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BID celebra medio siglo acosado por críticas

Mar 26 2009

Por Humberto Márquez

CARACAS, 26 mar (IPS) – El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) conmemora con una asamblea en Medellín, Colombia, su 50 aniversario, acosado por críticas de la sociedad civil que le reprochan dirigir su financiamiento en sentido inverso al desarrollo sustentable y a una efectiva superación de la pobreza.

«El cumpleaños número 50 puede convertirse en el primer borrador de una futura acta de defunción», dijo a IPS Héctor Moncayo, del colombiano Instituto de Estudios Legales Alternativos, una de las 42 organizaciones del Frente BID 50, que instala una «asamblea de los pueblos» en la misma ciudad, paralela al encuentro anual del Banco.

La 50 Asamblea Anual del BID y la 24 Reunión Anual de la Corporación Interamericana de Inversiones se celebrará entre este viernes 25 y el 31 de marzo.

El BID también encaja críticas por haber perdido hasta 1.900 millones de dólares en su ejercicio 2008, como resultado de inversiones en «activos tóxicos», títulos respaldados por hipotecas «subprimes» o «basura», una pesada losa sobre la pretensión del Banco de conseguir una reposición de capital en medio de una crisis global en pleno desarrollo.

Este punto dio lugar, en las semanas previas a la Asamblea, a un cruce de cartas entre el influyente senador estadounidense Richard Lugar, del opositor Partido Republicano y miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y el colombiano Luis Alberto Moreno, presidente del BID.

Los socios del BID son 48 países, China es el más nuevo, 23 son donantes netos y el mayor de ellos es Estados Unidos. Ellos decidirán en la Asamblea de este fin de semana si respaldan con una reposición de capital los financiamientos que el Banco proyecta para la región a lo largo de 2009, estimados en 18.000 millones de dólares.

«Seguimos necesitando bancos de desarrollo que cuenten con recursos suficientes para atender los requerimientos regulares y en momentos de crisis», dijo a IPS el mexicano José Rivera, secretario permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA).

El BID ha desembolsado entre 6.000 y 9.000 millones de dólares anuales en el último lustro, y la mayor parte del financiamiento –que llegó a 5.700 millones en 2007, último año con informe anual publicado– ha buscado fortalecer la infraestructura y la competitividad latinoamericana y caribeña en materia de exportaciones.

El sector privado obtuvo 920 millones de dólares para 20 proyectos en 2006 y 2.300 millones para 29 proyectos en 2007.

El Banco se ufana de haber llevado a cabo operaciones que contribuyeron a reducir la pobreza, aumentar la equidad social o defender el ambiente, como los aportes a orquestas infantiles de Venezuela, al fortalecimiento de la atención de salud primaria en Argentina o al acceso a servicios básicos para indígenas en la cuenca del bajo río Urubamba, en Perú.

Pero el Frente BID 50 entregó a IPS un documento con críticas «al modelo de desarrollo promovido por el BID, que aumenta la desigualdad, da un trato privilegiado al sector empresarial privado y no ha tenido efecto alguno en la exclusión persistente de poblaciones, incluyendo a mujeres, indígenas y afrodescendientes».

«Considerando que el objetivo primordial desde la creación del BID (en 1959) ha sido acelerar el proceso de desarrollo sostenible, es válido preguntarse, ¿cómo después de 50 años de trabajo aún tenemos índices de pobreza, indigencia y desigualdad alarmantes?», cuestionó el argentino Diego Rodríguez, de la entidad Ciudadanía y Justicia Ambiental.

En la búsqueda de culpables «quizá no se puedan atribuir crisis y problemas a una sola causa o institución», comentó a IPS el argentino Alfredo Calcagno, economista de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad).

«Ahí tenemos el factor de los países industrializados, que no han tratado los problemas económicos del resto del mundo en términos razonables y responsables, y han recomendado a otros Estados recetas que ellos no han cumplido», opinó Calcagno.

Moreno, como su predecesor, el uruguayo Enrique Iglesias, ha insistido en la reducción de la pobreza como uno de los objetivos constantes del BID.

En su rendición de cuentas de 2007, Moreno sostuvo que «la región está demostrando que el crecimiento económico sigue siendo indispensable para combatir la pobreza, que disminuyó de 36,5 por ciento en 2006 a 35,1 por ciento en 2007, y la extrema pobreza, que bajó de 13,4 a 12,7 por ciento» de la población latinoamericana y caribeña en el mismo lapso.

En números absolutos, los pobres pasaron de 194 a 190 millones de personas entre 2006 y 2007, y los indigentes de 71 a 69 millones. «Son las tasas más bajas registradas desde los años 80, e implican un avance de 87 por ciento hacia la consecución del primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio», señaló el BID.

Ese objetivo consiste en reducir a la mitad, para 2015, la proporción de población en extrema pobreza que existía en 1990.

Otro cuestionamiento fue dirigido por Gabriel Strautman, de la no gubernamental Red Brasil sobre Instituciones Financieras Multilaterales, quien sostiene que los países socios del BID no deberían entregar más dinero a bancos «que han causado a lo largo de sus vidas impactos socio-ambientales irreversibles».

Otro motivo para cesar ese flujo de fondos es «la poca efectividad de los mecanismos de participación de la sociedad civil en la toma de decisiones y el no acatamiento a los derechos de los pueblos indígenas», señaló la politóloga María José Romero, del Instituto del Tercer Mundo, con sede en Uruguay.

Desde otro ángulo, el senador Lugar ha interrogado a Moreno y a la directiva del BID sobre la secuencia de decisiones que llevaron al Banco a perder unos 1.900 millones de dólares, el impacto de esas pérdidas en futuras operaciones, y las reformas que son precisas para asegurar que no se repitan.

Moreno respondió a Lugar que los activos que se perdieron estaban clasificados como Triple A (muy buenos) en el momento de su adquisición y sostuvo que «esas pérdidas en el portafolio de colocaciones no pondrán en riesgo la misión del BID de apoyar el desarrollo económico y social» de América Latina y el Caribe.

Según Moreno, antes de las auditorías las pérdidas causadas por los «activos tóxicos» adquiridos entre julio de 2007 y diciembre de 2008 pueden estimarse en 1.600 millones de dólares, pero las pérdidas efectivas son menos de 1.000 millones, pues parte de los activos objeto de las operaciones son recuperables.

En opinión de Calcagno, «pudo ocurrir en el BID que le fue difícil mantenerse ajeno al entorno general de euforia financiera (la burbuja de negociados que desató la actual crisis desde finales de 2008) y lo que debió hacer, si tenía recursos excedentarios, fue precisamente prestarlos a la región para proyectos de desarrollo».

Rivera llamó la atención sobre el surgimiento en la región de nuevas alternativas de financiamiento al desarrollo «que vemos con simpatía», como el Banco del ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, que conforman Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela) y el Banco del Sur.

Este último es impulsado por Argentina, Brasil y Venezuela, que aportarán 2.000 millones de dólares cada uno para su creación, y Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, que completarán los 10.000 millones de dólares previstos como capital inicial.

«El marco actual es el de una oportunidad histórica para plantear alternativas radicales, porque la crisis trae aparejado un derrumbe de la arquitectura financiera internacional de la que hacen parte institutos como el BID», dijo Moncayo. «Es el momento de nuevas e inéditas alianzas estratégicas», recalcó. (FIN/2009).