General

Xenofobia de doble filo

Ene 22 2010

JOSÉ MANUEL NAREDO* – Público de Madrid

22 Ene .Se ha criticado la decisión del Ayuntamiento de Vic de no empadronar a los sin papeles apelando a razones altruistas o humanitarias, pero no se ha dicho que el propio interés de la población aconseja generalizar el empadronamiento. Me parece muy bien que se argumente a favor del reconocimiento universal de derechos humanos que deben primar sobre las circunstancias administrativas en las que se encuentre cada persona. Como también, que se defienda el derecho a la cobertura sanitaria gratuita de todos los residentes, cualquiera que sean sus papeles, su situación laboral o tributaria, en nombre de la solidaridad y de la cohesión social más elementales.

Pero también debería de subrayarse que es del interés de la población oriunda de toda la vida estar bien informada de lo que ocurre en su país y atender y controlar bien la situación sanitaria del mismo, para lo que la inscripción padronal es una pieza clave.

La estimación del saldo migratorio a partir de las variaciones residenciales del padrón, realizada por el INE, es la única que ha venido informando razonablemente sobre el panorama migratorio en nuestro país, dado que la vieja serie de emigración asistida ha minimizado las entradas que masivamente se producían al margen de esta asistencia. Así, gracias al Padrón Municipal, el INE ha podido realizar con cierta solvencia el cálculo de la población residente y del saldo migratorio, al ir mejorando la estimación de las salidas, que aparecen infravaloradas en ese registro administrativo por la desidia en darse de baja de las personas que cambian de residencia. Se obtiene así una serie homogénea de datos del fenómeno migratorio que resulta imprescindible para articular con conocimiento de causa las políticas. Esta serie cuantifica la función atractora de población del resto del mundo que ha venido ejerciendo la economía española durante el pasado auge y, lo que es más importante, la dramática caída del saldo migratorio observado como consecuencia de la crisis y no tanto del éxito de los acuerdos para contener la inmigración en los países de origen, como sugería nuestro ministro del Interior. Pues hay que subrayar que la caída del saldo migratorio en 2009 no resulta tanto de la reducción de las entradas de población como, también y sobre todo, del aumento de las salidas. Las entradas registradas en 2009 rondan todavía las 480.000 personas, pero se ven compensadas por salidas cifradas en cerca de 400.000. Aunque el saldo migratorio sea pequeño, la entrada de medio millón de personas que tratan de acomodarse y trabajar en España plantea importantes demandas asociadas (de servicios de acogida, de integración social y laboral, etc.) que hay que conocer y dimensionar para el bien de la población.

Es evidente que si los inmigrantes se inscriben en el Padrón es porque ganan ciertos derechos, como la cobertura sanitaria. Negar este derecho sería dejar a toda la población expuesta a los peligros derivados de la precariedad y el descontrol sanitario de los inmigrantes. Y negar el derecho a empadronarse a los sin papeles es reflejo de una mentalidad tan oscurantista y xenófoba que tira piedras contra
su propio país.

*Economista y estadístico