General

La canciller y el Bundesbank

Ago 1 2012

Manel Pérez – La Vanguardia de Barcelona

Los analistas más críticos con el proceder de Alemania en Europa explican que en el inicio de las crisis siempre se muestra inflexible, se muestra dispuesta a ceder y cambiar de opinión a media partida y acaba manteniéndose firme, instalada en su posición inicial y descartando modificarla en el momento decisivo y final.

¿Qué ocurrirá ahora en esta fase de duda existencial del euro? Durante unos pocos días ha parecido que Angela Merkel, la canciller, y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble, aceptaban la proposición de los países del sur como España e Italia, secundados por Francia, socio tradicional de Berlín pero temeroso ya de ser arrinconado por él, consistente en que el Banco Central Europeo (BCE) junto con los Fondos europeos de rescate acudan en ayuda de su condenada deuda pública.

La tendencia de la opinión estos días ha tendido a poner el acento en que Alemania había cambiado de posición, pese a que sus dos cabezas visibles en este asunto no han hecho ni una sola afirmación en favor de esa compra de deuda ni de cualquier otra medida adicional. En cambio, desde Alemania ha emergido claramente el rechazo directo del stablishment económico, encabezado por el Bundesbank, el banco central tedesco. Tras esa emblemática institución se han agrupado influyentes economistas, políticos e industriales del país. Los argumentos del debate son conocidos, no vale la pena ahora volver a repetirlos.

Más interesante es saber si la obstinación del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, pone de manifiesto una auténtica divergencia con el Gobierno de Merkel o se trata de una distribución de papeles, toda vez que la canciller, a su vez, ya ha dicho en el pasado reciente que no de todas las maneras posibles.

Es obvio que Merkel ya no puede acudir de nuevo al Bundestag a pedir más recursos para otro rescate, algo que esperaba a España e Italia a la vuelta de la esquina tal y como estaban los mercados hasta que Mario Draghi, el jefe del BCE, pronunció la semana pasada sus encantadoras palabras. Sin espacio político para orquestar un rescate a la griega pero con la presión de los mercados firme, la solución más cómoda para ella era dejar el expediente en manos del BCE, lo que en términos nacionales significa el Bundesbank. Este último, viendo la maniobra, es decir que correrá el riesgo de asumir las pérdidas si la operación sale mal, se ha cerrado en banda. Esta sería la lógica del choque y no de la división de papeles. En este escenario, el consejo del BCE del jueves verá emerger una alianza entre banqueros centrales del sur y la mayoría de los gobiernos de la eurozona, alemán incluido, contra el Bundesbank y algunos bancos centrales aliados. Histórico.

En la segunda opción, que Merkel haya dejado que sea el Bundesbank quien se faje en el bloqueo, Draghi habría hablado por boca de ganso y el jueves asistiríamos a una uténtico fiasco, con un BCE sin apenas margen de maniobra y desautorizado por los poderes de la eurozona, incluso aunque ganara la votación formal. Un escenario de pesadilla.

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