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Los biocombustibles no alimentan

Mar 16 2012

Stefano Valentino- La Repubblica

Imaginen la superficie de Suiza, de cuatro millones de hectáreas, totalmente cubierta de plantaciones destinadas a abastecer a los coches y a las centrales eléctricas. Es la suma de los terrenos explotados actualmente en África por los occidentales para la producción de biocarburantes. A la cabeza se encuentran los británicos, con el récord de 1,6 millones de hectáreas de tierras cultivadas, seguidos por los italianos, los alemanes, los franceses y los estadounidenses.

Han apostado por las previsiones anunciadas en 2004 por el Copernicus Institute de Ámsterdam. Si se desarrolla el mercado de la bioenergía, el continente que posea la mayor cantidad de tierras cultivables a un precio módico se convertirá en el mayor productor mundial. Los 807 millones de hectáreas de tierras vírgenes del suelo africano son quince veces superiores a lo necesario para satisfacer las necesidades de biocarburantes de los próximos veinte años.

La legislación europea ha impulsado la demanda de biocombustibles

Lo que ha impulsado la demanda de biocombustibles ha sido sobre todo la legislación europea. Desde 2011, las estaciones de servicio de los Estados miembros de la UE han tenido que aumentar progresivamente los porcentajes de los combustibles con bajo contenido de Co2: bioetanol para la gasolina y biodiésel para el gasóleo. El objetivo final es llegar al 10% de aquí a 2020. Las nuevas normas tienen como objetivo tanto reducir las emisiones de gases de efecto invernadero como la dependencia del petróleo, para sustituirlo por combustibles obtenidos de materias vegetales. Pero Europa no posee bastantes terrenos cultivables para producir suficientes biocombustibles.

Según el Institute for European Environmental Policy [Instituto para la Política Medioambiental Europea] de Londres, el ambicioso objetivo de alcanzar el 10% de biocombustibles supondrá tres veces más de importaciones de estos últimos. Los suministros actuales procedentes de Asia y de Latinoamérica ya no serán suficientes. De este modo, África surge como el nuevo Eldorado del «petróleo verde»: un carburante extraído principalmente de una planta originaria de América Central, la jatrofa, cuyos granos contienen un aceite con el que se produce un diésel ecológico.

Hemos analizado alrededor de 90 proyectos llevados a cabo en más de 20 países africanos por 55 empresas, la mayoría europeas. Alrededor de 2,8 millones de hectáreas se destinan al cultivo de la jatrofa, más de dos tercios del total. Y pensar que hace cuatro años, la organización WWF preveía que se llegaría a los 2 millones de hectáreas en 2015…

Si el cultivo de la jatrofa es tan prolífico, es entre otros motivos porque el biodiésel representará en el futuro el 71% de las importaciones de biocombustibles de la UE. También es consecuencia de la progresiva «dieselización» del transporte por carretera. Varios inversores establecidos en África esperan obtener una certificación sobre la sostenibilidad medioambiental de su aceite de jatrofa, según lo exigido por la directiva europea sobre energías renovables.

El total de hectáreas es la punta del iceberg

Sin embargo, el número total de hectáreas es tan sólo la punta del iceberg. No se tienen en cuenta los proyectos locales ni las grandes concesiones obtenidas por otros países: China, pero también otros dos colosos, Brasil y Malasia. Estos países, a la cabeza en materia de cultivos para biocombustibles en África, se preparan para exportarlos al Viejo Continente en el momento en el que el aumento de los precios del petróleo y la anulación de los derechos de impuestos aduaneros de la UE sobre los productos agrícolas locales hagan que sus productos se vuelvan muy competitivos.

Por otro lado, un gran número de Gobiernos africanos fomentan la inversión extranjera. Doce de ellos ya han firmado la carta que se conoce como ‘OPEP verde’, una iniciativa que defiende la producción y el uso local de los biocombustibles para reducir las costosas importaciones de petróleo. El objetivo es obtener grandes ahorros para reinvertirlos en la consolidación de la agricultura y de la autosuficiencia alimentaria.

Según un informe de International Land Coalition, el 66% de las tierras adquiridas en África se destina a la producción de biocombustibles, en contraposición a sólo un 15% destinado a la producción de alimentos.

Según este mismo informe, el conjunto de la superficie ocupada por los biocultivos rozaría los 19 millones de hectáreas. A nivel mundial, la sustitución de los cultivos alimentarios por plantaciones energéticas ha contribuido al aumento drástico de los precios de los productos alimentarios durante las hambrunas de 2008. Era lo que faltaba para que las organizaciones humanitarias atacaran con virulencia a la bioenergía.

La sostenibilidad de los pequeños proyectos

Por su parte, los inversores juran que la jatrofa, que crece fácilmente en las zonas áridas del planeta, inadaptadas a la agricultura, es la respuesta a las críticas de la sociedad civil. No obstante, una serie de estudios de la FAO, así como valoraciones y experimentos sobre el terreno demuestran que la jatrofa necesita más agua de lo previsto para responder a las necesidades de la producción comercial, y que a menudo sustituye a los bosques, lo que pone en duda su sostenibilidad.

Para salvar su reputación y limitar los riesgos económicos, muchos inversores se interesan por proyectos locales, mientras esperan que lleguen mejores tiempos para la exportación. «Como consecuencia de la crisis financiera, la mayoría de los grandes monocultivos de jatrofa han perdido tanto su atractivo como sus patrocinadores”, concluye Meghan Sapp, secretaria general de la red de fomento de la sostenibilidad Partners for Euro-African Green Energy, cuya sede se encuentra en Bruselas. En su opinión, “la UE debería aprovechar para financiar sobre todo proyectos menos ambiciosos dentro de su programa energía sostenible para África».

Industria de biocombustibles

Con el fin de respetar las normas sobre el desarrollo de combustibles con bajas emisiones de carbono, los europeos se disputan los millones de hectáreas de tierras africanas en las que cultivar las plantas destinadas a la producción de biocombustibles, en detrimento de los cultivos destinados a la alimentación, según denuncian las ONG.

La basura doméstica y de oficina es el futuro

Según el bloguero de The Guardian Damian Carrington, presente en la conferencia del Mercado Mundial de Biocombustibles, celebrada en Rotterdam entre el 13 y el 15 de marzo, la industria cree que la basura doméstica y de oficina será la fuente de biocombustible con más proyección en 2012.

En una rápida encuesta in situ sobre las fuentes de la «futura generación» de biocombustibles (excluidos los de alimentos, como el maíz o el azúcar) “los desechos sólidos municipales son la elección del 26%, seguido de un 24% que se decantan por los cereales no comestibles como la jatrofa y el pasto”. Aunque se encuentren una fase muy temprana de desarrollo, las algas obtuvieron el respaldo del 21%. Carrington también añade que

El 16% de los encuestados cree que los materiales de celulosa son los que tienen más futuro, lo que no pasa desapercibido para Christian Morgen, director general de la fábrica de Inbicon en Dinamarca, actualmente la mayor del mundo. Me dijo que transforman la paja de trigo en etanol, que se mezcla con petróleo y ahora se vende en 100 gasolineras. Además se vende en bolas que reemplazan al carbón en las centrales eléctricas y también como una melaza que se convierte en gas por digestión anaeróbica. Algo sorprendente en un material que de otra manera serían empleado para que sobre ellos durmieran los caballos.

Teniendo en cuenta fuentes de este sector que anticipan que los biocombustibles crecerán hasta ser un 25% de los combustibles en 2030, Carrington señala que el precio récord del petróleo es “un motivo de optimismo”,

Un precio por las nubes del petróleo puede suponer un buen despegue para el ‘boom’ de los biocombustibles, sin tener que recurrir a los subsidios que normalmente necesitan las nuevas tecnologías en sus comienzos.

15 marzo 2012

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