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Sur disperso en batalla por presidencia del Banco Mundial

Abr 2 2012

Por Emilio Godoy
MÉXICO, 2 abr (IPS) – El mundo en desarrollo tiene la ocasión de aprovechar el proceso sucesorio de la presidencia del Banco Mundial para ganar mayor peso en ese organismo multilateral y promover cambios en su funcionamiento interno.

Tres candidatos compiten por el sillón que ocupa el estadounidense Robert Zoellick desde julio de 2007 y que dejará vacante en junio.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, propuso al médico Jim Yong Kim, sudcoreano nacionalizado estadounidense, mientras Brasil impulsa al economista colombiano José Antonio Ocampo. Nigeria, Angola y Sudáfrica postularon a la ministra nigeriana de Finanzas, Ngozi Okonjo-Iweala.

El ganador de esta contienda se conocerá antes del inicio, el 20 de abril, de las reuniones de primavera del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI).

«La selección es una prueba de fuego para la transparencia del Banco, vamos a ver si es abierta y transparente. Es importante que se respeten las reglas de juego de que se basarán en los méritos de los candidatos y no en el poder de voto» que tienen los países en la institución, dijo a IPS el colombiano Ocampo, profesor en la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la estadounidense Universidad de Columbia.

Este economista de 59 años fue ministro de Agricultura entre 1993 y 1994 y de Hacienda entre 1996 y 1998, cuando pasó a la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. En 2003 fue investido secretario general adjunto para Asuntos Económicos y Sociales de la Organización de las Naciones Unidas, cargo que ocupó hasta 2007.

«El creciente peso de las economías emergentes es un tema fundamental a tener en cuenta en todos los órdenes de gobernanza mundial. El principio básico es que todos los miembros tienen derecho a presentar candidaturas. La cooperación al desarrollo puede ser un criterio para tener mayor voz y voto en los organismos», planteó Ocampo.

En un acuerdo tácito, Estados Unidos y la Unión Europea se reparten las jefaturas del Banco Mundial y del FMI. Desde la fundación del Banco, en 1944, todos sus presidentes han sido estadounidenses, y el proceso actual no sería la excepción.

América Latina tiene el precedente de 2011, cuando el mexicano Agustín Carstens compitió por la dirección del FMI, que finalmente quedó en manos de la francesa Christine Lagarde.

Obama rompió la tradición de postular a un político o a un banquero, pues Kim es médico y antropólogo y funge como director de la universidad estadounidense Dartmouth College.

«Es tiempo de que al Banco Mundial lo dirija alguien con una visión diferente, que pueda estar más preocupado por los problemas reales del mundo en desarrollo», declaró a IPS el profesor Clemente Ruiz, de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El catedrático criticó que los países en desarrollo no hayan buscado un consenso para lograr un peso mayor en el Banco. «Eso da una debilidad en este proceso. Hay que formar coaliciones y sumar apoyos y no veo que se haya hecho ese trabajo previo», analizó.

El Convenio Constitutivo del Banco, cuyo objetivo es reducir la pobreza, estipula que el Directorio Ejecutivo está formado por 25 representantes de los 187 países miembros.

Los cinco países con mayor cantidad de acciones designan a otros tantos directores ejecutivos, mientras los demás miembros eligen a los otros 20. A su vez, el Directorio Ejecutivo elige al presidente del Banco.

Alemania, Arabia Saudita, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, India, Italia, Japón y Rusia concentran casi la mitad del poder de voto. Una reforma de 2011 amplió las acciones, y por tanto los votos, de Brasil, China, Corea del Sur, México y Turquía.

En ese contexto, la competencia por la presidencia se avizora intensa y la existencia de tres candidaturas denota que los países prestatarios no se centran enfáticamente en la dirección del Banco o bien se dividen ante una postulación en particular.

Además, resultan evidentes los intereses divergentes de potencias emergentes, como Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), que postergaron para 2013 su decisión de crear su propio banco de desarrollo.

Sea cual fuere el presidente «electo, se necesita un entendimiento de la necesidad de un cambio económico, social y ambiental y de gobernanza democrática», comentó a IPS una fuente del no gubernamental Bank Information Center, con sede en Washington.

Esta organización y otras 12 del continente americano promueven desde 2010 cambios en la estrategia del Banco para que en sus políticas y en los proyectos que apoye tome en cuenta los derechos de las comunidades, las energías verdes y la transparencia en la elaboración, ejecución y rendición de cuentas.

Además, impulsan que la institución financiera priorice el acceso energético equitativo y sostenible, y evalúe los efectos históricos, actuales y futuros, de su financiación en el ambiente, el clima y las comunidades intervenidas.

«El Banco Mundial necesita ser guiado hacia una estrategia energética de bajo carbono que aumente el acceso a energía de los más pobres, fuertes estándares ambientales y sociales que promuevan la sustentabilidad y eviten proyectos dañinos y una mayor participación comunitaria», reclama BIC.

A juicio de Ocampo, el Banco tiene «una gran cantidad de desafíos de corto y largo plazos. Hay que repensarlo, hay una buena oportunidad para enrutarlo en la dirección apropiada».

Paradójicamente, Ocampo no es respaldado por el gobierno de Colombia. El presidente de ese país, Juan Manuel Santos, prefiere promover al vicepresidente Angelino Garzón a la secretaría general de la Organización Internacional del Trabajo. Además, otro colombiano, Luis Alberto Moreno, preside ya una institución financiera multilateral, el Banco Interamericano de Desarrollo.

«Vamos a vivir en un mundo donde el comercio internacional será menos dinámico y que obliga a pensar en la innovación a todo nivel. ¿Cómo pueden los países desarrollados invertir en innovación para aumentar la productividad y la competitividad? ¿Cómo incrementar el empleo si la economía no se reactiva?», planteó Ocampo.

Para Ruiz, «hay una agenda internacional del desarrollo, entonces el Banco Mundial tendría que pensar en apoyar e impulsar de una manera amplia esa consecución. No tengamos muchas agendas, hagamos algo pragmático en torno a un tema en el cual todos están de acuerdo y comprometámonos a que las cosas sucedan».

Uno de los aspectos relevantes de la gestión de Zoellick fue la transformación de la Política de Acceso a la Información, que aplicó mecanismos de solicitud más claros y amplió el flujo de información difundida. (FIN/2012)

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