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Luchas chinas

Mar 16 2012

Editorial – El País

La destitución de Bo Xilai revela peleas internas ante la sucesión en el liderazgo

El mundo está expectante, porque nos afecta a todos, ante dos procesos políticos de primer orden que se producirán en el otoño en las dos principales economías del mundo: la elección democrática del presidente de Estados Unidos, y el relevo generacional a la cabeza del autoritario sistema político chino. Como es habitual, la sucesión en China no está resultando libre de conflictos.

Bo Xilai, un dirigente que, desde la izquierda del sistema y con una retórica maoísta, se postulaba para ser uno de los nueve en entrar en octubre en el poderoso Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista Chino, ha sido destituido de su cargo al día siguiente de que el primer ministro, Wen Jiabao, le señalara con el dedo. En la destitución del populista jefe del partido en la municipalidad de Chong-qing, con más de 30 millones de habitantes, que había recuperado la retórica maoísta, ha debido pesar el intento de defección a EE UU de su jefe de la policía local, que se supone que contribuyó en un plan contra la mafia local, aunque la realidad parece mucho más oscura.

Wen alertó de que si China no lleva a cabo la “reforma estructural política” que necesita, y que se guardó de precisar, su futuro social y económico quedará en entredicho, lo que, en sus palabras podría llevar a una nueva Revolución Cultural, que es como decir al caos. Wen, del ala más liberal del actual liderazgo, no disimuló los problemas que tiene China, desde una desigualdad pavorosa a una profunda corrupción, así como conflictos sociales que se multiplican. El aviso de Wen está más que justificado. Si China quiere liberar las fuerzas de la innovación económica que necesita, tendrá que abrir la mano también en la política. De hecho, aunque el Gobierno solo las haya rebajado en medio punto, del 8% al 7,5%, las perspectivas de crecimiento económico de China han empeorado algo, con, además, una inflación y unos salarios al alza, lo que puede empezar a mermar su competitividad y alentar el conflicto social.

Las facciones que compiten no coinciden en su visión del futuro para China, lo que genera incertidumbre en el país y en la economía mundial. Aunque parece bastante seguro que la transición ha de llevar al poder a la llamada Quinta Generación, con el relevo de Hu Jintao por el actual vicepresidente Xi Jinping, las palabras de Wen y la destitución de Bo son una señal de que en los meses venideros las luchas internas en el régimen van a ser descarnadas.

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