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La tercera gran transición: de la era petrolera a la biocivilización

Ago 6 2008

Por Ignacy Sachs (*)

PARIS, Ago (IPS) La prolongada evolución conjunta del género humano y de la biosfera fue marcada en el pasado por dos grandes transiciones. La primera, al pasar de la recolección y la caza a la agricultura y la cría de animales, ocurrió muchos miles de años atrás; la segunda, la era de los abundantes y baratos combustibles de origen fósil (carbón, petróleo y gas) comenzó hace pocos siglos.

Ahora estamos en el umbral de la tercera gran transición, que dejará atrás la era del petróleo y, esperémoslo, de toda la energía de origen fósil. La transición llevará décadas, pero según muchos indicios ha ya empezado, empujada por la suba espectacular de los precios del petróleo y por la recuperación de los precios de los alimentos.

Cuando analicen los hechos de nuestro tiempo, los futuros historiadores verán entonces a la era de la «energía fósil» como un breve aunque accidentado interludio que provocó un gran incremento de la población mundial. Somos ahora 6.700 millones y se estima que seremos 9.000 millones a mediados de este siglo, con la mayoría de la humanidad viviendo en áreas urbanas.

Sin embargo, se han presentado dos grandes e inminentes desafíos: el de un potencialmente catastrófico cambio climático y el dilema de una abismal desigualdad social, de la mano con un crónico y severo déficit de oportunidades para la obtención de trabajo decoroso.

Para evitar el calentamiento de la atmósfera, debido a las excesivas emisiones de gases invernadero, debemos modificar drásticamente nuestras pautas de uso de la energía. Para lograrlo se requieren tres cosas: la reducción del consumo de energía mediante un cambio en los patrones de consumo y de estilos de vida; el mejoramiento de la eficiencia energética; la sustitución de los combustibles fósiles por las diferentes energías renovables (solar, eólica, hidráulica, marina y combustibles de biomasa).

Al mismo tiempo, debemos reabrir la discusión sobre un nuevo ciclo de desarrollo rural para evitar el callejón sin salida de la excesiva y prematura urbanización, como señala Mike Davis en su libro «Planeta de barrios marginales». Es fundamental crear oportunidades de trabajo decente para miles de millones de pobres de las áreas rurales.

Estos objetivos pueden ser reconciliados mediante la promoción de modernas biocivilizaciones que descansen en la energía solar aprovechada a través de la fotosíntesis y que exploren los múltiples usos de la biomasa (alimento para seres humanos, forraje para animales, fertilizantes orgánicos, bioenergías, materiales de construcción, fibras, plásticos y otros productos de química orgánica elaborados por biorefinerías, farmacéuticos y cosméticos). Los biocombustibles son sólo un segmento de un todo más amplio.

Todas las grandes civilizaciones de la antigüedad fueron «civilisations du végétal» (Pierre Gourou). Las civilizaciones que vendrán diferirán de las antiguas puesto que la humanidad se encuentra en un nuevo y superior punto del espiral del conocimiento. De este modo, las modernas biocivilizaciones no deberían ser vistas en modo alguno como una regresión, sino como un salto al futuro.

Para involucrar a los pequeños propietarios rurales en la producción sostenible y en el procesamiento de biomasa, deberemos recurrir a tecnologías que impliquen conocimientos y trabajo intensivos y, al mismo tiempo, ahorro de recursos. Las soluciones vendrán de sistemas integrados de producción de alimentos-energía agroecológicos adaptados a los diferentes biomedios y llevados a cabo con los principios de la «revolución siempreverde», según las palabras de M. S. Swarninathan, también conocidos como los de la revolución doblemente verde.

Se trata de un difícil desafío, ya que se aspira a transformar las amenazantes crisis de los alimentos y la energía en una oportunidad para avanzar hacia más justas y más sostenibles civilizaciones. Vistos con una amplia perspectiva, el encarecimiento del petróleo y la recuperación de los precios de los alimentos se demostrarán a la larga positivos si nos ayudan a liberarnos de la adicción al petróleo y a mejorar la vida de los pequeños agricultores en lugar de beneficiar a las corporaciones transnacionales de la alimención. Por supuesto que en lo inmediato son necesarias medidas urgentes para asistir a los pobres urbanos afectados por el actual encarecimiento de los alimentos.

Las apuestas son altas pero el resultado está lejos de ser garantizado. Los capitalistas de riesgo son rápidos para aprovechar las ocasiones para hacer dinero con las nuevas tecnologías para la producción de energía que están surgiendo gracias al petróleo caro y para explotarlas sin transformación seria del tejido social y económico.

Sin embargo, el comienzo de la tercera gran transición coincide con el agotamiento de los más importantes paradigmas del desarrollo, que dominaron la escena desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El comunismo se derrumbó con la caída del Muro de Berlín. El reformado capitalismo de la posguerra dio paso al neoliberalismo. Pero, para algunos observadores, la reciente crisis financiera anuncia el inicio del fin del neoliberalismo. A su vez la socialdemocracia está atrapada en el oximorón de «sí a la economía de mercado, no la sociedad de mercado». Es por eso que, condenada a inventar nuevos paradigmas, la próxima generación se dirigirá a inexplorados y excitantes territorios.

Una cosa es cierta: la emergencia de biocivilizaciones, cuando ocurra, cambiará la geopolítica mundial pues favorecerá a los países tropicales, calificados por Pierre Gourou como «Tierras de la buena esperanza». Tanto más si esos países consiguen ampliar la ventaja que les da su clima natural mediante la investigación, una apropiada organización de su producción y un efectivo desarrollo de la cooperación Sur-Sur. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Ignacy Sachs, profesor honorario en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y en la Universidad de San Pablo. Su último libro es La troisième rive­ la recherche de l’écodéveloppement (Paris, 2008).