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LA REFORMA DEL SISTEMA FINANCIERO AÚN ESTÁ POR VERSE

Oct 28 2009

Por Roberto Savio (*)

ROMA, Oct (IPS) El panorama financiero se ha enriquecido con una nueva compañía estadounidense que coloca en la bolsa los juicios de divorcio de millonarios. Los inversionistas pagan los altos costos legales de uno de los contendientes y participan de la ganancia si el fallo los favorece. Todo esto, mientras hay cien millones de nuevos pobres en el mundo gracias a la catástrofe financiera.

Aunque todos aseguran que estamos saliendo del túnel de la ultima crisis financiera, también se prevé que el enorme número de desocupados no disminuirá a corto plazo.

Entretanto, pese al clamor universal para su reforma, el sistema financiero vuelve a comportarse como antes de la crisis, como si nada hubiera pasado. A mediados de octubre se informó el nivel de los derivados, el instrumento financiero de alto riesgo que fue el detonante de la crisis continuaba su expansión y totalizaba 445 billones de dolares: una suma escalofriante que equivale a 6,5 veces el Producto Bruto Mundial.

Recordemos que el crack de la financiera Lehman Brothers, así como el rescate in extremis de la aseguradora AIG que costó 182.500 millones de dólares al Tesoro norteamericano, se debieron a los derivados, una parte importante de los cuales se habían convertido en títulos tóxicos.

Otra noticia fresca es que el último Global Financial Stability Report del Fondo Monetario Internacional informa que los bancos han eliminado 1.300.000 millones de dólares de titulos toxicos, pero los que aún mantienen ascienden a 1.500.000 millones.

Lo que pasa es que ahora, gracias a la ayuda recibida mediante el dinero de los contribuyentes, el saneamiento financiero no es la prioridad de los bancos, que pueden mantener esa ingente cantidad de títulos tóxicos en sus portafolios Están incubando una bomba de tiempo que estallará con la próxima crisis.

Algunos políticos han sumado su retórica a la tesis de la famosa reforma estructural del sistema financiero, coralmente exigida por las organizaciones de la sociedad civil, por religiosos de todo el mundo y por innumerables ciudadanos enfurecidos. El ministro italiano Giulio Tremonti, por ejemplo, lanzó la campaña de «un nuevo Bretton Woods». Sin embargo, ninguna reforma concreta se ha adoptado hasta ahora..

Entretanto, se acentúa otro riesgo sistémico: la creciente concentración financiera. Los mayores bancos supértites están adquiriendo numerosos bancos pequeños en dificultades o quebrados. Sólo en Estados Unidos más cien bancos habían quebrado entre enero y octubre de este año. De esta manera los bancos que son «demasiado grandes para quebrar» y que por lo tanto se deben salvar con dinero público siguen creciendo y aumentando el riesgo de próximas quiebras.

Como si fuera poco, con las inyecciones de dinero público y los bajos tipos de interés, los bancos han reincidido en sus antiguos vicios. En efecto, reciben de los bancos centrales sumas inmensas con casi cero interés con las que se capitalizan y así resulta que el sector financiero, causante del desastre, es el primero y hasta ahora el único que ha emergido de la crisis.

Este sector ha empujado a las bolsas y así el índice Dow Jones ha vuelto a superar los 10.000 puntos, mientras la Goldman Sachs se dispone a distribuir 23.000 millones de doláres de bonus a su personal, la misma cantidad del 2007, aunque ahora donará 300 millones en filantropia.

Esta realidad contrasta con la retórica reformista de los gobiernos. En el Congreso norteamericano se está discutiendo un proyecto sobre los derivados, pero se prevé que saldrá una ley con unas escapatorias que eludirán todo control real.

En Europa, el debate parece haberse reducido al nivel de los bonus para los banqueros. La ministra de hacienda de Francia Catherine Lagarde, se pronunciö en contra de un proyecto de ley para colocar un impuesto a los bancos. (Lagarde, como la mayoría de los dirigentes economicos públicos viene de cargos importantes en algún banco internacional). Y lo único que ha quedado de la campaña de Tremonti es que en su afán de contener el gasto público, Italia ha bajado al último lugar entre los países donantes de ayuda para el desarrollo, situada ahora en 0,1% del producto bruto nacional en vez del 0,7% con el que se había comprometido multiples veces.

Esto nos lleva a una triste observación. Según los etólogos (que estudian las relaciones entre el comportamiento de los seres humanos y de los animales), nuestra especie muestra una falla desconcertante: no aprendemos del peligro.

El 10 de diciembre, en Copenhague, todos los países se reunirán para discutir como gobernar el cambio climático. La sobrevivencia de la especie es instintiva en el reino animal. En el caso del hombre, el control del clima es obviamente vital. Y sin embargo, aún no se ha logrado el acuerdo entre los países de vieja industrialización y los de nueva industrializacion como Cina, India, Brasil, para financiar los cambios tecnológicos que permitan a los últimos reducir sus emisiones de gas invernadero sin frenar su crecimiento.

Sin este acuerdo está amenazada nuestra propia especie y la Madre Tierra que la sustenta. El costo es de unos 40.000 millones de dólares, y los ricos declaran que la crisis les impide afrontar ese gasto. Pero hemos visto que en pocos dias un sólo país, Estados Unidos, encontró 182.500 millones de dólares para salvar a una sóla empresa, la AIG. De cara al desafío crucial de Copenhague los países ricos deberían revisar sus prioridades y asumir las responsabilidades que les corresponden. (FIN/COPYRIGHT)

(*) Roberto Savio, fundador y presidente emérito de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS).