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G20: REFORMAR EL CASINO GLOBAL

Sep 25 2009

Por Hazel Henderson (*)

ST. AUGUSTINE, FLORIDA, Sep (IPS) La horrible verdad está saliendo a la luz: las inescrupulosas e indeseables finanzas globalizadas están trastornando a las sociedades humanas y destruyendo a escala universal nuestros sistemas ecológicos.

Numerosos libros y estudios que examinan el papel de las finanzas descubren profundas fallas en los mecanismos de creación del dinero y de asignación del crédito. La antigua invención del dinero, que amplió las oportunidades para comerciar más allá del trueque, se ha transformado en un monstruo global computarizado. Ciego ante otros valores y objetivos humanos, este casino global se ha desconectado y apartado de la economía real.

Los financieros hacen dinero del dinero mediante actividades comerciales automatizadas de alta frecuencia apuntaladas por una defectuosa «economía financiera» y sus fraudulentos modelos que crean corrupción y usan indicadores falsos sobre las utilidades y el progreso nacional tales como el Producto Interno Bruto (PIB). El
presidente francés Nicolas Sarkozy y el economista Joseph Stiglitz afirmaron el 14 de septiembre que el aún sin reformar sistema financiero presenta hoy más riesgos que antes de la crisis del 2008, y que los gobiernos están
todavía cegados por el «fetichismo del PIB».

¿Cómo el sistema financiero ha pasado de su anterior papel de servicio útil para las economías reales a ser un monstruo crecido en exceso y «demasiado grande como para fracasar» que tiraniza a los gobiernos democráticos a través del poder del dinero?

En Estados Unidos, los fundadores alertaron acerca del posible control de los bancos sobre la joven nación. Thomas Jefferson dijo en 1816 que «los bancos son más peligrosos que los ejércitos permanentes». Por su parte, Benjamín Franklin expresó similares advertencias, tal como lo hicieron otros fundadores de la nación, por ejemplo Samuel Webster, quien en 1777 advirtió: «Pongámonos cuidadosamente en guardia contra los monopolios y todos los tipos y grados de opresión.»

Hoy en día, millones de votantes apoyan a los más de 200 miembros del Congreso cuyo proyecto de ley exhorta a examinar el papel de la Reserva Federal («Fed»), el banco central estadounidense fundado por un reservado grupo de políticos y financieros en 1913.

Desde entonces, los bancos centrales de otros países se han inspirado en el modelo de la «Fed» y promovido sus reivindicaciones del secreto y la independencia del control político, incluso de los gobiernos elegidos más democráticamente.

En la reunión del G-20 en Pittsburg el 24 y 25 de este mes algunos líderes de ese grupo de los mayores 20 países, como Sarzoky, la alemana Angela Merkel, el brasileño Lula Da Silva y el chino Hu Jintao requerirán la reforma y la reducción del casino global. Ellos piden que se restrinjan las enormes primas, que se reduzca el
enorme grado de exposición de los bancos, que se frenen las excesivas asunciones de riesgos y que se regulen los derivados que son simples apuestas, como los intercambios de créditos impagos. Todo ello es necesario, pero insuficiente.

El entero sistema de las finanzas globales debe ser reestructurado. China ha correctamente conducido el debate sobre la necesidad de eliminar progresivamente la dependencia del dólar estadounidense y de crear una moneda de reserva global más estable, lo que es apoyado por la Asamblea General de la ONU. Más allá de esto, el
británico Lord Adair Turner ha pedido la creación de un pequeño impuesto a las transacciones financieras para frenar la especulación. Tal impuesto fue recomendado por James Tobin en los años 70 y por Larry Summers en 1989 y se lo considerada el mejor medio para reducir la especulación y emplear los miles de millones que
aportaría a favor del desarrollo de los países del Sur, para reembolsar a los contribuyentes por sus rescates e invertir en un plan ecológico para la reducción de las emisiones de carbono, el llamado «Global Green New Deal», apoyado por muchos gobiernos, inversores privados, sindicatos y organismos de las Naciones Unidas.

Asimismo, puede ser creado un nuevo nivel de seguros contra los riesgos de las crisis financieras sistémicas. Este Fondo de Seguros para Crisis Financieras Sistémicas (SFCIF) aseguraría a las empresas financieras contra
futuras bancarrotas y pánicos. Similar a la FDIC, a la que contribuyen todos los bancos estadounidenses, este nuevo SFCIF podría hacer que el riesgo no recaiga sobre los contribuyentes sino, como corresponde, sobre el propio sector financiero. Además, los gobiernos deben finalmente abordar la reforma de los bancos centrales y sus actividades de asignación de créditos, que son ampliamente consideradas como terriblemente injustas.

Todas estas reformas deben ser ejecutadas por el G-20 e incluir a todos los países de las Naciones Unidas mediante la extensión de esos acuerdos, para finalmente enfrentar a los banqueros y domar al casino global a fin de que el sistema financiero retorne a su papel tradicional de facilitar las transacciones y la producción y de
apoyar a los sectores innovadores de las sociedades, así como para lograr el crecimiento de una economía global más limpia, más ecológica y más justa. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) La economista estadounidense Hazel Henderson ( www.EthicalMarkets.com) es autora de Ethical Markets: Growing The Green Economy (2007) y coautora del ndice sobre calidad de la vida Calvert-Henderson ( www.Calvert-Henderson.com).