General

El Congo de los 5.000. Epekisami kolela (prohibido llorar).

Dic 10 2008

Por Fernando Larrauri *

En la primera página de “La calle de la media luna”, Hugo Van Arkadi, uno de los personajes de la novela de Paul Theroux dice: “Hay cinco mil personas en el mundo”, en clara alusión a quienes controlan el planeta. Pues bien, ese es exactamente el problema en estos momentos en el Congo. Que unas cuantas personas de entre esas cinco mil, tienen fuertes intereses comerciales en aquella zona del continente africano, y ningún escrúpulo a la hora de promover y/o financiar cualquier conflicto bélico que pueda beneficiarles económicamente hablando. Ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores. Solo hay que tener las redes listas en el momento oportuno, y ese momento se fabrica artificialmente cuando conviene.

Si consideramos que la Amazonía es el pulmón de la tierra, se puede decir que el Congo es el segundo pulmón. Un territorio que se extiende sobre dos millones y medio de kilómetros cuadrados, es decir, cinco veces la superficie de España, con una población estimada de sesenta millones de habitantes. Y todo tipo de riquezas minerales concentradas principalmente en la zona este del país, donde limita con Sudán, Uganda, Rwanda, Burundi, Tanzania, Zambia y Angola.

Primero fue el oro, luego los diamantes, después el petróleo, y hoy en día por lo que se baten las grandes empresas de esas “cinco mil personas” es por controlar el Coltan. Se estima que más del 80% de las reservas mundiales de Coltan se encuentran en la RDC (República Democrática del Congo), sobre todo en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, que tienen frontera con Uganda, Rwanda y Burundi. De esta aleación de Columbio-Tantalio, se extrae el Tantalio, elemento primordial, por sus propiedades eléctricas y su gran resistencia al calor y la corrosión, en la fabricación de teléfonos móviles, consolas de juegos, GPS, televisores de plasma y armas teledirigidas.

Entre 1998 y 2002 hubo unos 5 millones de muertos en el este de la RDC, aproximadamente un millón por año, o sea el equivalente a las muertes de las torres gemelas cada día, o a un Tsunami cada seis meses. 30.000 mujeres son violadas cada año, en su mayoría por varios individuos a la vez, es decir unas 85 por día. Cientos de niños trabajan a diario en las minas de Coltan, arrastrándose por las angostas galerías en busca del precioso mineral, que después utilizarán para fabricar sus componentes compañías como Nokia, Alcatel, Sony, Motorola, Hitachi, Intel, IBM, HP…, haciendo como que no saben nada de las condiciones en que se extrae, y del conflicto que, de un modo u otro, les produce jugosos beneficios y del que por tanto son parte interesada.

Se dice que tanto Monseñor Munzihirwa, antiguo arzobispo de Bukavu, como el presidente Laurent Kabila, padre del actual presidente Joseph Kabila, habrían sido asesinados por cuestiones relacionadas con el control, por parte de la RDC, del comercio de Coltan.

La manera de actuar de estas “cinco mil personas” es crear “lobbies” para presionar a sus gobiernos a que adopten y defiendan la postura política que a ellos les interesa para poder seguir obteniendo beneficios a toda costa. Pero es algo que ya viene de lejos y se ha llevado a cabo en otros países africanos. Ya lo utilizaron las compañías francesas que tenían la exclusiva de la importación y venta de maderas preciosas en Europa, cuando se planteó en un Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la posibilidad de embargar las exportaciones de Liberia para evitar que compraran armas a cambio y la situación de conflicto se eternizara. Y Francia, apoyando los intereses de esas empresas vetó ese embargo. Así mismo las compañías mineras de los Estados Unidos que tienen concesiones en el Congo, presionaron a su gobierno, que condonó la deuda externa de los gobiernos “amigos” de Uganda y Rwanda, que les facilitaban sus negocios y hacían de intermediarios en la exportación clandestina del mineral.

Para contrarrestar todo esto y echarnos arena a los ojos, esas mismas compañías, lobbies y gobiernos emplean después una mínima parte de sus ganancias en financiar proyectos humanitarios, o de ayuda a la infancia o al desarrollo, a través de los fondos de Naciones Unidas, para lavar su imagen. Más del 55% del dinero identificado para apoyar a África, va a parar al Congo, donde el volumen de personal y trabajo de cooperación al desarrollo es el mayor de todo el mundo. Con más de 17.000 personas trabajando para la MONUC (Misión de las Naciones Unidas en el Congo), cosa que cuesta alrededor de 3 millones de dólares diarios, y todas las agencias especializadas desplegadas en el terreno, junto con cientos de ONG, se intenta paliar, y digo bien paliar, el desaguisado causado por esas “cinco mil personas”. La UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) lucha para evitar o minimizar el trabajo infantil, el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) se ocupa de apoyar a los desplazados y refugiados, el FNUAP (Fondo de las Naciones Unidas para Asuntos de la Población) y el HCDH (Alto Comisionado de los Derechos Humanos) se ocupa de las violaciones de los derechos humanos, el PMA (Programa Mundial de Alimentos) aporta alimentos…

Pero todo ello no son más que parches para minimizar los síntomas, sin atacar la causa que los produce: la ambición de “los cinco mil”. Según los acuerdos de paz de Lusaka y Sun City, se debía crear un ejército mixto y único, integrando elementos de los diversos grupos armados en liza. Para ello había que desarmar y desmovilizar a todos los combatientes antes de las elecciones, y crear nuevas brigadas integradas. Cosa que jamás se hizo por falta de voluntad y apoyo económico de la Comunidad Internacional, principalmente del Banco Mundial que boicoteó el programa en repetidas ocasiones.

¿Que se puede esperar, de un país cuyos soldados ganan 20-30 dólares al mes, que además no reciben regularmente? ¿Qué puede suceder si los funcionarios, médicos, policías, maestros, no han recibido sus exiguos salarios en meses? ¿Quién delimita la frontera entre picaresca y corrupción para poder sobrevivir y mantener a la propia familia con dignidad?

En Enero del 2008 el gobierno del Congo fue capaz de organizar en Goma una conferencia nacional por la paz, en la que por primera vez estuvieron presentes todos los grupos y comunidades que de una manera u otra habían sufrido o participado en la contienda, sentados todos en la misma sala, relatando sus experiencias, dando su opinión y proponiendo soluciones. Pero todo queda en solo buenas intenciones si las compañías interesadas en los recursos naturales de la RDC siguen ahí, con sus medios y dinero para seguir esquilmando el país y explotando a sus habitantes. Con la RDC se ha llevado a cabo todo el tiempo una suerte de protectorado, no definido como tal en público. Lo que implica una falta de respeto y de confianza total hacia el pueblo congolés y sus líderes. No se puede continuar practicando la vil injerencia en los asuntos internos de la RDC, tal como vienen haciendo los gobiernos de diferentes países, en representación de las compañías propiedad de esas “cinco mil personas”.

Durante más de un año la totalidad del sistema de Naciones Unidas en la RDC estuvo preparando un documento de 600 páginas para ayudar al nuevo gobierno electo a identificar las prioridades por sectores para los próximos cuatro años. Pero la aprobación y discusión final de ese documento estuvo bloqueada más de ocho meses, porque varias embajadas ponían pegas a la inclusión de la frase “revisar los contratos de las compañías mineras”.

Sirve de bien poco aumentar el número de elementos de la MONUC, hablar de buen gobierno y tolerancia cero a la corrupción, cuando aún está siendo investigado un fraude cometido por algunos de sus altos cargos por más de 630 millones de dólares. Hablar de violaciones, cuando ha habido serias acusaciones de abusos de menores llevadas a cabo por algunos cascos azules. Hablar de mejorar las condiciones de vida del pueblo congolés, cuando una de las principales preocupaciones de los militares belgas de la EUSEC (Misión de la Unión Europea para la Seguridad) fue comprarles agua filtrada a las fábricas de cerveza para las abluciones de sus militares. Hablar de aislar económicamente a los rebeldes cuando varias ONG con base en Goma (Kivu Norte) y Bukavu (Kivu Sur) alquilan, para despachos o residencias, lujosas mansiones a orillas del lago Kivu, propiedad de los líderes guerrilleros, a precios desorbitados. Hablar de soberanía de la RDC, cuando los Estados Unidos están metiendo inteligencia y fondos en el este del Congo a través de Rwanda, para controlar el mercado del Coltan.

Lo primero que necesita la RDC es que se respete su soberanía y su libertad de tomar decisiones en lo que a sus recursos naturales se refiere. Que los gobiernos extranjeros que de un modo u otro están perpetuando la situación de conflicto se retiren de allí. Con una buena gestión de todas las riquezas existentes en ese enorme país podrían vivir muy dignamente todos sus habitantes. Que todas aquellas compañías que quieran acceder a alguno de los recursos naturales del país, paguen por ello un precio justo. Que el concepto de globalización se aplique también a los logros conseguidos por los trabajadores en los países más desarrollados, con contratos razonables en lo que a condiciones laborales, de seguridad, salario y horarios se refiere, lo que permitiría a los trabajadores y sus familias un nivel de vida aceptable, y enviar a sus hijos menores a la escuela, sin necesidad de que tuvieran también que trabajar en las minas. Todo ello permitiría apoyar otros sectores deficitarios como el buen gobierno, la seguridad, la agricultura, la educación y la salud.

Nada de todo esto es nuevo, la novela de Paul Theroux en la que habla de “los cinco mil” data de 1984, y novelistas como John Le Carré o Alberto Vázquez-Figueroa, han plasmado en diferentes obras, como los intereses económicos de ciertas compañías prevalecen sobre la vida de pueblos enteros, mucho mejor que cualquier analista político. Ejemplos similares se pueden ver también en cine comprometido e incluso en las películas de James Bond donde algunos de “los cinco mil” quieren controlar las comunicaciones o el agua en un país o el mundo entero en su propio beneficio. Pero por desgracia todas estas creaciones literarias o cinematográficas terminan con la feliz desaparición de “los malos”, que no son otros que “los cinco mil”, cosa que en la vida real no sucede. Ellos siempre están ahí, y como el monstruo de Alien, se autogeneran a partir de una sola célula cuando encuentran a quien parasitar.

(*) Fernando Larrauri – Jefe de la Unidad Post Conflicto del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) en la RDC entre Febrero 2006 y Mayo 2008.