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FSM: El desafío de transformar sin conducir

Ene 25 2010

Por Mario Osava

RÍO DE JANEIRO, 23 ene (IPS) – El Foro Social Mundial (FSM) es sólo «un instrumento», que no se debe confundir con el movimiento alter-mundialista, sostiene Chico Whitaker, uno de los fundadores de este encuentro que celebra su décimo año de vida con un seminario de balance, del 25 al 29 de este mes, precisamente en su cuna, Porto Alegre.

Se trata de una metodología, «un instrumento para unir, el Foro no transforma el mundo, es la sociedad que lo hará, en un multifacético altermundialismo», acotó Whitaker, quien rechaza que se lo defina como «movimiento de los movimientos» con un protagonismo cercano al de los partidos políticos.

Aclarar la naturaleza del Foro, defendiendo su carta de principios de 2002, es una misión asumida por este arquitecto de formación, dedicado hace más de cinco décadas al activismo por la justicia social, representante de la Comisión Justicia y Paz de la Iglesia Católica en el Consejo Internacional del FSM.

Ya en 2005 escribió el libro titulado «El desafío del Foro Social Mundial, un modo de ver», en el cual explicó los principios y los procedimientos del gran encuentro mundial de la sociedad civil, su evolución, su horizontalidad en red y las «tentaciones» de repetir caminos políticos que históricamente mostraron sus ineficiencias y perversidades.

La vocación mayor, de abrir nuevos caminos y construir la «unidad altermundialista», juntando toda la diversidad de activistas, es poco comprendida, lamentó ante las consultas de IPS. Las tensiones dentro del mismo Foro y su Consejo Internacional se deben en buena parte a grupos que defienden los viejos caminos.

En su balance de estos 10 años, el FSM, aunque sin ser protagonista directo, contribuyó a muchos avances, promoviendo articulaciones entre movimientos. La muerte del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), promovida por Estados Unidos, está en su cuenta, al igual que el ascenso de la conciencia indígena en América Latina que, en el caso de Bolivia, llevó al aymara Evo Morales al gobierno.

El pensamiento de los estadounidenses ha cambiado desde el surgimiento del FSM y eso se reflejará en el segundo foro nacional que tendrá lugar en julio de este año en Detroit, un símbolo del modo de vida de ese país. Además, aceleró el desarrollo de una «economía solidaria», destacó Whitaker.

Transformar el mundo es el objetivo del FSM, pero sin indicar «modelos acabados ni estrategias únicas», exigiendo cambios «en todos los niveles, incluso en el personal», sostuvo.

Para este activista los sucesivos y numerosos encuentros permitieron extender una «mejor comprensión de ese largo proceso, más complejo de lo que se imaginaba antes».

La crisis financiera internacional de los dos últimos años, nacida precisamente en Estados Unidos, abrió nuevos frentes de análisis y educación política de los jóvenes, con nuevos argumentos para mostrar cuan trágico es el capitalismo, añadió. Sin apuntar un modelo de sociedad futura por lo cual se lucha ni pretender la toma del poder estatal para promover los cambios, el FSM nació con una consigna indeterminada y obvia, «otro mundo es posible». Todo eso poco ayuda a una movilización duradera, pensando en términos tradicionales.

Pero las ediciones globales anuales del FSM han movilizado multitudes, y se multiplicaron las iniciativas de foros nacionales, locales y temáticos por todos los continentes, estableciendo el diálogo plural como forma de fomentar movimientos y reflexiones. Este año, sin un encuentro central, habrá por lo menos 27 foros descentralizados.

En el último FSM mundial de 2009, en la norteña ciudad brasileña de Belem, entrada oriental de la Amazonia, aumentó especialmente la presencia de jóvenes. De los 150.000 participantes, 64 por ciento tenían menos de 34 años y 81 por ciento eran graduados o estudiantes universitarios, según una encuesta hecha por el Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicas (Ibase).

Pero en 10 años creció también la insatisfacción entre los militantes políticos que tienen sus proyectos propios, sus utopías, movimientos o partidos. Muchos hablan de agotamiento y falencia del proceso, ante la falta de resoluciones y programas de acción concretos del mismo FSM.

Los fundadores del FSM en la meridional ciudad brasileña de Porto Alegre, especialmente los de este país, se resisten, empero, a ello por entender que sería sustituir las organizaciones sociales y convertirse en un actor como los partidos o movimientos, negando la propia naturaleza del foro y su carta de principios, con objetivos y estrategias excluyentes.

Estos activistas critican, por ejemplo, el Foro Social Mundial Temático que tendrá lugar del 29 al 31 de enero en Salvador, capital del nororiental estado brasileño de Bahia, acusándolo de ser una iniciativa gubernamental y no de la sociedad civil.

Apoyado por el gobierno nacional del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y la gobernación de Bahia, este encuentro busca promover el diálogo entre la sociedad y gobernantes de África y América Latina, además de reflexiones e intercambios experiencias sobre temas derivados de la fuerte influencia africana en ese estado, como la cultura y las religiones.

Uno de los grandes temas a debatir será la nueva economía en desarrollo, que se basa principalmente en bienes «intangibles» como el conocimiento, que «no son rivales» y cuyo «uso no reduce las existencias», favoreciendo la colaboración, señaló Ladislau Dowbor, un profesor de economía de la Universidad Católica de São Paulo que ayudó a programar los debates en Bahia.

Empresas que producen robots, por tanto de tecnología muy avanzada, decidieron establecer una red que comparte conocimientos, con software libre, porque se dieron cuenta que es «más rentable la colaboración» que monopolizar sus patentes, ejemplificó el economista.

Actualmente, «tres cuartos del valor de un producto no es físico, como materia prima y mano de obra, sino que deriva del conocimiento». También el sector social tiene un peso enorme en la economía y, por ejemplo, los servicios de salud concentran 17 por ciento del producto bruto interno de Estados Unidos, acotó.

Todo eso abre espacios a procesos de colaboración y solidaridad, concluyó Dowbor. (FIN/2010)

Las armas de la globalización alternativa

Análisis de Mario de Queiroz

LISBOA, 23 ene (IPS) – Pasada casi una década desde su debut y a pesar de algunos reveses, el balance de la acción del Foro Social Mundial (FSM) ha sido de éxito incondicional como plataforma planetaria de debate, desde la perspectiva de los más afectados, sobre los grandes problemas planetarios.

Esta deducción resulta de una atenta lectura a diversos textos de los principales activistas y promotores del encuentro alter-mundista, que nació en enero de 2001 en la meridional ciudad brasileña de Porto Alegre como contrapunto del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, donde cada año se reúnen los líderes empresariales y políticos de los países industrializados y otros invitados.

El FSM reconoce como antecedentes las protestas de 1999 ante la conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en la noroccidental ciudad estadounidense de Seattle, que marcaron un hito en la resistencia a la globalización neoliberal, usando algunas de las armas de la fases más reciente del capitalismo global, como son las tecnología de la información y comunicación.

A partir de Seattle y luego del primer encuentro del FSM dos años más tarde, se tornó posible imaginar una globalización alternativa, erigida a partir de los movimientos y organizaciones de la sociedad civil.

Sin embargo, el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, uno de los principales impulsadores del FSM, apuntó que los sectores que esperaban que la formulación de políticas mundiales fuera llevada a cabo por esos movimientos y organizaciones creen que hoy existe un agotamiento de su modelo organizativo.

Sousa Santos, profesor de las universidades Coimbra, de Portugal, São Paulo, de Brasil, y Wisconsin, de Estados Unidos, al hacer un balance del camino recorrido, admite que el proceso ha sido muy complejo, por lo que defiende la idea de que el foro debe asentarse en sentido amplio.

Sus reuniones anuales constituyen sólo uno de sus pilares, el que la ha dado mayor visibilidad, pero en la óptica del catedrático ello no es el más importante.

En efecto, el proceso del FSM se ha basado también en otros pilares.

Uno de los principales ha sido la articulación mundial entre movimientos temáticos, que en los últimos años han logrado definir agendas políticas a realizar, tanto a nivel nacional como regional y global, con especial realce a las organizaciones indígenas que, sobretodo en el continente americano, han asumido un protagonismo creciente.

Asimismo, fueron ganando fuerza varias iniciativas, como el Foro Mundial del Agua, la auditoría global a la deuda de los países más pobres y agendas como la continental de los pueblos amazónicos, la global de los derechos sexuales y reproductivos y la de las poblaciones afroamericanas, en especial en lo referente al reconocimiento de sus territorios.

Otra viga maestra del foro alter-mundista es la constituida por la asamblea de los movimientos sociales, conocida sobretodo por las jornadas globales de lucha contra la crisis económica, por el cambio climático y en defensa de los palestinos, todas ellas decisiones políticas emanadas de reflexiones realizadas en el foro.

Un cuarto pilar en sentido amplio ha sido formado por los gobiernos progresistas que, en parte, se han inspirado en el FSM para realizar transformaciones políticas en sus países.

Los presidentes Evo Morales, de Bolivia, Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, Rafael Correa, de Ecuador, Fernando Lugo, de Paraguay, y Hugo Chávez, de Venezuela, estuvieron presente en la IX edición de 2009, realizada en Belem do Pará, Brasil, donde compartieron inquietudes con 133.000 participantes de 142 países, que incluyeron 4.312 organizaciones de América Latina, 489 de África, 155 de América del Norte, 334 de Asia, 491 de Europa y 27 de Oceanía.

Sousa Santos ha subrayado en varias ocasiones que entre las novedades introducidas por el FSM en la lucha social, es que en su seno dominan las organizaciones de trabajadores, pero no se presentan como tal, sino como campesinos, desempleados, indígenas, afrodescendientes, mujeres, ocupantes de «favelas» (barrios marginales brasileños), activistas de derechos humanos o ambientalistas, entre otros.

El lema «otro mundo es posible» cundió en gran parte de la humanidad, revelando una gran inclusión y heterogeneidad, que poco a poco se fue traduciendo en una gran capacidad para articular diferentes agendas de transformación social.

Sus fundadores y activistas con frecuencia sostienen que el impacto del FSM a lo largo de casi una década ha sido mucho mayor de lo esperado, citando como ejemplo muy especialmente el ascenso al poder da los presidentes progresistas de América Latina. Ello sería difícil de entender sin tomar en cuenta el fermento de conciencia social, emanado o potenciado por del foro alter-mundista.

Entre otros éxitos de las acciones realizadas en la última década, se destaca la presión del FSM y en especial de sus organizaciones especializadas en la lucha contra la deuda pública de los países más empobrecidos por las políticas neoliberales, lo cual forzó al Banco Mundial a aceptar la posibilidad de condonación.

Fue decisiva la denuncia a la ortodoxia financiera y económica del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la OMC, abriendo las puertas hacia un espacio político que permita espacios heterodoxos.

Asimismo, fue considerable la visibilidad que, con el FSM, adquirieron las luchas de los pueblos indígenas, fortaleciendo la dimensión continental y global de sus estrategias.

No obstante, pese a que la principal fuerza impulsora del FSM fue la diversidad de los movimientos que participan y la generalización del concepto de inclusión, esta característica ha sido también una de sus debilidades.

Sousa Santos reconoce que no ha sido fácil conciliar a movimientos que se oponen al capitalismo en general con movimientos que cuestionan sólo el neoliberalismo, que definen como predador y contra-reformista, entre organizaciones que creen en el progreso de la modernidad «occidental» y los que la rechazan, o entre los que sostienen que el racismo y el sexismo son luchas secundarias y los que no aceptan listas de jerarquías abstractas entre luchas.

En los umbrales del décimo FSM, que se realizará en varios sitios del mundo, entre los contratiempos se cuentan su escasa presencia en una «Europa Fortaleza», dominada por gobiernos conservadores, con un fuerte proyecto de integración regional, pero con características que hacen que cada vez más las cúpulas se alejan de los ciudadanos.

Otros aspectos que no escapan a los análisis de Sousa Santos es la escasa voz que ha tenido el FSM sobre la reforma de la Organización de las Naciones Unidas, el cambio climático y en el peligro de que la guerra infinita contra el terrorismo pueda convertirse en una guerra contra todos los que cuestionan el pensamiento dominante.

El profesor de Coimbra advierte también que, en un contexto en que los grandes medios de prensa se han ido convirtiendo en un gran partido conservador, muchas veces antidemocrático, el FSM tiene que vencer el desafío de la comunicación e información, promoviendo los medios alternativos.

En su ámbito, nacieron esperanzas, algunas realistas y otras inesperadas. Todos recuerdan cuando al primer FSM de Porto Alegre un obispo paraguayo debió viajar en autobús por no tener dinero para el avión. Se trataba de Fernando Lugo, hoy presidente de ese país. (FIN/2010)