciendo (o deshaciendo), ¿cómo participar en las decisiones nacionales? De ese modo nuestra democracia permanece meramente representativa. Se le da un buen empleo a un político. Sin darse cuenta de que son reflejos directos de la política el precio del pan, la mensualidad de la escuela, la calidad de vida.

Ser ciudadano es entrar en una red de relaciones. Es sencillo: al pedir la factura se evita la corrupción y aumenta la recaudación pública que, básicamente, permite al gobierno invertir en carreteras, hospitales, escuela, seguridad, etc. Cuando se niega la propina al guardia, se moraliza el aparato policial.

Ciudadanía supone conciencia de responsabilidad cívica. Nada más anticiudadanía que esa lógica de que no vale la pena llover sobre mojado. Sí vale. Trate de recurrir a la defensa del consumidor, escribir a los periódicos y a las autoridades. Los políticos corruptos quieren que les pasemos un cheque en blanco para continuar tratando la cosa pública como negocio privado. Y hacemos eso al fruncir el ceño ante la política, poniendo cara de enojo.

Ciudadanía rima con solidaridad. Cada uno en su casa y Dios con nadie: es lo que propone la filosofía neoliberal. Sin conciencia de que todos somos resultado de la lotería biológica. Ninguno de nosotros escogió la familia y la clase social en que nació. Es injusto que, de cada 10 brasileños, 6 hayan nacido en la miseria y en la pobreza (y nacen cada año en brasil cerca de 3 millones de personas). Haber sido sorteado implica una deuda social.

La solidaridad se practica participando en los movimientos sociales, sindicatos, partidos, ONGs y administraciones públicas orientadas hacia los intereses de la mayoría.

Si prefiere “dejar todo como está para ver cómo queda”, no se asuste cuando le pongan un revólver en la cabeza o le exijan que trabaje más por menos salario. Finalmente usted se lo merece, como todos los que no se dan cuenta de que ciudadanía y democracia son siempre una conquista colectiva que depende de la valiente actuación de cada uno de nosotros.

Este año tendremos elecciones municipales. Comience a pensar en serio. Mírese en el Movimiento Nuestra São Paulo. Repítalo en su municipio.

Muchos se quejan de que el mundo va mal, que el gobierno es incompetente, que los políticos son oportunistas. Pero ¿qué hago yo para mejorar las cosas?

Había en São Paulo un travesti, Brenda Lee, al que llamo Cleopatra en mi novela Alucinado son de tuba. Antes de morir asesinado se ocupó de cuidar a sus compañeros infectados de sida. No esperó a que el poder público lo hiciera. Transformó la pensión donde vivía en hospital de campaña. Fue la primera persona física en obtener, en la Justicia, dinero público para una iniciativa individual.

El dilema es educar para la ciudadanía o dejarse “educar” por el neoliberalismo, que rima con egoísmo. (Traducción de J.L.Burguet)

– Frei Betto es escritor, autor de “Esa escuela llamada vida”, junto con Paulo Freire y Ricardo Kotscho, entre otros libros.