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La falacia del gran Tim Tebow (sobre aborto y razonamiento)

Feb 22 2010

Por Richard Dawkins (*)

El grupo conservador cristiano Focus on the Family está patrocinando un anuncio pro-vida en el que aparece la estrella de futbol americano Tim Tebow durante la última Super Bowl de 2010; la gran final de fútbol americano es uno de los acontecimientos deportivos más importantes; fue la retransmisión deportiva más vista del mundo por televisión en el año 2009 después de la final europea de fútbol entre el FC Barcelona y el Manchester United del pasado domingo.

¿Debería CBS mostrar el anuncio? ¿Debería CBS permitir a otros grupos confesionales comprar los anuncios de la Super Bowl para promover sus creencias respecto a cuestiones sociales? Un gran acontecimiento deportivo o una campaña televisiva ¿son los lugares más apropiados para discutir sobre asuntos tan conflictivos, vitales y divisorios como el aborto?

Supongo que Tim Tebow es muy bueno en futbol americano. Más vale, ya que desde luego no es muy bueno en cuanto a razonamiento. Quizás la culpa de ello es que fue educado en casa por unos padres mision.

Se atribuye a varios apologistas cristianos distintas versiones de la Gran Falacia de Beethoven, cuyos detalles varían. La versión siguiente es la favorita de Norman St John Stevas, un diputado conservador británico. Un doctor a otro:

─Me gustaría conocer su opinión acerca de la interrupción del embarazo. El padre era sifilítico. La madre, tuberculosa. De cuatro hijos nacidos, el primero fue ciego, el segundo murió, el tercero fue sordo-mudo, el cuarto también fue tuberculoso. ¿Qué habría hecho usted?
─Habría interrumpido el embarazo.
─Entonces ¿habría usted asesinado a Beethoven?

Es sorprendente la cantidad de gente que se desorienta ante este argumento tan estúpido. Dejando de lado la simple falsedad de que Ludwig van Beethoven fuera el quinto hijo de su familia (en realidad era el mayor), la falsedad de que alguno de sus hermanos naciera ciego, sordo o mudo y la falsedad de que su padre fuera sifilítico, nos queda la ‘lógica’. Como dijo Peter Medawar en un escrito conjunto con su esposa, Jean Medawar:

“El razonamiento detrás de este argumento nimio y odioso es tan falaz que corta la respiración…. La posibilidad de que el mundo se vea privado de un Beethoven a causa de un aborto no es mayor que a causa de una casta ausencia de relaciones sexuales”.

Si se sigue hasta el final la lógica ‘pro-vida’, una mujer fértil es culpable de algo equivalente a un asesinato cada vez que rechaza una oferta de copulación. Incidentalmente, ‘pro-vida’ siempre significa pro vida humana, nunca vida animal, aunque una vaca o un mono adultos son obviamente mucho más capaces de sentir dolor y miedo que un feto humano. Pero la naturaleza profundamente no-evolucionista de esta terminología es otra historia que dejaré de lado.

El espermatozoide que concibió a Tim Tebow formaba parte de una eyaculación de una concentración (según una estimación media) de 40 millones. Si cualquiera de ellos hubiera ganado la carrera hacia el óvulo de la señora Tebow, en vez del que lo hizo, Tim no habría nacido, sino que lo hubiera hecho alguien distinto.

Seguramente no tan buen corredor, pero –sólo podemos esperarlo– un mejor lógico, que podría haber superado la educación familiar y emanciparse. La cuestión no es esta. La cuestión es que cada uno de nosotros tiene suerte de estar vivo frente a un número hiper-astronómico de circunstancias en contra.

Tim Tebow debe su existencia no únicamente al rechazo de su madre a abortar. Debe su existencia al hecho de que sus padres tuvieron relaciones sexuales en un momento preciso, ni un minuto antes ni uno después. Además, antes de esto tuvieron que encontrarse y decidir casarse. Lo mismo puede decirse de sus cuatro abuelos, de sus ocho bisabuelos y así sucesivamente.

Los apologistas religiosos no se dejan impresionar por este tipo de argumentos, porque en primer lugar, dicen, hay una diferencia entre suprimir una vida que ya existe (como en un aborto) y dejar de concebir una vida (que no existe).

Sin embargo se trata de una distinción que el pensamiento analítico no soporta. Considerémoslo desde el punto de vista de, digamos, la hermana no nacida de Tim, que habría sido concebida dos meses después si Tim hubiera sufrido un aborto. Desde luego, no le es posible quejarse de su no-existencia. Pero si Tim hubiera sufrido un aborto tampoco él habría podido quejarse de su no-existencia. Se necesita un sistema nervioso para poder quejarse, arrepentirse o desear, o sentir dolor, o echar en falta la vida que se podría haber tenido.

Los niños no concebidos no tienen sistema nervioso. Los fetos abortados tampoco. Por lo que respecta a lo que aquí interesa, un feto abortado tiene exactamente el mismo status moral y mental que cualquiera de los innumerables billones de bebés no concebidos. Por lo menos, es cierto con respecto a los abortos tempranos, es decir, la gran mayoría.

El hecho de que el anuncio de Tim Tebow sea un montón de disparates no es una razón para prohibirlo. Esto iría contra nuestro querido principio de libertad de expresión. Lo mejor que podemos hacer el resto de nosotros, a pesar de no tener dinero para pagar este tipo de anuncios, es señalar a quien quiera oírnos que esto es un disparate. Exactamente lo que acabo de hacer.

(*) Ocupa la cátedra Charles Simonyi de divulgación pública de la ciencia en la Universidad de Oxford. Su último libro es Evolución. El mayor espectáculo sobre la Tierra. Estados Unidos. Artículo publicado en «Bitácora» de Montevideo.