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El crepúsculo de los intelectuales

Mar 29 2012

Mircea Cartasrescu* – Evenimentul Zilei
Bucarest – Me pregunto por qué la sociedad rumana produce personalidades tan discordantes… He viajado a muchos lugares y he vivido varios años en algunos países occidentales. Pero no puedo decir que conozca estos mundos tan bien como Rumanía, que conozco como la palma de mi mano.

Sin embargo, puedo decir que en ningún otro lugar emerge a la superficie de la sociedad tanta negatividad, tantas almas heridas y con ganas de vengarse de todo, de los demás, de ellos mismos o de la vida.

Esto no significa que el pueblo rumano no sea armonioso en sí mismo. Siempre he sostenido que nuestro pueblo está integrado por un gran grupo de personas sensatas, buenas e inteligentes, pero cuya voz no llega a calar ni a hacerse escuchar.

En cambio, contamos con una pequeña fracción muy vocal, una masa cacofónica de personas con problemas evidentes de posicionamiento con respecto al mundo.

Monstruos egoístas

Este grupo es el que sorprende. Y no sólo nos extraña a nosotros, los rumanos, sino también a los que nos visitan o entran en contacto con nosotros por primera vez, en nuestro país o en el extranjero.

Esos rumanos dan la impresión de que todos somos iguales. Son los que desprecian la ley, porque desprecian a las personas. Son monstruos egoístas.

Son ellos los que cambian sin pestañear el blanco por el negro y el negro por el blanco. Los encontramos en todas partes: en la vida política, entre las «estrellas» de televisión, en los foros, en los estadios, entre los vecinos.

Llega un momento en el que no podemos evitar preguntarnos por qué y cómo nuestra sociedad produce tanta grosería, violencia extrema, física y verbal, tanto sexismo, racismo y todos los demás ingredientes que van de la mano.

Históricamente, pienso que las raíces de este fenómeno son muy profundas. Es evidente que en la historia moderna el comunismo desempeñó una función esencial. Con el cambio social que produjo, también provocó un enorme cambio de mentalidad: difundió el odio de clase, destruyó la frágil capa de civilización de la que disfrutábamos, llevó al poder a gentes sin educación e incivilizados.

Hoy, sus herederos utilizan el derecho de expresión, quizás la mayor conquista de la era post-decembrista [la Revolución de diciembre de 1989, que marcó en fin de la época comunista], como un temible trampolín. Todos recuperaron la voz, pero a los que más se escucha son a los crueles, a los de la voz estridente.

Un entorno inculto y bárbaro

Vemos todos los días cómo cazan a grandes hombres de la cultura, como a ciervos acorralados por una jauría de lobos, personas que no tienen ni la autoridad moral ni la competencia para hacerlo.

Personas que no les leen, que los odian a muerte porque ven en su popularidad su propio fracaso humano y profesional.

Del mismo modo, vemos cada día cómo un reducido grupo de personas, mediante la injuria y el mando, expulsan de los debates a la gente civilizada a la que le habría gustado emplear la libertad de expresión para intercambiar con calma sus ideas.

Actualmente, en Rumanía se erige para llegar al poder, no la clase media, educada y activa con la que todos soñamos, sino un nuevo populismo [últimamente han surgido en Rumanía varios partidos populistas como el PPDD, el Partido del Pueblo], junto al que el populismo del último decenio sólo parecerá un movimiento de aficionados.

Nadie debería alegrarse por el crepúsculo de los intelectuales. Significa el ocaso de la educación y la transformación de nuestro mundo en un entorno inculto y bárbaro. Ya no leemos ni pensamos, dejamos que las cadenas de televisión decidan lo que nos gusta y lo que no. Tenemos la sensación amarga de haber dejado escapar la gran oportunidad de la democracia, de haber distorsionado esta idea, como lo hicimos con la igualdad en la época del comunismo.29 marzo 2012

*Nacido en Bucarest en 1956, es el autor rumano más traducido en el mundo. A la vez que escritor (‘Por qué nos gustan las mujeres’, ‘El Levante’…) publica una crónica en el diario Evenimentul Zilei y da clase en las universidades de Bucarest, Berlín y Viena

Anexo
Debate: Los intelectuales ya no son contrapeso de los populistas
«¿Quién consigue más votos? ¿Los intelectuales o los populistas?», se plantea Qmagazine. Ahora, en Rumanía, señala la revista, «el político populista tiene más peso que el intelectual; los cálculos mezquinos y la manipulación del electorado reemplazan al programa de Gobierno, y la palabrería sustituye a la cultura política».

En este contexto, y conforme se acercan las elecciones municipales del 10 de junio, el debate político toma un cariz «monstruoso, con ataques que superan el límite de lo decente», en lugar de ceñirse «al plano de estrategias, programas e ideas». Esto provoca «el hastío de la gente», lo que augura una alta tasa de abstención. Y ésta, según adelanta la revista, refrendará «un discurso agresivo dirigido contra los intelectuales que recuerda mucho a la retórica del Partido Comunista».

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