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LA CRISIS FINANCIERA Y SU PECADO ORIGINAL

Oct 31 2008

Por Luiz Carlos Bresser-Pereira (*)

SAN PABLO, Oct (IPS) La crisis financiera que estremece el mundo es grave, pero no es comparable a la de1929. Es una profunda crisis de confianza causada por una cadena de préstamos de origen inmobiliario basados en préstamos insolventes que está llevando a bancos y otras empresas financieras a una situacióon de quiebra.

Entretanto, vista la pronta reacción de los gobiernos de los países afectados, no hay motivos para el pesimismo. Estoy seguro de que
pronto los mercados volverán a la razón, las bolsas recuperarán parte de sus pérdidas, las tasas de cambio recuperarán la estabilidad y la recesión -inevitable- no será equiparable a la de 1929.

Hay una serie de hechos que hoy están claros. Primero, una crisis bancaria que tiene lugar en el centro del capitalismo es diferente a
la crisis en la balanza de pagos común a los países en desarrollo que intentaban, hasta los años 90, un crecimiento con ahorro externo, o sea con déficit en la cuenta corriente y deuda externa. Los grandes déficit en cuenta corriente que marcaron la economía estadounidense en esta década, combinados con grandes déficit públicos no son, sin embargo, ajenos a la crisis bancaria. La falta de confianza no sólo apunta a los bancos y al mercado, también a la economía estadounidense en su conjunto, gravemente debilitada por esas políticas irresponsables.

Segundo, la causa directa de la crisis ha sido la concesión de préstamos hipotecarios imprudentes a acreedores que no tenían
capacidad de pago o no la tendrían ante un aumento de los intereses, como efectivamente sucedió. Esto no hubiera sido tan grave si los agentes financieros no hubieran recurrido a innovaciones imprudentes para «securitizar» .los títulos «intoxicados», transformándolos en títulos AAA, no por obra y gracia del Espíritu Santo sino de agencias de riesgo interesadas en agradar a sus clientes.

Tercero, esto pudo suceder porque los sistemas financieros nacionales han sido sistemáticamente desregulados desde que, a mediados de los años 70, se propagó la ideología neoliberal o fundamentalista de mercado que afirma que los mercados son siempre eficientes o al menos más eficientes que cualquier intervención correctiva del Estado y pueden autorregularse perfectamente.

Cuarto, esta ideología ultraliberal ha sido legitimada en Estados Unidos por la teoría económica neoclásica, escuela de pensamiento
dominante entre 1870 y 1930, que después decayó y fue sustituida por la teoría macroeconómica keynesiana que prevaleció hasta mediados de los años 70, y volvió a una posición dominante en los últimos decenios por razones esencialmente ideológicas.

Quinto, esa teoría económica fue utilizada mayormente, no por los responsables de las políticas económicas gubernamentales, sino
sobretodo por los analistas de macroeconomía en las empresas y en publicaciones especializadas, porque el presupuesto neoclásico de los mercados eficientes dispensa cualquier política económica que no sea la de ajuste fiscal. Todo lo restante debe ser liberalizado y
desregulado. Como los gobiernos necesitan orientar sus políticas monetarias siguieron empleando el instrumental keynesiano de manera pragmática. Los experimentos macroeconómicos neoclásicos fueron reservados para los países en desarrollo. Entretanto, como los países ricos liderados por Washington no escaparon a la prescripción desreguladora, hicieron como el escorpión que se muerde la propia cola.

Hoy, cuando vemos la resurgencia del Estado como única tabla de salvación, resulta evidente lo absurdo de la oposición entre mercado y Estado postulada por neoliberales y neoclásicos. Estos pueden oponerse a la coordinación del mercado por el Estado, pero no tiene sentido que se coloquen en contra del Estado, para disminuirlo o debilitarlo. El Estado es mucho más grande que el mercado; es el sistema constitucional-legal y la organización que lo sostiene. Cabe al Estado regular y garantizar al mercado y, como ahora se vé, actuar como prestamista de última instancia.

Todo esto está claro, pero ¿por qué los mercados se están resistiendo a recuperar la confianza pese a las fuertes medidas que en todo el
mundo se están adoptando? No tengo una respuesta clara pero creo que dos factores contribuyen a ahondar la desconfianza. Por un lado, el debilitamiento de la hegemonía estadounidense en los años 2000, no sólo por los déficit gemelos sino también por la guerra de Iraq, las violaciones de los derechos humanos, la instrumentaciónn de la democracia como forma de dominación. Por otra parte, un error específico cometido por el Tesoro norteamericano: no haber salvado al banco Lehman Brothers. Los grandes bancos no deben quebrar, el riesgo de crisis sistémica es muy grave. Inmediatamente después de esa omisión el cuadro financiero mundial sufrió un brusco deterioro.

Estoy seguro de que la confianza no tardará en regresar, aunque dejará cicatrices a Estados Unidos y perjuicios a todos, probablemente con una recesión de unos dos años. Pero será muy diferente a la recesión de los años 1930 porque en aquella época Washington demoró cuatro años su reacción. Hoy en día, mediante instrumentos kenesyanos y pragmáticos no sólo Washington sino todos los gobiernos involucrados están actuando con presteza y firmeza. No veo razones para que no tengan buen éxito y se recupere la confianza. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Luiz Carlos Bresser-Pereira, economista, profesor emérito en la
Fundación Getulio Vargas y ex ministro de Finanzas de Brasil.