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PROTECCIONISMO COMERCIAL, UN TIRO POR LA CULATA

Nov 18 2008

Por Pascal Lamy (*)

GINEBRA, Nov (IPS) La historia nos enseña que en un período de desestabilización financiera como el presente el recurso al proteccionismo, que hoy algunos invocan, sólo puede agravar la situación como sucedió después del desastre en la bolsa de Wall Street
en 1929. Y también nos enseña que la expansión del comercio es un potente instrumento para superar las crisis económicas.

Poco después de la crisi bursátil de 1929, en junio de 1930, el senador Reed Smoot y el diputado W. C. Hawley impulsaron la aprobación una de las más destructivas leyes de la historia de Estados Unidos. La idea de esta mal concebida ley arancelaria era la protección de los agricultores y las industrias estadounidenses. Aranceles de más del 60% fueron aplicados a 3.200 productos importados, aumentándose en general las tarifas en alrededor del 20%.

Para 1933 las importaciones habían caído de 4.400 millones de dólares a 1.300 millones de dólares, mientras las exportaciones bajaron un 69% durante el mismo período y sumaron sólo 1.600 millones de dólares.

Pero se produjo una infausta consecuencia: la ley Smoot-Hawley causó un efecto dominó de represalia y contrarrepresalias entre los socios comerciales, lo que a su vez motivó una severa contracción del comercio internacional, deprimió el crecimiento económico y aumentó el desempleo en todo el mundo industrializado. En Estados Unidos, la tasa de desocupación se elevó al 25%.

Más recientemente, durante la crisis asiática de fines de los años 90, los países en desarrollo de la costa del Pacífico incrementaron sus
exportaciones a las naciones ricas en decenas de miles de millones de dólares. La expansión comercial fue tan importante para que esos
países pudieran salir de la crisis como lo fue el Plan Marshall para Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Pero la subida de las exportaciones asiáticas no cayó bien en todos los sectores de Europa y América del Norte y los gobiernos de diversos países de esas regiones enfrentaron intensas presiones para erigir barreras arancelarias.

Los gobiernos de Estados Unidos y Europa resistieron esas presiones y el resultado fue que los países asiáticos se pusieron rápidamente de nuevo en pie.

Una razón importante para que no se adoptasen las medidas proteccionistas reclamadas por la áspera retórica de algunos políticos fue que las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) restringieron, de una manera transparente, el uso de medidas comerciales de ese tipo.

A lo largo de 60 años y de ocho rondas de negociaciones comerciales internacionales, el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y ahora su sucesora, la OMC, han establecido un marco regulatorio para el comercio entre las naciones. Desde la conclusión de la Ronda Uruguay en 1994, esas reglas han sido extendidas al área de servicios y se han expandido también hacia áreas de interés para los países en desarrollo, en particular la agricultura y los textiles, que previamente habían sido abordadas sólo marginalmente.

Actualmente, cuando el Occidente hace frente al amenazante deterioro económico, puede servirle de consuelo el hecho de que muchos otros gobiernos que podrían verse tentados de restringir las exportaciones europeas o estadounidenses enfrentarán las mismas restricciones. Los mercados exteriores le serán de particular interés porque mientras 2/3 de la producción económica global corresponden a Estados Unidos, Europa y Japón, la demanda interna en todas estas economías será débil el año próximo. Al contrario, en los países emergentes el pronóstico es de un 6% de crecimiento para el año que viene.

En mi opinión, la actual crisis financiera presenta dos amenazas potenciales para el comercio global.

El problema inmediato que enfrentamos es la crisis del crédito. Más o menos el 90% del comercio internacional es financiado con créditos a corto plazo. La financiación del comercio es una de las formas más antiguas de crédito, ya que data de la Edad Media, así como una de las más seguras, dado que provee obvias garantías colaterales a los acreedores, como por ejemplo el cargamento de un barco. Sin embargo, actualmente la financiación comercial es ofrecida a un elevado interés e incluso a este alto precio ha sido difícil de obtener para los países en desarrollo.

La segunda ­y menos probable- amenaza que enfrentamos es un deslizamiento hacia el proteccionismo a causa del pánico. Aunque en
estos últimos tiempos la retórica proteccionista ciertamente se ha incrementado, esas declaraciones todavía no se han traducido en
restricciones contra el comercio.

Pero no sólo es necesario que los gobiernos hagan oídos sordos a las voces de sirena del proteccionismo. Hoy es más urgente que nunca
concluir las actuales negociaciones comerciales que la OMC conduce en la Ronda de Desarrollo de Doha iniciada en 2001. El objetivo de la ronda, compartido por los 153 miembros de la OMC, es la creación de un sistema comercial más equitativo, más ambicioso, más relevante y orientado hacia el desarrollo. Ésta sería la mejor contribución que la OMC podría hacer para contrarrestar la actual crisis mundial. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial del Comercio (WTO).