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LO QUE EL MUNDO ESPERA DE BARACK OBAMA

Nov 13 2008

Por Leonardo Boff (*)

RIO DE JANEIRO, Nov (IPS) La victoria presidencial del afroamericano Barack Hussein Obama me recuerda la frase que un dirigente comunitario de una pobre región de Brasil le dijo al Presidente Lula durante su campaña, que apoyaba: «En esta comunidad estamos haciendo todo lo posible y un poco de lo imposible».

Esto es lo que ocurrió en Estados Unidos: algo prácticamente imposible irrumpió en la historia. Un ciudadano negro, de familia pobre, nacido al margen del sistema imperial, en Hawaii y que vivió largo tiempo fuera de Estados Unidos, conseguió superar la barrera racial, llegar a ser candidato presidencial del país más poderoso de la tierra y ganar
por amplia mayoría. Podemos sacar esta conclusión: recién ahora, 145 años después, se pone fin a la Guerra Civil norteamericana.

No es que haya terminado la discriminación a nivel social, pero ha terminado la discriminación a nivel polïtico.

Esta victoria electoral encierra muchos significados, pero ante todo el fin de la era de dos fundamentalismos: el del mercado, iniciado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan que es causa de la actual crisis económico-financiera, y el político-religioso que alimentó la concepción imperial y belicosa de la política externa de Washington.

Reagan y Bush creían en la inminencia del Armagedón (según la Biblia, el combate final entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás) y en el destino manifiesto, es decir la misión conferida por Dios a Estados Unidos de llevar a todo el mundo los valores de la sociedad norteamericana: libertad, democracia y derechos, en el marco de su visión capitalista e individualista.

Esta idea de misión explica una arrogancia bien expresada por el candidato McCain: «Estados Unidos es el faro y el líder del mundo. Podemos actuar según nuestro parecer, ya que somos el único poder de la tierra. Los enemigos de ayer y de hoy han de temer nuestro poder».

En su afán de combatir el terrorismo musulmán Bush fomentó el terrorismo de Estado que se ha convertido en el mayor peligro para la humanidad. No es extraño que haya instilado una difundida desmoralización en el propio país y un antiamericanismo generalizado en el mundo.

Esa no parece ser la actitud de Obama, que a la estrategia de la guerra preventiva y del intervencionismo opone un diálogo abierto a todos, incluidos los talibanes. Él está convencido de que Estados Unidos no merece ganar la guerra contra Iraq porque está originada en una mentira y por ello es injustificable.

Los latinoamericanos esperan que cese la voluntad de Estados Unidos de destabilizar a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Paraguay, países que están buscando caminos propios de descolonización

Obama supo captar algo que estaba latente en la sociedad y en los jóvenes en particular: el cambio. Con la bandera del cambio suscitó esperanza y autoestima, y llamó la atención hacia el futuro y las nuevas oportunidades que surgirán. El cambio llegó a Estados Unidos y también llegará al mundo.

Vivimos tiempos drámaticos, enfrentados a tres crisis: la ecológica, la climática y la económica. La ecológica es consecuencia de que el consumo humano ha sobrepasado la capacidad de recuperación de la Tierra. Para saciar la demanda actual haría falta un tercio más de la tierra disponible. Y si la humanidad creciese a un promedio de 3,5%
anual hasta el 2050, el producto mundial que hoy es de más de 50.000.000 millones de dólares llegaría a 60.000.000 millones de dólares, lo que es imposible. ¿Cómo, entonces, asegurar un desarrollo sustentable? En cuanto a la crisis climática François Houtart sostiene que si no sustituimos el actual modelo económico en quince años desaparecerán de 20 a 30% de las especies vivientes.

Es responsabilidad de Obama, como Presidente del mayor contaminador mundial, contribuir a identificar alternativas a nivel nacional e internacional para la sustentabilidad del planeta y de la humanidad.

La crisis económica-financiera es fruto del neoliberalismo, del libre mercado y de la especulación desenfrenada. Miles y miles de millones de dólares han sido quemados, avanza la recesión mundial y aumenta la desocupación. Existe la convicción de que no bastará con imponer reglas y controles al mercado, será necesario introducir alternativas
urgentemente, ya que la crisis económica-financiera está asociada a la ecológica-climática. En efecto, según Greenpeace, el capital natural afronta pérdidas anuales de 2 a 4.000.000 millones de dólares provocadas por la degradación de los ecosistemas, la deforestación, la desertificación y la escasez de agua.

El arsenal conceptual y práctico disponible no ofrece condiciones para forjar una salida libertadora. Hace falta un gran cambio -que es lo que Obama proclama- un nuevo horizonte utópico y coraje para inventar nuevos caminos. El prerrequisito es una figura carismática que inspire confianza para encarar estos cataclismos y concebir una nueva
arquitectura económica y un tipo de globalización multipolar que respete las diferencias y pueda incluir a todos en un mismo destino junto a nuestra Casa Común, la Tierra.

Barack Obama tiene las características de esa figura carismática. Si sabe responder a la esperanza profunda que ha suscitado creará su camino entre las ruinas del viejo orden. Si así es, podremos soñar un mundo en el que haya más colaboración entre los pueblos y más posibilidades de paz. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Leonardo Boff, escritor brasileño, teólogo de la liberación, omisionado de la Carta de la Tierra y uno de sus redactores.