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Para ayudar a Afganistán, menos ayuda

Jul 17 2012

Análisis de Giuliano Battiston
KABUL, jul (IPS) – Cuando se piensa en la asistencia a Afganistán, lo habitual es concentrarse en la cantidad de dinero que ofrece la comunidad internacional. Se supone que, cuanto mayor sea la suma y más duradero el compromiso, menos riesgos habrá de desestabilización en este país.

Es por eso que fueron tan celebrados los 16.000 millones de dólares prometidos para los próximos cuatro años por parte de los donantes reunidos en Tokio a comienzos de este mes.

Sin embargo, esa ayuda podría no ser tan virtuosa como aparenta.

El mensaje dado en Tokio de fuerte apoyo al desarrollo económico de Afganistán buscó tranquilizar a todas las partes, preocupadas de que los ingresos del Estado afgano no alcancen para cubrir las necesidades.

La brecha de financiamiento, «según el Banco Mundial, probablemente será de 25 por ciento del PIB (producto interno bruto) para el periodo 2021-2022 y podría ser más alta en años posteriores», escribió Thomas Ruttig, codirector de la independiente Red de Análisis sobre Afganistán (AAN, por sus siglas en inglés), con sede en Kabul.

En la conferencia de donantes realizada en diciembre pasado en la occidental ciudad alemana de Bonn, el director de la oficina para Medio Oriente y Asia Central del Fondo Monetario Internacional, Masood Ahmad, estimó que «el repliegue de tropas extranjeras de Afganistán (a partir de 2014) reducirá el crecimiento anual del PIB entre dos y tres por ciento o más».

Además, «la sostentabilidad fiscal es un objetivo distante», alertó.

Esas evaluaciones alimentan la idea de que, cuantos más compromisos financieros haya de la comunidad internacional, mejor le irá a Afganistán.

Pero el analista Antonio Giustozzi, experto en Afganistán, dijo a IPS que, por el contrario, una leve reducción de la ayuda extranjera podría ser positiva, «porque llevaría al nivel de gasto más en línea con lo que efectivamente puede ser absorbido por la sociedad afgana».

Incluso el Banco Mundial, en un informe divulgado en mayo, reconoció que un nivel de ayuda más «normal» presentaría algunos riesgos, pero también «oportunidades para que Afganistán haga una transición a una economía más estable, autosuficiente y sostenible».

Giustozzi aseguró que la sociedad y el Estado afganos se han atado a «una forma de patrocinio que crea dependencia y no estimula el desarrollo».

La terapia ahora debe ser la desintoxicación gradual, afirmó, y el nivel de ayuda debe «disminuir, aunque levemente».

Por su parte, el Banco Mundial señaló que «los donantes necesitan reducir gradualmente los futuros flujos de ayuda para evitar grandes trastornos».

En tanto, el gobierno afgano debe buscar formas de «gastar menos pero mejor», afirmó Giustozzi. El presidente Hamid Karzai debería además realizar reformas de gobierno y acabar con la corrupción, como recomendó la conferencia de Tokio.

Pero eso no será fácil. «La corrupción no es solo un poco de arena en la maquinaria, sino que es sistémica. La política está construida en gran medida sobre un sistema de corrupción y clientelismo», afirmó.

Un cable diplomático de la embajada de Estados Unidos en Kabul, filtrado en 2009, advertía que los llamados a llevar a la justicia a altas figuras del gobierno afgano por corrupción «implicaban un serio dilema».

De llevarse a cabo, «afectaría a algunos de los familiares y aliados más cercanos de Karzai, y obligaría a procesar a algunas personas de las que generalmente dependemos para la asistencia y el apoyo», señalaba el cable.

De todas formas, los donantes en Tokio renovaron su exhortación al gobierno afgano para que procure una mayor transparencia.

Algunos afganos señalan que la propia comunidad internacional está en falta por subordinar la meta a largo plazo de la construcción del Estado al interés cortoplacista de la supervivencia política del gobierno de Karzai.

Aunque están nominalmente destinadas a la consolidación de las instituciones, las herramientas de la asistencia internacional han estado guiadas por consideraciones de corto plazo y conveniencia política, y «han demostrado ser muy destructivas», sostuvo el codirectora y cofundadora de la AAN, Martine van Bijlert.

Así lo escribió en la introducción del análisis «Snapshots of an Intervention. The Unlearned Lessons of Afghanistan’s Decade of Assistance, 2001-2011» (Instantáneas de una intervención. Las lecciones no aprendidas de una década de asistencia a Afganistán, 2001-2011).

El plan «Hacia la autosuficiencia», promovido por la comunidad internacional y apoyado por el gobierno afgano, se basa en la misma contradicción: el llamado para que el Estado de Afganistán recupere su soberanía y autonomía es hecho justamente por aquellos que lo obstaculizan.

La presencia de ejércitos extranjeros «es uno de los principales elementos que impiden que el Estado, el sistema político y la elite gobernante ganen plena legitimidad», dijo Giustozzi a IPS.

«Cualquier gobierno que depende del apoyo externo para permanecer en el poder carece de legitimidad», señaló. (FIN/2012)

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