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EUROPA: ¿Un gigante tullido?

Dic 1 2008

Por Joaquín Roy (*)

MIAMI, Nov (IPS) Por si el nuevo presidente Barack Obama no tenía suficiente con los dossiers que le esperan cuando se aposente en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el Consejo de Inteligencia Nacional (NIC) le ha preparado una lectura adicional que le hará oscurecer la dentadura de la que hasta ahora ha presumido. «Pautas Globales 2025: Un mundo transformado» es el título del futurista documento, entre alarmante y deprimente, plagado de lugares comunes y no pocos estereotipos.

Se advierte que Estados Unidos habrá perdido su hegemonía en mitad del decenio de 2020. Otras potencias (China, India) le disputarán el control del planeta. Africa habrá empeorado, atrapada por el hambre. América Latina no conseguirá competir en el sistema internacional, seguirá padeciendo el narcotráfico y el crimen organizado que zapan la seguridad ciudadana, con el
resultado de una sostenida presión para la emigración. Aunque la influencia de Washington en la región disminuirá un tanto, seguirá siendo un imán. La población hispana de Estados Unidos, en crecimiento, exigirá una implicación mayor en la cultura, la economía y la política en América Latina, pero otras urgencias mundiales podrán provocar una falta de atención, repetición de un ciclo recurrente.

Europa en general, algunos países en particular, y la Unión Europea (UE) destacan por la brevedad del análisis y su contundencia. Según los cálculos, el proceso de integración europeo habrá experimentado un crecimiento demasiado lento en 2025 para poder servir de herramienta de apoyo a los intereses europeos. Para resultar más cohesionada, la UE deberá resolver el «déficit democrático que divide a Bruselas y los ciudadanos».

El informe reconoce que la UE es capaz de contribuir a «la estabilidad y la democratización de la periferia de Europa», especialmente en los Balcanes y Turquía. Pero Bruselas puede fallar en convencer a los electorados de sus Estados miembros de los beneficios de una más honda integración y en asumir las necesidades de una población envejecida «mediante la ejecución de reformas dolorosas». En consecuencia, la UE se puede convertir en un «gigante tullido», distraído por «rencillas internas y agendas nacionales competidoras». El resultado será una UE impotente de «traducir su poder económico en influencia global.»

El envejecimiento de la población activa representará una «severa prueba para el modelo europeo de bienestar social», la piedra angular de la cohesión política de Europa» desde 1945. La liberalización económica será débil hasta que la presión demográfica obligue a cambios más dramáticos.

Mientras tanto, se experimentará un recorte en los beneficios asistenciales, en los gastos de defensa, y en los programas sociales. El aumento de la población musulmana reclamará un esfuerzo económico para su integración que puede ser desafiado por los intereses nacionalistas.

En cuanto a las reformas institucionales de la UE, el informe se muestra especialmente escéptico de la efectividad de un «presidente europeo» o un «ministro de asuntos exteriores» para manejar las crisis que se presenten. Europa no se convertirá en un poder militar en 2025, aquejada de competencias nacionales, con lo que la política exterior y de seguridad se tornará más complicada, y erosionará la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Como muestra de la obsesión americana por la membresía de Turquía en la UE, se denuncia el daño que produciría un rechazo. Se confirmaría el diagnóstico de la radicalizacíón de la población musulmana al interpretar que Islam y Occidente son incompatibles. Esta negativa perspectiva se uniría al aumento del crimen organizado producido por la dependencia energética. Un par de gobiernos de Europa Central u Oriental podrían caer bajo la dominación de esas organizaciones criminales. Naturalmente, Rusia está detrás de todos estos males, ya que los estados europeos (Alemania, Italia) se verán incapaces de librarse de la dependencia del petróleo y el gas rusos. Luego vendría el incumplimiento del suministro por la falta de modernización y la corrupción que ya afecta a toda la gran región euroasiática. El virus aquejaría también a las empresas europeas.

Este sombrío panorama es suficiente para que Obama deje de sonreír. Es una mala noticia, no solamente para Europa, sino para Estados Unidos. Lo que es malo para Europa es malo para Estados Unidos, para reescribir la boutade de que «lo que es bueno para General Motors es bueno para América», atribuido precisamente a un ex presidente de GM. Los europeos son los aliados más fiables para Estados Unidos, ahora y entonces.

Las voces optimistas, sin embargo, consideran que este vaticinio es exagerado, producto de una especulación poco científica. Los autores reclaman haber residido en el futuro; los lectores no se pueden permitir ese lujo de traslado en la máquina del tiempo. En realidad, su redacción en numerosos pasajes se asemeja al de una monografía de curso de principiantes universitarios. Después de todo, el reto (que está presente en el informe) no es sinónimo de destino inexorable. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Joaquín Roy es catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami (jroy@Miami.edu).