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Gitanos sin lugar en su propio hogar

May 21 2008

Por Claudia Ciobanu

BUCAREST, may (IPS) – La mayoría de los ciudadanos europeos, a la hora de convivir con los 10 millones de gitanos que habitan el continente, parecen no tener mejor respuesta que los prejuicios, la discriminación y las «cacerías» que fueron práctica habitual en la Edad Media.

Según una encuesta realizada este año por la Agencia Rumana para Estrategias Gubernamentales, más de 60 por ciento de los italianos consultados creen que la tasa de delitos en su país se incrementó por culpa de los rumanos. Además, califican a los gitanos como «los más difíciles de tolerar». Los ejemplos de esta tensa, y frecuentemente violenta, relación abundan. Un barrio marginal de Nápoles fue incendiado el 14 de este mes por airados napolitanos a causa de informaciones sobre el presunto intento de una joven gitana de raptar a un bebé.

Ese supuesto delito fue el último de una serie de hechos, ampliamente difundidos, cometidos por gitanos que viven en Italia, la mayoría emigrados de Rumania. En el caso más notorio, Nicolae Mailat violó y asesinó a la maestra italiana Giovanna Reggiani, el 30 de octubre de 2007, en las afueras de Roma.

La organización de derechos humanos italiana Opera Nomadi calculó que alrededor de 60.000 de los 160.000 gitanos que residen en ese país son de origen rumano. La mayoría de ellos habitan barrios marginados en las afueras de las ciudades o cerca de los ríos.

Se cree que los gitanos son una comunidad que emigró a Europa desde India en el siglo XIV.

Cerca de un millón de ellos trabajan actualmente en Italia. Aunque es común que sean culpados por la mayor parte de los delitos que cometen los extranjeros en ese país, no existen datos ciertos para demostrar que la tasa de criminalidad entre los gitanos sea mayor que en otras comunidades.

El sentimiento antigitano y antirumano ha estado en ascenso en Italia desde el último otoño boreal y alcanzó su punto de ebullición con el intento de secuestro en Nápoles. Varios barrios marginales de gitanos han sido incendiados en los pasados 15 días. Las autoridades realizan en ellos operativos policiales en búsqueda de «inmigrantes ilegales» y dictan órdenes de expulsión.

Aunque el rechazo de los gitanos por parte de los italianos ha ocupado el centro de la atención en estos días, las «repatriaciones voluntarias» de miembros de esa comunidad desde Francia hacia Rumania se han estado produciendo desde hace meses sin mucha discusión pública.

El gobierno francés paga el costo del pasaje aéreo y otorga 470 dólares a cada persona que acepta volver a este país de Europa oriental. A principios de abril, los trenes que partían desde Bucarest hacia distintos puntos de este territorio estaban colmados de gitanos que retornaban de Francia.

Una mujer dijo a IPS que planeaba gastar el dinero recibido en las celebraciones de Pascua y que su familia planeaba retornar a Europa occidental. A bordo de los trenes, los gitanos dormían en los pasillos, mientras que los ocupantes de los compartimientos cerrados, típicos de los trenes europeos, vigilaban las puertas celosamente.

A esta corresponsal se le negó el acceso a uno de ellos hasta que sus ocupantes se convencieron de que no era gitana.

Los rumanos que no son gitanos se esfuerzan por marcar sus diferencias con ellos. Dicen que realizan trabajos honestos en los países de Europa occidental y que no deberían ser «demonizados» a causa de los actos delictivos de los gitanos.

Pero los alegatos respecto de que los miembros de esa comunidad cometen más delitos carecen de fundamento.

Un estudio de este año, encargado por la Agencia Nacional para los Gitanos, con sede en Bucarest, citó el testimonio del jefe de policía, Stefan Campean, quien señaló que, a pesar de la percepción del público, la cantidad de delitos entre los gitanos no es mayor en Rumania respecto de las correspondientes a otras comunidades.

Además, destacó que la mayoría de los que sí cometen delitos son de poca importancia: en muchos casos, robo de comida.

Mientras las naciones de Europa occidental están empujando a los gitanos hacia el este, de retorno a sus lugares de origen, en países como Bulgaria y Rumania, donde han vivido por siete siglos, son usualmente discriminados en las áreas residenciales, las escuelas y los puestos de trabajo.

Alrededor de 2,5 millones de gitanos viven en Rumania y casi un millón en la vecina Bulgaria. El total para Europa central y oriental es de alrededor de seis millones.

En Zapaden Park, un barrio en la zona occidental de Sofía, la capital búlgara, las áreas habitadas por los gitanos comienzan donde termina la ciudad, al igual que las calles pavimentadas. Para visitar esos vecindarios, hay que caminar por senderos embarrados y terrenos sembrados de basura.

Los camiones recolectores de residuos transitan la misma ruta, pero aparentemente sólo circulan a través de ella, porque en ningún punto se detienen a recoger los desperdicios.

Tampoco hay contenedores o sitios donde dejar la basura, por lo que los habitantes de la zona no tienen más opción que dejarla en la calle. Este es el cuadro clásico de las áreas habitadas por gitanos en Bulgaria y Rumania, geográficamente segregadas de los barrios en los que vive el resto de la población y frecuentemente carentes de los servicios e instalaciones básicas.

En Rumania, según la investigación de este año, 60 por ciento de los gitanos entrevistados declararon que algún miembro de su familia se fue a dormir con hambre en los 30 días anteriores a la consulta. Más de 50 por ciento de los niños no tienen ropa de abrigo en el invierno y la mitad vive en un hogar carente de recursos para comprar zapatos para todos los miembros de la familia.

La misma investigación indica que sólo 17 por ciento de los hogares gitanos tienen suministro de gas y apenas 14 por ciento agua corriente. Alrededor de 40 por ciento de los gitanos entrevistados carecen de títulos de propiedad sobre las tierras en las que construyeron sus refugios.

Según el Instituto para la Investigación de la Calidad de Vida, con sede en Bucarest, 47 por ciento de los gitanos en condición de trabajar tenían un empleo en 2007, una mejora significativa respecto de años anteriores.

Sin embargo, en general, se trata de trabajos informales, temporales (apenas de sólo un día), no calificados, que requieren gran esfuerzo físico y están estigmatizados como «ocupaciones inferiores».

Apenas nueve por ciento de los gitanos entrevistados para el estudio habían terminado la escuela secundaria, mientras que sólo dos por ciento tenían un título universitario.

En algunas regiones, hasta 10 por ciento de los gitanos carecen de documentos de identidad válidos, dijo a IPS Andreea Socaciu, de la Asociación para las Sociedades Comunitarias, lo cual constituye un problema para acceder a la educación, los trabajos y la asistencia social.

Socaciu, quien trabaja en un programa destinado a ayudar a los gitanos a obtener documentación legal, señaló que «en algunas zonas retrocedimos a la Edad Media.

Familias enteras viven en un espacio de 20 metros cuadrados, en una sola habitación, sin servicios. Los niños se ven forzados a abandonar la escuela, por lo que está en riesgo la calificación de la futura fuerza laboral».

Una estrategia nacional para documentar a los gitanos y facilitar su acceso a información sobre salud, educación y empleo, fue puesta en práctica en 2005, agregó, señalando que el trabajo de su organización fue sólo «el punto de arranque». Otras medidas adoptadas por las autoridades rumanas contemplan reservar cupos para los gitanos en las escuelas secundarias y universidades.

Los progresos, sin embargo, son lentos. Los autores del informe de 2008 sobre el estado de la comunidad destacan que trabajar en el exterior continúa siendo «la principal estrategia de emancipación» para los gitanos y 74 por ciento de los entrevistados declararon que piensan emigrar en busca de empleo. La mitad de ellos señalaron que su intención es hacerlo antes de fin de año.

«Quienes vienen a Italia en busca de trabajo no lo hacen porque es un país maravilloso, sino a causa de la pobreza en su país de origen», destacó Najo Adzovic, líder informal de un asentamiento gitano en las afueras de Roma.

«Deben crearse las condiciones para que retornen a sus lugares de origen con dignidad. Necesitan, sobre todo, un lugar donde trabajar. Quizás los empresarios italianos, que ganan mucho dinero en Rumania», concluyó, «les puedan ofrecer un empleo en Roma». (FIN/2008)