General

JAPÓN – ÉTICA, DEMOCRACIA Y CRECIMIENTO

Oct 22 2012

Por Roberto Savio*

Tokio, octubre 2012. En marzo de 1985, un activista de la secta Aum Shinrikyo (Verdad Suprema), usó los basureros del metro de Tokio para esconder Sarín, un gas letal que mató 13 personas e intoxicó otras 6,000. Hoy en día prácticamente no existen basureros en Japón, pero las calles y las estaciones están impecablemente limpias. La gente guarda la basura en sus bolsillos y la deposita en sus casas o en sus oficinas.


China, la madre de la cultura japonesa, por otro lado, es muy sucia. No hay dos cosas más diferentes que un baño público en China y uno en Japón. Los que visitan ambos países se preguntarán por qué.
China es ahora la segunda potencia económica mundial, que acaba de superar a Japón , ocupando ahora el tercer lugar. Aún así, ambos países tienen un fuerte sentido de responsabilidad social, un compromiso con la ética del trabajo y una historia común de fuertes gobiernos centrales.
El emperador japonés, que fue elevado a nivel divino durante el largo período militar – que se expandió desde la victoriosa guerra contra Rusia en 1904 hasta el holocausto de Hiroshima y Nagasaki en 1945 –siempre fue de sucesión directa de una misma familia desde la creación de Japón, aunque relegada a figura nominal durante el período Shogun, que duró seis siglos. Durante la ocupación norteamericana que se prolongó de 1945 a 1952, Japón fue conducido hacia la democracia por el General Douglas MacArthur.
China tiene una historia más larga, siempre basada en un emperador que ha cambiado frecuentemente al ser destronado por rivales y revoluciones, lo que muchas veces ha dividido la unidad del imperio. Sun Yat-sen comenzó el proceso de modernización de China en 1905 (Japón lo inició en 1856), finalmente consiguiendo la unificación de China bajo el Partido Comunista en 1949.
Por consiguiente, durante la Segunda Guerra Mundial, los dos países adoptaron caminos políticos completamente diferentes. Pero a pesar de sus diferencias nacionales (y dejándolas aquí de parte), ¿qué es lo que explica el hecho de que ambos países hayan tenido un éxito tan sorprendente en términos económicos en la arena global?
Pues bien, China y Japón no están solos. Corea del Sur, que comparte mucha de su historia con ambos países, también tiene su historial de éxito económico. Taiwán (otro país profundamente conectado con ambos), tiene una conocida historia de éxito. Vietnam se está transformando en un país económicamente próspero y Camboya, Laos y Myanmar, aunque más despacio por razones diferentes, serán los próximos países con historias de éxito. Es por estas razones que existe un consenso de que este va a ser el siglo asiático.
Cuando Europa celebró el 500 Aniversario del Descubrimiento de América el 12 de octubre de 1992, el continente estaba reluctante a determinar la fecha de su declino como centro del mundo. Y uno de los temas de la campaña electoral de Mitt Romney, el candidato Republicano a la Casa Blanca, es el de que él va a traer de vuelta el siglo Norteamericano, ya que el Presidente Obama lo está abandonando por su falta de liderazgo y porque en realidad Obama es un crypto-Europeo que no cree en el destino excepcional de Estados Unidos. Esta es la típica canción sobre el restablecimiento de un pasado glorioso que entonan los países en decadencia y que los ex-poderes coloniales de Europa han escuchado antes de congregarse en la Unión Europea.
Lo que une todas las historias asiáticas de éxito es el Budismo y el Confucionismo. Ambos estimulan éticas profundas, pero mientras el Budismo pone al individuo como responsable por el progreso moral, el Confucionismo es una fuerte herramienta filosófica para la prédica del respeto por las autoridades y por los más ancianos, para concientizar a los individuos de que ellos son una parte de la sociedad y hacer del trabajo un factor real por el cual juzgar su éxito. El Budismo se dividió en diversas sectas, pero el Confucionismo ha sido central para todas ellas.
En 1957, durante una conversación de este autor con Zhou Enlai, el entonces primer ministro de la República Popular de China, cuando interrogado de cómo era posible ver las diferencias en un continente tan grande como Asia, Zhou Enlai respondió: “Simplemente siguiendo los palillos”. De hecho, el dominio de los palillos acaba en India y su subcontinente y en el oeste con Indonesia, Malasia, Filipinas y el resto del sudoeste asiático marítimo.
Europa y Estados Unidos también tuvieron una religión (no una filosofía) que enfatizaba la ética y el trabajo como herramientas sociales: el Protestantismo, que ha sido objeto de un largo debate entre académicos sobre la razón de las diferencias en el desarrollo del norte y del sur de Europa y entre Norteamérica y Sudamérica. El debate se extiende a la participación y a la democracia, además de la ética.
Es interesante notar cómo Asia, más allá de Japón, es también donde los países Musulmanes fueron capaces de separar Estado y religión, como en Indonesia y Malasia, donde los partidos fundamentalistas siempre han perdido las elecciones en lugares con una industria moderna y un alto nivel de educación. Este no es el caso de países musulmanes en el otro lado de la frontera de los palillos, tal como Afganistán, Bangladesh y Pakistán.
Aún así, el análisis de las relaciones entre religiones, ética, crecimiento y democracia están siendo obscurecidas por la ola del nuevo capitalismo y globalización. Las fuerzas de la finanza han superado la ética e instituciones en Norteamérica y Europa del norte, y han reducido las diferencias con los países católicos.
Estamos frente a una oleada de fundamentalismo islámico, lo que probablemente es un fenómeno transitorio pero que está afectando todas las naciones Musulmanas. Y en el Asia de los palillos, la corrupción y la codicia son la causa de muchos escándalos en el mundo de la finanza y de importantes empresas en Japón, Taiwán, Corea, Vietnam y otros. En China, la caza al lucro es más intensa que en cualquier otro lugar y la corrupción abundante. De acuerdo con proyecciones, China va a sufrir un declino después del 2050 por razones demográficas e India va a tomar su lugar como la mayor potencia económica mundial durante el resto del siglo.
Por tanto, la lección a extraer de esta pequeña reflexión sobre este siglo, asiático o no, es que necesitamos una reacción global basada en valores, que están ahora siendo atacados por este tipo de globalización. Una de las mayores contradicciones de la globalización es que lejos de crear una sociedad global homogénea (siguiendo las líneas de la llamada “aldea global”), está teniendo un efecto notoriamente opuesto: el de crear núcleos de nacionalismo y chauvinismo que marcan la recesión dramática que podría convertirse en una “guerra salvaje”.
Parte de la reacción a esta globalización bien podría venir de las millones de personas, especialmente jóvenes, que se están uniendo en una sociedad civil global bajo los valores de la democracia, derechos humanos, defensa de la justicia social, dignidad del trabajador, incorporación de la mujer y defensa del medio-ambiente del planeta.
Esto une a Budistas, Protestantes, Católicos y Musulmanes. En el transcurso del siglo, el hecho de ser asiático o norteamericano va ser una diferencia mucho menor.
*Fundador y presidente emérito de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS). Publisher de Other News.

admin