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LICENCIA PARA LA COMPRA DE POLÍTICOS

Feb 1 2010

Por Hazel Henderson (*)

ST. AUGUSTINE, FLORIDA, Feb (IPS) La decisión adoptada por la Suprema Corte de Estados Unidos el 21 de enero pasado permite a las compañías donar dinero sin límites en política, anula 100 años de restricciones sobre los gastos de las corporaciones y causa una ulterior pérdida de reputación y de autoridad moral de la superpotencia en el mundo.

Con sus votos decisivos, John Roberts y Samuel Alito, los últimos dos jueces de la Suprema Corte nombrados por el anterior
presidente George W. Bush, han convertido a la institución en aliada de las grandes empresas.

El caprichoso parecer de la Suprema Corte sostiene que, así como la Primera Enmienda de la Constitución prohibe limitar la libertad de palabra, tampoco se deben poner límites al dinero que las empresas invierten en la política. El fallo implica que las corporaciones son «personas» equivalentes a los seres humanos.

Esta irreal opinión también equipara a las corporaciones con los sindicatos y no admite que estos últimos representan a personas reales mientras que las corporaciones son entidades jurídicas con propósitos de lucro.

Esta estrecha decisión (por 5 votos contra 4) permite el acceso a la política estadounidense de muchos inversores internacionales. Por ejemplo, el príncipe Alaweed bin Talal, de Arabia Saudita, es uno de los mayores inversores en Citibank y News Corporation, a su vez dueños del Wall Street Journal, TV’s Fox Network, Sky News y otros medios de comunicación. Fondos patrimoniales soberanos de Noruega, China, Singapur, Kuwait y otros paises podrán ahora influir en la política estadounidense como nunca antes.

Los constitucionalistas están horrorizados, lo mismo que el presidente Barack Obama, quien señaló: «la Suprema Corte ha dado luz verde a una nueva estampida de los intereses económicos particulares hacia nuestra política. Es una gran victoria para las
corporaciones petroleras, los banqueros de Wall Street, las compañías de seguros y otros intereses que se han coaligado para presionar sin descanso al gobierno y ahogan por completo las voces de los estadounidenses comunes».

Muchos críticos sostienen que los políticos que ganaron elecciones gracias a aportes empresariales deberían exhibir los logotipos correspondientes en sus ropas y en toda manifestación pública. Por ejemplo, debería decirse: «Senador de Microsoft o de Halliburton o de Coca-Cola o de Goldman Sachs».

Otros críticos han rechazado la idiotez de equiparar a las corporaciones con los seres humanos. «Si esto fuera verdad ¿no sería una forma de esclavitud poseer una corporación?» «¿Debería permitirse a las compañías portar armas y votar?»

Las corporaciones tienen ya la mayor parte de los derechos de los ciudadanos estadounidenses pero muy pocas de las
responsabilidades que les caben a las personas reales; son protegidas por leyes que limitan sus responsabilidades, gozan de vida perpetua y desde ya ejercen un enorme poder, evidenciado por su captación del apoyo de funcionarios y parlamentarios.

Los grupos de presión, en especial los de los grandes bancos, están combatiendo contra las necesarias reformas financieras. Los lobbyists de las compañías de seguros y farmacéuticas han desviado los proyectos de ley de reforma de la salud hacia la concesión de nuevos regalos masivos a las empresas del sector. A su vez, los grupos de presión de las compañías de energía han distorsionado proyectos de ley sobre el clima llevándolos a entregar montañas de dinero a las empresas de hidrocarburos y de energía nuclear. Y qué decir de la industria armamentista…

Lo absurdo del fallo de la Suprema Corte fue señalado por un miembro disidente del tribunal, el juez Stevens. «Aunque la democracia estadounidense es imperfecta, pocos, aparte de la mayoría de esta Corte, hubieran podido pensar que uno de sus defectos es un escaso aporte de dinero de las corporaciones a la política.»

En efecto, un grupo de empresas respondió con una carta abierta para objetar los «sablazos» de los candidatos de ambos partidos políticos a las corporaciones y manifestó haber optado por no participar en esta «carrera». Es de esperar que este liderazgo ejercido por compañías progresistas pueda ser fortalecido por inversores institucionales tales como los que siguen los principios de Inversión Socialmente Responsable de la ONU, que representan portafolios de 19 billones de dólares.

La cascada de dinero adicional que se derrama sobre la política y la publicidad en Estados Unidos acelerará el siniestro control de las corporaciones sobre el gobierno y los medios de comunicación, o sea una situación que lleva al fascismo, según una
definición clásica.

¿Cómo afectará esta toma de control sobre Washington por parte de las corporaciones a la reputación de Estados Unidos en el mundo? Desde ya la codicia y la cultura de obsesión por el dinero de Wall Street ha dañado al mundo entero y causado muchos millones de inocentes víctimas, hambre, pérdidas de empleos y de medios de sustento, además de provocar enormes daños ambientales.

Este fallo de la Suprema Corte causará a Estados Unidos una ulterior pérdida de prestigio. La arrogancia del unilateralismo
norteamericano ha significado agravios al resto del mundo desde la caída del Muro de Berlín. Pero este momento unipolar ha pasado.

Afortunadamente para la comunidad internacional otros países como India, Brasil y la Unión Europea están tomando el liderazgo
democrático. La irresponsable decisión de la Suprema Corte ha socavado los esfuerzos del presidente Obama para restaurar el
multilateralismo y le ha asestado un golpe a la democracia en Estados Unidos, además de sentar un pésimo ejemplo para el progreso de la democracia en todo el mundo. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) La economista Hazel Henderson (www.EthicalMarkets.com) es autora de Ethical Markets: Growing The Green Economy (2007) y coautora del ïndice sobre calidad de la vida Calvert-Henderson ( www.Calvert-Henderson.com).