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Alianza entre la Sudáfrica del Apartheid e Israel al desnudo

Jun 10 2010

Por Hannah Rubenstein

NUEVA YORK, jun (IPS) – Israel ofreció vender ojivas al régimen sudafricano del apartheid, según documentos desclasificados por un académico estadounidense. El entonces ministro de Defensa, Shimon Peres, actual presidente del estado judío, lo niega y arguye que la acusación no está basada en hechos reales.

El libro de Sasha Plakow-Suranksy, «The Unspoken Alliance: Israel’s Secret Relationship with Apartheid South Africa» («La alianza tácita: la relación secreta de Israel con el Apartheid de Sudáfrica»), presenta pruebas de primera mano de que Shimon Peres ofreció ojivas nucleares al ministro de Defensa, P. W. Botha en 1975.

Botha fue primer ministro desde 1978 hasta 1984 y presidente de ese año a 1989.

Plakow-Suranksy, editor de Foreign Affairs, rastreó más de 7.000 páginas de documentos del gobierno sudafricano, desclasificados a pedido suyo gracias a una ley de acceso a la información de ese país africano.

El gobierno israelí trató de impedir que él accediera a los documentos.

El grueso de su acusación se concentra en las actas de una reunión secreta entre Peres y Botha del 31 de marzo de 1975.

«Botha se mostró interesado en una cantidad limitada de unidades Chalet si tienen la cantidad correcta de carga disponible», señala el documento trascrito por el periódico inglés The Guardian.

Chalet es el nombre clave de los misiles balísticos Jericó, de Israel.

«Peres dijo que la carga correcta estaba disponible en tres tamaños. Botha se mostró complacido e informó que consultaría», prosigue.

Se estima que por «tres tamaños» de la «carga correcta» se refiere a armas convencionales, químicas y nucleares.

Israel nunca reconoció tener armas nucleares, pero se supone que tiene un importante arsenal. Los documentos desclasificados son las primeras pruebas de ello.

Tras el encuentro, el jefe del Estado Mayor sudafricano, el teniente general R. F. Armstrong, redactó un memorando con detalles sobre los beneficios para Sudáfrica de las armas nucleares.

«Al considerar los méritos de un sistema de armas como las que se nos ofrecen, se hicieron ciertas suposiciones: a) que los misiles se armarán con ojivas nucleares fabricadas en Sudáfrica o compradas», escribió Armstrong.

El acta de la reunión y el memorando constituyen pruebas directas del ofrecimiento de Israel a Sudáfrica, señaló Plakow-Suranksy.

Es una acusación inventada, sostuvo Peres, porque «no hay ningún documento israelí ni la firma de un funcionario en un documento sobre esa reunión». El autor basó sus conclusiones sobre «la interpretación parcial de documentos de Sudáfrica y no en hechos concretos y no hay datos reales para afirmar eso», añadió.

«Hasta que Peres pueda probar que no estuvo en la reunión, no creo que su argumento sea real», dijo a IPS el autor con motivo de la presentación del libro, publicado a fines de mayo, en el Consejo de Relaciones Exteriores.

El autor también accedió a un acuerdo militar secreto, conocido como Secment, sellado semanas antes del encuentro del 31 de marzo de 1975.

El documento señala que «la existencia misma de este acuerdo debe ser secreta y no debe ser divulgada por ninguna de las partes», que lo firmaron.

Sudáfrica, finalmente, no compro las ojivas a Israel, en parte debido al elevado costo, pero sí desarrollo armas nucleares. Es posible que haya recibido asistencia del Estado judío.

La colaboración militar en materia de tecnología entre los dos países está ampliamente documentada. «Prácticamente hasta poco antes de la asunción de Mandela» (1994-1999) como presidente, según Plakow-Suranksy.

El régimen racista del apartheid, que imperó en Sudáfrica hasta fines del siglo XX, ha sido varias veces comparado con la política de Israel hacia los palestinos, crítica que se acentúa tras el ataque del Estado judío a una flotilla que pretendía llevar suministros humanitarios a la franja de Gaza el 31 de mayo.

El ex presidente estadounidense Jimmy Carter (1977-1981) instaló el debate con el libro «Paz en Palestina, no apartheid», de 2006, en el que compara a los dos países y fue muy criticado por el lobby israelí.

Plakow-Suranksy realizó la misma comparación y remarcó las similitudes entre la construcción de asentamientos, las nuevas políticas sobre ciudadanía y la creación de condiciones que favorecen el hacinamiento. Pero lo más importante es su comentario sobre las futuras consecuencias del desproporcionado aumento de la población palestina en Israel.

Si la población palestina sigue creciendo al ritmo actual serán mayoría en Israel y los judíos la minoría. Como ocurrió en Sudáfrica, la minoría gobernará a la mayoría.

El autor califica de «inexacta» su comparación entre ambos gobiernos, pero asegura que «hay similitudes».

«Los funcionarios israelíes deberían considerarlo como una advertencia, no como una amenaza», señaló. (FIN/2010)