General

Una política del miedo para arruinar a los europeos

Jun 10 2010

Por Carlos Enrique Bayo*

09 Jun 2010- En las elecciones generales de Holanda, el primer país de la Eurozona que acude a las urnas tras la debacle griega, las fuerzas neoliberales han salido enormemente reforzadas por el pánico de la población a la crisis financiera que ellas mismas provocaron.

Después de haber hundido la economía global dando rienda suelta a la más salvaje especulación –que llamaron “libertad de mercado” y endiosaron como única vía verdadera hacia la prosperidad–, esos mismos profetas de la derecha más dura consiguen convencer ahora a los electores de que sólo ellos atesoran las recetas para salvarlos de la ruina.

Atemorizados por el fantasma de una nueva gran depresión que ellos no sufren, los holandeses se han resignado a entregar el poder a los que les prometen sacrificar su Estado del bienestar (mutilando las conquistas alcanzadas en un siglo de luchas obreras y movilizaciones sociales) en aras del continuo enriquecimiento de los magnates que amenazan con derribar divisas y socavar naciones si no se acepta su chantaje. Porque los electores –y no sólo los de Países Bajos– han llegado a creerse culpables de la quiebra del sistema de casino global: el hundimiento (según esa falacia) no se debe a las desaforadas apuestas de los fondos de alto riesgo y las entidades bancarias, sino a la elevada deuda contraída por los gobiernos… precisamente para rescatar a esos responsables del desastre.

Así que ahora hay que abrazar de nuevo los dogmas del capitalismo más implacable –ese mismo que todos decían que había que refundar cuando nos llevó al crash–, expoliar a los más débiles, negar la entrada a los inmigrantes (Wilders incluso quiere cobrar un impuesto por llevar pañuelo islámico) y eliminar asistencia y ayudas a todos… los que no sean grandes corporaciones. Una política del miedo para arruinar los logros de las sociedades europeas.

*Redactor-jefe de sección internacional de “Público” de Madrid. Ha sido corresponsal en Moscú (1987-1992) y en Washington (1992-1996). Enviado especial en los conflictos de Afganistán, Camboya, Oriente Próximo y Armenia-Azerbaiyán.