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¿Qué pasa en la tierra de la tolerancia?

Mar 26 2012

Paul Scheffer – NRC Handelsblad
Los que sigan un poco las noticias sobre Países Bajos desde el extranjero saben que ahora mismo giran en torno a una sola pregunta: “¿Qué le ha sucedido a este país tolerante?”. Este interrogante denota una decepción sincera, pero también lleva a adoptar un nuevo cliché. Al igual que antes todos los corresponsales escribían sobre la libertad aparentemente ilimitada en el país de los tulipanes, ahora se buscan ejemplos que ilustren el espasmo que sufre el país.

Y no es muy difícil, pues los ejemplos son numerosos. El más destacado es el reciente “sitio de denuncia” de los polacos, el sitio web creado por el Partido de la Libertad que insta a denunciar los comportamientos de los inmigrantes que resultan molestos. ¿Hay alguien realmente en las altas esferas gubernamentales que se moleste en leer la deprimente serie de artículos en las páginas Beschwerdeportal, Ost-Pranger, L’appel à dénoncer les migrants, la anti-Polish hotline o la Dutch anti-immigration? Y sólo menciono sitios web en alemán, francés e inglés.

La indignación en otros países como es evidente se relaciona en parte con sus propios intereses. Los diez embajadores de países de Europa Central y Oriental que en una carta abierta censuraron este sitio web, tendrían por su parte bastantes cosas que explicar sobre los derechos de las minorías en sus propios países. En lo que respecta al Parlamento Europeo, se puede decir: cuanto más modesta sea la influencia, más fuertes son las palabras. Por otro lado, existen problemas reales relativos a la libre circulación de personas en Europa, más aún desde que se unieron Rumanía y Bulgaria.

Un país dividido

Todo esto es cierto, pero mientras, la mancha sobre la alfombra sigue extendiéndose. Es algo de lo que el primer ministro Rutte no parece ser consciente. En Bruselas y otros lugares ahora se tiene la impresión de que no se nos da mal mentir a La Haya sobre la influencia real de Wilders en el Gobierno [al que apoya sin participar en el mismo].

Este asunto no es un caso aislado. La crisis de las caricaturas [danesas] ya lo demostró: los conflictos entre Gobiernos aumentarán en función de lo que ocurra dentro de las sociedades nacionales. La publicación de las caricaturas de Mahoma generó una serie de reacciones en Oriente Próximo. Y al contrario, los conflictos en el extranjero tendrán cada vez más repercusiones en nuestras ciudades, como volvió a suceder la semana pasada tras el atentado contra una mezquita en Bruselas, relacionado con la guerra civil en Siria.

Las fronteras cada vez más tenues entre nuestro país y el extranjero, donde la inmigración desempeña una función crucial, exigen una diplomacia activa. El Gobierno anterior [la coalición entre cristiano-demócratas y social-demócratas dirigida por Jan Peter Balkenende] estaba más atento a esta cuestión. Cuando Wilders publicó [en 2008] su película Fitna sobre el islam, las consecuencias perjudiciales se encauzaron de un modo sutil. Se logró atenuar la amenaza de reacciones violentas en Oriente Próximo mediante una serie de iniciativas, en las que participaron también una serie de personalidades de primer nivel de la comunidad musulmana.

Una diplomacia de este tipo sólo es eficaz si se basa en un consenso razonable. El molesto silencio de Rutte muestra al mundo exterior un país dividido. Existen diferencias de opinión fundamentales sobre la inmigración entre los partidos que apoyan al Gobierno, y el desacuerdo dentro de la mayoría no ha dejado de aumentar en los últimos años.

¿Es el Islam una religión o una ideología política?

Al principio era una cuestión sobre el carácter del Islam: ¿es una religión o una ideología política? Esta discordancia aún se podía conjurar con un acuerdo para discrepar. Ahora, la divergencia de opinión afecta al núcleo de la integración europea: la libre circulación de personas. El “sitio de denuncia” da a entender que no estamos obligados a tratar a todos los ciudadanos de la Unión por igual y sus creadores consideran que la apertura de las fronteras es un gran error.

Esto oculta una diferencia aún más sustancial en el concepto sobre la inmigración. Cuando los políticos del Partido de la Libertad (PVV) proponen que se siga calificando como alóctona a la tercera generación, es decir, a los nietos de los que llegaron en primer lugar, implica una elección evidente. Quiere decir que los recién llegados y sus descendientes, que en 2025 representarán alrededor de un cuarto de la población, jamás podrán formar parte realmente de la sociedad.

El sitio web de denuncia y el silencio de Rutte demuestran una creciente división. La condena del Parlamento Europeo es preocupante, pero lo más penoso es la timidez de los partidos de centro, incluidos los de la oposición. Estos últimos no siempre logran sostener un discurso que aporte una visión de futuro sobre la economía y la simbología de una sociedad de inmigración. En diez años se ha dicho todo sobre la integración, pero seguimos sin lograr salir del estancamiento político.26 marzo 2012

*Paul Scheffer (nacido en 1954) es filósofo y profesor de urbanismo en la Universidad de Ámsterdam. Antiguo corresponsal en París y Varsovia, escribe regularmente artículos de opinión para la prensa neerlandesa.

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