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Justificación teológica del monopolio nuclear

Jun 2 2010

Por Johan Galtung (*)

BRUSELAS, May (IPS) Hay tres cuestiones fundamentales referidas a las armas nucleares: el desarme-no proliferación, el peligro de su utilización y su significado teológico. Todas ellas muy complicadas. Sin embargo, hay un remedio universal, que consiste en resolver los conflictos subyacentes. Conseguir el desarme a través de la paz es mucho más fácil que lograr la paz a través del desarme.

Sobre la primera cuestión hay que considerar un posible tratado Estados Unidos-Rusia para destruir algunas de las 23.000 envejecidas armas nucleares «estratégicas» (genocidas), así como la «cumbre nuclear» de 46 países en Washington convocada por el Presidente Barack Obama para poner al seguro los materiales fisionables, la
conferencia de 60 países convocada en Teherán por el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad en demanda de la destrucción de todas las armas atómicas y la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Estonia sobre las 240 bombas «tácticas» estacionadas en Europa.

La tríada nuclear estadounidense (proyectiles nucleares en rampas de lanzamiento en tierra, en submarinos o en aviones) no ha sido tocada, ni tampoco las armas nucleares tácticas estacionadas en Europa ni el actual uso de uranio radioactivo agotado por parte de Estados Unidos, que causa una muerte lenta y atroz.

El anuncio del reciclaje para el desarme de algunas monstruosas armas viejas es solamente una movida de relaciones públicas. Almacenar uranio en Estados Unidos ­el zorro en el gallinero-, aunque fuera bajo la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), suena como un mal chiste. Es como una repetición de la
Guerra Fría, tal como Afganistán es una repetición de Vietnam.

La segunda cuestión, la de su utilización, incluye posibilidades catastróficas. En 1967 publiqué un ensayo para Pugwash en el que advertí sobre el traslado de bombas en valijas, escondidas por ejemplo en un velero, con
controles remotos, y sobre el chantaje con exigencias («Two Approaches to Disarmament», capítulo 3 de «Peace, War and Defense», Copenhague: Ejlers, 1976.

Este método es mucho más fácil que el de lanzamiento con misiles, cuyo remitente puede ser fácilmente identificado. ¿Quién podría ser el autor de una carta anónima con amenazas?

El atentado con explosivos en Oklahoma hace 15 años nos recuerda que los «expertos» acusaban al Oriente Medio, aunque dejaban sin indicar a cual país de esa región imputaban el hecho. Pero el origen del atentado estaba en el Oeste Medio de Estados Unidos. El culpable, Timothy McVeigh aprendió lo que es la violencia extrema como
soldado norteamericano en la masacre de la Guerra del Golfo de 1991 y se sintió trastornado por la matanza de Waco de dos años antes. Fue ejecutado en 2001. Pero su muerte no constituye un disuasivo contra los que cometen atentados suicidándose con bombas. Y hay muchos dispuestos a ello.

La tercera cuestión -la teológica- que presenta un obstáculo para el desarme es el «problema de la divinidad». Dios usa la fuerza extrema para castigar a los paganos, por ejemplo con plagas. Mandó plagas a Egipto para se que dejara salir a los judíos. Las bombas nucleares actúan de la misma manera. Pueden ser usadas para castigar a
los japoneses (que ya habían capitulado), haciéndoles ver cuál Dios es más poderoso. Ellas confirman la divinidad en sus poseedores. Por lo tanto, otorgar poder divino a los «salvajes» es peor que la proliferación: es una profanación.

Siguiendo esa lógica, solamente Estados Unidos debería tener bombas nucleares, pero también, en segundo lugar, es permisible que las posean algunos países cristianos aliados. Es asimismo aceptable que haya bombas israelíes, teniendo en cuenta los lazos judeo-cristianos. Ahora que ya no existe el bolchevismo, incluso una bomba cristiana ortodoxa podría ser tolerable.

¿Una bomba confuciana? Sospechosa. ¿Una bomba hindú (fue producida en 1998 con el nombre en código «El Buda ha sonreído»)? Polémica. Una «bomba budista» es un oxímoron, pero ¿una bomba sintoísta? También problemática, porque quizás podría entrañar una búsqueda de revancha de los japoneses.

Pero el verdadero problema en un Occidente incapaz de respetar al Islam es una bomba islámica. Y lo que parece peor que un Estado islámico nuclear -Irán- es un no-Estado islámico, uno que afirma estar tan cerca de lo divino como ningún otro lo está: Al Qaeda («la base»), está empeñado en proteger los lugares sagrados de La Meca, Medina y Jerusalén y en castigar a los intrusos infieles, por ejemplo con los ataques del 11 de septiembre en Nueva York.

¿Existe una vía para librarnos de la amenaza para la humanidad que representan las armas nucleares? Las mujeres inglesas, por ejemplo, jugaron un papel significativo en oponerse a la esclavitud y finalmente, en 1807, lograron su abolición. Este ejemplo puede servir de inspiración. Señoras de Inglaterra ¡junten fuerzas con ese gran regalo, el liberal Nicholas Clegg, cuyas ideas en el tema nuclear podrían serles útiles! ¡Por favor, jueguen ahora un papel importante en la lucha por la abolición de las armas nucleares! (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*)Johan Galtung, profesor de Estudios sobre la Paz y fundador de TRANSCEND, organización dedicada a la pacificación y el desarrollo.