General

La UE, una momia socialista

Jul 18 2012

Jarosław Mulewicz – Rzeczpospolita Varsovia

Europa no padece la enfermedad de Parkinson. Es una víctima de la ley de Parkinson. Cuando una empresa u organización cuenta con más de 500 empleados o miembros, ya no necesita ingresos, beneficios ni clientes. Lo que importa es su propia burocracia y sus procedimientos internos, que es lo que mantiene ocupados a los empleados. Esto ocurre en las empresas y también en la Unión Europea, o la Momia Europea, como la denominan los entendidos.

Castillos en el aire

La UE cada vez se necesita más a sí misma. Ha estado trabajando cada vez menos para el crecimiento económico y para los ciudadanos y más para sí misma y sus propios funcionarios. Los procedimientos y normativas que aprueba son cada vez menos necesarios y en lugar de facilitar los negocios, los dificultan.

Globalmente, la UE se está volviendo cada vez menos competitiva económicamente. Los Estados miembros no tienen dinero para financiar su burocracia y el gasto público, por lo que se endeudan sin cesar ya sea internamente (Bélgica, Alemania, Países Bajos, Francia) o externamente (Irlanda, Portugal, España, Italia, Grecia).

La UE jamás reduce su propio presupuesto y además exige más fondos para su ejército de eurócratas. Los mecanismos existentes del funcionamiento de la UE han ido degenerando, lo que significa que la Unión ya no es una promotora del crecimiento económico. Con las reformas propuestas en forma de una mayor integración política, la mutualización de las deudas y una política de estímulo del crecimiento a costa de un déficit aún mayor, sólo se conseguirá aumentar el ejército de funcionarios y se producirán miles de nuevas normativas que dificultarán los negocios aún más.

Nadie quiere acordarse de la historia reciente, cuando la liberalización del mercado en Polonia en 1989 produjo un auge económico sin precedentes. A lo que aspira hoy Europa es al socialismo, al monopolio estatal sobre todas las cosas, al pleno empleo artificial, sobre todo en la administración y en el sector público y, por último, al racionamiento de todo.

Voto por aclamación

Para que todo esto no suene a falso, veamos algunos ejemplos. Para explicar este fenómeno, hablaré del que conozco más. Uno de los organismos oficiales de la UE es el Comité Económico y Social Europeo, que supuestamente se encarga de revisar las decisiones de la UE en nombre de la sociedad civil. ¿Cómo se traduce en la realidad esa idea legítima de la supervisión civil?

A los miembros del Comité los nombran organizaciones no gubernamentales, empleados y empresarios y son designados por el Consejo tras las nominaciones realizadas por los Gobiernos de los Estados miembros. La mayoría de los miembros en realidad son miembros de organizaciones que representan a los indicados anteriormente. Por ello, es difícil encontrar una persona que pertenezca realmente al mundo de los negocios en el grupo de los empresarios, o a un trabajador de verdad en el grupo de los empleados, o a un activista social en el grupo de la sociedad civil. Muchos miembros sirven durante numerosos mandatos, que en algunos casos llegan a ser de varias décadas. El mayor tiene ochenta y nueve años.

Una votación reciente en el grupo de empresarios se realizó por aclamación. Cuando pregunté si un representante del grupo de empresarios era o había sido un hombre de negocios, me contestaron que no, pero que entendía muy bien el espíritu empresarial.

De forma similar, un representante del grupo de empleados afirmó que nunca había sido un empleado. Cuando le pregunté si podían cambiar de puestos, me dijeron que no sería muy complicado.

Cobro por trámite

Son precisamente estos funcionarios de las organizaciones de empresarios, de empleados y de las organizaciones no gubernamentales los que nos representan a nosotros, la sociedad civil. Como funcionarios, sus sueldos superan ligeramente la media de la UE. ¿Qué les ofrece la UE? La asignación por sesión es de 233 euros. Lo único que tienen que hacer es firmar una lista y luego pueden desaparecer, una costumbre extendida entre algunos miembros.

Una vez a la semana, reciben 1.084 euros en concepto de reembolso por costes de viajes. A esto se añade una asignación diaria de 30 euros por alojamiento, que se duplica para las sesiones celebradas fuera de Bruselas y muchos otros beneficios (descuentos en el comedor, club de fitness, servicios médicos). En general, se pueden ahorrar hasta ocho mil euros al mes libres de impuestos.

Los miembros en activo pueden lograr mucho más. Sólo tienen que asistir al máximo de sesiones posibles. ¿Qué se necesita para asistir con más frecuencia? Cientos de nuevas normativas para revisar, así como sus propias opiniones. Cuantas más leyes se creen, más ganan. Hace siete años, se presentó en la oficina del presidente José Manuel Barroso una iniciativa para simplificar el proceso de creación de leyes y fue aplaudida por todo el mundo. Pero puntualizaron «Eso sí, no en mi sección, grupo de trabajo o subcomité».

Todo el mundo es feliz

Esta situación se repite en toda la UE. Se emplea a funcionarios y ganan más dinero presentando nuevas normativas. Una media de cien mil normativas en diez años, lo que significa diez mil al año. Es como si dijeran “¿qué nos queda por echar a perder?”.

Existe un impulso de regular todo. El cumplimiento de las nuevas normativas, tanto en la UE como en los Estados miembros, lo tienen que supervisar nuevos funcionarios, en este caso encargados de la supervisión bancaria o incluso encargados de la supervisión de todo.

Al pasar un día o dos en este ambiente, uno se siente como si estuviera viviendo de nuevo en el socialismo de verdad. Nadie parece estar dispuesto a recordar cómo acabó ese sistema. En ese caso, los burócratas también querían decidir cuánta carne, azúcar u otros productos racionados podían obtener los ciudadanos.

En la UE también habrá en breve cupones de racionamiento para todo, a menos que alguien se oponga por fin al imperio burocrático.

Lo que necesita la UE y sus Estados miembros es el tipo de reformas fundamentales que se adoptaron en Polonia en 1989: la liberalización decisiva de las normativas empresariales y decir a los ciudadanos claramente que su futuro depende de su esfuerzo y no de la mala o buena voluntad de un ejército de funcionarios.

Hasta que la UE y sus ciudadanos no se den cuenta de que nada es gratis, la crisis no acabará y no veremos signos de crecimiento en mucho tiempo. De momento, vamos a ver un nuevo ejército de funcionarios bien pagados para controlar los bancos y las instituciones financieras, otro ejército para supervisar los asuntos fiscales, etc.

La UE va camino de convertirse en una Momia Europea y en un museo. 18 julio 2012

admin