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Medio siglo desde que el cine convirtió a Dusan Popov en James Bond

Oct 30 2012

Por Mario Dujisin*

LISBOA, oct – ¿Existió alguna vez un «super-espía» como James Bond, el agente con licencia para matar al servicio de Su Majestad? La categórica negativa fue del propio Dusan «Dusko» Popov, el personaje real que habría inspirado al escritor Ian Fleming para dar vida a 007.

 

«Dudo que un Bond de carne y hueso hubiera logrado sobrevivir más de 48 horas como agente del espionaje», declaró Popov a un grupo de periodistas italianos en 1981, poco antes de morir en su residencia en las afueras de Cannes, en la Costa Azul francesa.

«Casino Royale», el libro de Fleming que inicia el mito 007, el 13 April de 2013 cumple 60 años y «Dr No», el primer filme donde el actor escocés Sean Connery da vida a Popov en forma de Bond, celebró su cumpleaños número 50 este mes de octubre.

Tras casi medio siglo de proezas increíbles en la pantalla, la saga continúa cautivando a un fiel público seguidor de todas las edades. El estreno en simultáneo en varios países de la última película de James Bond, está siendo objeto de una vasta cobertura periodística y publicitaria en estos días.

Pocas veces en la historia del cine un personaje de la pantalla ha logrado mantener intacta su popularidad. En la actualidad, muchos idiomas son permisivos al aceptar que «los James Bond» o «los 007» se usen como sinónimo de agentes secretos, pese a tratarse de ficción.

¿De ficción? Sí, pero con un fondo de realidad, porque el personaje en el que se basó Fleming era efectivamente un agente secreto de los servicios de inteligencia británicos, aunque no inglés sino un pudiente abogado serbio, nacido en 1912 en el pueblo de Titel, entonces parte del imperio Austro-Húngaro.

Los mayores éxitos como espía de este eximio jugador de bacará y reputado amante de bellas mujeres, los obtuvo en Portugal.

Durante la segunda guerra mundial (1939-1945), el agente de los servicios británicos con nombre de código «Triciclo» fue enviado al neutral Portugal para cumplir la misión casi imposible de infiltrase en la eficiente «Abwehr», el contraespionaje militar alemán a cargo del almirante Wilhelm Walther Canaris.

Lisboa y sus elegantes sectores residenciales vecinos de Estoril y Cascáis eran entonces verdaderas madrigueras de espías de las partes en conflicto.

Los aliados eran controlados con celo por la Policía Internacional de Defensa del Estado (PIDE), pero se paseaban sin ser perturbados, gracias a una pragmática orden perentoria del dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar (1932-1968).

El fascismo corporativista portugués, instaurado en 1926, simpatizaba abiertamente con los otros cuatro regímenes afines que habían asumido el poder, desde el más nuevo hasta el más antiguo: el español de Francisco Franco (1939-1975), el alemán de Adolf Hitler (1933-1945), el italiano de Benito Mussolini (1922-1943) y el húngaro del regente Miklos Horthy (1920-1942).

Sin embargo, Salazar no tenía otra alternativa que mirar de soslayo la fuerte presencia de espías aliados, ante la permanente amenaza de invasión británica al estratégico archipiélago de Azores, ubicado en la mitad del océano Atlántico entre Europa y América, y a una posible ocupación inglesa de las colonias luso-africanas.

El Hotel Palace se levanta con lujo imponente y jardines exuberantes frente al Casino de Estoril, como la memoria de una época dorada en que reyes destronados, dictadores depuestos, agentes secretos aliados, refugiados judíos y espías nazis se cruzaban en sus pasillos mientras Europa ardía en una feroz guerra que costó 50 millones de vidas.

El 30 de agosto pasado, el que fuera llamado durante la guerra «el hotel de los murmullos», cumplió 82 años.

Sus espaciosas habitaciones albergaron a la familia real española en el exilio desde los años 30, al célebre economista inglés John Keynes, al aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry y a las hermanas judío húngaras Eva y Zsa-Zsa Gábor, más tarde célebres actrices de cine en Estados Unidos.

Al terminar la guerra, allí fueron recibidos los principales aliados de Hitler y monarcas que fueron expulsados de sus países.

Entre los más conocidos, el hotel hospedó a Horthy, el rey Carol II de Rumania, al rey Humberto II de Italia, el archiduque de Austria-Hungría Joseph de Habsburgo-Lottringen, la gran duquesa Carlotta de Luxemburgo y el príncipe Aleksandar de Yugoslavia.

Entre los agentes más famosos que pernoctaron en ese lugar se cuenta el espía doble Juan Pujol García, el español que concibió el «Plan Fortitude» que logró hacer creer a los alemanes que el Día-D (la invasión aliada a la Europa ocupada que inició el fin de la guerra) se produciría en Calais y no en Normandía como fue finalmente.

También se hospedó el célebre doble agente británico Kim Philby, considerado el espía del siglo, al haber engañado a los ingleses durante cuatro décadas y que terminó sus días en cultivando la tierra en una granja en las afueras de Moscú como jubilado de la KGB, el servicio de inteligencia de la hoy disuelta Unión Soviética.

Popov se destacaba entre sus colegas de oficio por vivir a todo lujo, conducir autos deportivos veloces, conquistar bellas mujeres y desbancar alemanes –en especial a espías, diplomáticos y «consejeros» de la PIDE– en el Casino de Estoril.

Fue allí donde Fleming, también agente del británico Servicio de Inteligencia Naval dirigido por el célebre almirante John Henry Godfrey, conoció a Popov. Una década después, el escritor lanza su célebre personaje.

En el primer libro de Fleming, «Casino Royale» (1953), Popov pudo ver con la escasa nitidez que ofrece el espejo de la ficción, aspectos de su propia historia en el Casino de Estoril y el Hotel Palace.

Popov y Fleming llegaron a trabajar juntos y a ocupar cuartos contiguos en el Hotel Palace en 1941. Esta aproximación acabó por aumentar la leyenda de que 007 sería el yugoslavo agente doble de la Abwehr bajo el pseudónimo de «Iván», pero en realidad fiel a los servicios de Su Majestad británica, cuya principal misión era descubrir los planes del Reich contra los aliados.

Fascinado con Popov y con «la tentación del casino, que era demasiado fuerte», según sus propios recuerdos, Fleming quiso emular a su nuevo amigo y colega yugoslavo, intentando hacer quebrar a los jugadores nazis en el bacará. Perdió clamorosamente, y el propio almirante Godfrey debió cubrir el daño, hecho hasta hoy guardado en los registros del Casino de Estoril.

Durante la guerra, el yugoslavo fue considerado el más importante agente británico que operaba en ese nido de espías que era Portugal.

Pero en el último medio siglo, muchos conocieron a James Bond, pero nadie jamás escuchó hablar de Dusko Popov, el agente que logró descubrir con meses de antecedencia el plan japonés para atacar la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en Hawai.

Popov viajó personalmente a Estados Unidos, con una serie de documentos debajo del brazo, que llevó hasta el despacho en Nueva York del entonces director del Buró Federal de Investigaciones, J. Edgar Hoover, que no sólo ignoró el asunto sino que le prohibió ir a Hawai para cumplir una misión doble contra Alemania.

A fines de la década del 40, la policía de fronteras registra su última salida de Portugal, pero no se descarta que con sus varios pasaportes y nombres falsos pueda haber entrado nuevamente al país. Los últimos datos de su vida conducen a su apacible retiro en la espléndida bahía francesa de Cannes, donde falleció a sus bien conservados 69 años.

El libro «Crimen y Poder», del periodista y escritor brasileño Flávio Moreira da Costa, recoge varios momentos de la vida del espía, revelando que para el puritano Hoover, a cuyos oídos había llegado la explicación de que su nombre de código «Triciclo» se debía a su afición por dormir con dos mujeres al mismo tiempo, Popov era «un play-boy inmoral».

Según Moreira da Costa, el bien real Popov respondió con una sinceridad que jamás podría salir de la boca del cinematográfico James Bond: «No soy un espía que se transformó en play-boy, sino un hombre que siempre vivió así y que se convirtió en espía».

*Editor de Othernews

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