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China-Japón: Pequeñas islas, grandes conflictos

Dic 20 2012

Por Roberto Savio*

San Salvador de Bahamas, dic. 2012- La victoria del Partido Liberal Demócrata (PDL) en las elecciones japonesas, y el regreso de Shinzo Abe al cargo de primer ministro que ocupaba hace cinco años pueden agravar las ya tensas relaciones con China. Las dos naciones se están embarcando en una nueva ola de nacionalismo, pero por razones diferentes.

Japón está atravesando una crisis económica y política. El país se encuentra estancado a un nivel muy alto y el gobierno de Abe será el sexto en cinco anos. El PDL, ha estado en el poder desde la Segunda Guerra Mundial, hasta que Abe renunció abruptamente en el 2007 debido a problemas estomacales graves que afectaron seriamente su salud.
Los japoneses buscaron un cambio y en 2009 condujeron al poder al Partido Democrático de Japón (PDJ), que cambió tres Primeros Ministros en tres años y se demostró un desastroso administrador. Su gestión del desastre nuclear y del tsunami ha sido realmente incomprensible.
Hace algunas semanas, cuando visité un gran campo de refugiados en el norte del país, me informaron que en 18 meses no habían recibido ni una sola visita de un representante de las autoridades.

Mientras tanto, Abe ha encontrado una medicina que funciona para su estomago y está de vuelta gracias al desastre del PDJ. Pero nada ha cambiado. Tenemos de vuelta un viejo Primer Ministro con una nueva medicina. Pero no se vislumbran ideas nuevas ni nuevos líderes.

Lo que ha de nuevo es un creciente sentimiento nacionalista. No solo Abe es un halcón, que siempre ha minimizado la agresión del Imperio Nipón en Asia durante la II Guerra Mundial y negado la prostitución forzada de mujeres coreanas puestas a disposición del ejército japonés, sino más grave aún es que quiere cambiar el art. 19 de la constitución, que prohíbe al Japón poseer un ejército con capacidad ofensiva, lo que obliga el país a la paz.
Este cambio solo se puede hacer a través de un referéndum. Últimamente los ciudadanos de tres de las mayores ciudades han elegido alcaldes de derecha. La crisis económica lleva a al conocido escape de la realidad, con políticos que declaran que se puede regresar a los buenos tiempos pasados y la gente quiere creer que esto es posible, porque realmente solo se necesita elegir líderes fuertes, más allá de la economía, de la globalización y de otros problemas estructurales.

El creciente nacionalismo chino tiene otras razones. El nuevo Presidente, Xi Jinping, que tiene mucho más poder del usual en las transiciones precedentes, sabe bien que para lograr el apoyo del pueblo, necesita presentar alguna idea exitosa, que no sea la vieja historia del comunismo, que ha perdido mucha vigencia.
Es por eso que habla de “fu xing”, la idea de la “renovación”, que ha sido un elemento importante de la historia de China. Él asocia este concepto con el del “Sueno Chino” y en sus discursos se mezclan políticas económicas más ambiciosas, acciones contra la corrupción y una política exterior agresiva. Los chinos no olvidan la humillación de las dos Guerras del Opio, cuando por la vía de las armas, las potencias occidentales impusieron a la dinastía Qing el derecho para vender opio libremente en China.
Sun Yan-sen, el padre de la China moderna, creo la Sociedad China para el Renacimiento, cuyo objetivo era liberar al País de influencias extranjeras. Sun basaba su concepto en uno mucho más antiguo, el del “zhong xing”, la idea de un renacimiento intermedio, concepto usado por las varias dinastías cuando querían proclamar que se estaba llegando una nueva conducción que substituiría a una más débil.

Además del uso del “fu xing” en sus discursos, ha que tener en cuenta que dos meses antes de su elección como secretario general del Partido Comunista en noviembre pasado¬, Xi ha sido nombrado en septiembre pasado jefe de un poderoso grupo integrado por diferentes agencias, al máximo nivel del gobierno, para actuar sobre las disputas marítimas. Y ha sido durante su mandato que estalló el conflicto sobre las isletas de Diaoyu-Senakatu.

Estos islotes eran chinos, pero en 1895 fueron ocupados por Japón, al final de la guerra chino-japonesa (otra humillación china), tras la indiferencia general. Pero hace unos anos un estudio geológico determinó la probabilidad de que posean yacimientos de gas y petróleo. El ultra nacionalista Shintaro Ishihara, alcalde de Tokio, decidió comprar a su dueño japonés, estas pequeñas islas desiertas y sin habitantes, para mostrar un Japón fuerte.
Sin embargo, el primer ministro saliente, Yoshihiko Noda, le ganó de mano y las adquirió a nombre del Estado, lo que obviamente, causó’ una fuerte reacción china, con grandes manifestaciones, que si bien fueron autorizadas por el gobierno, eran realmente espontaneas.

Desde entonces barcos de los dos países han visitado los islotes con el propósito de mostrar su respectiva afirmación de soberanía. En la vigilia de las elecciones japonesas, un avión militar chino ha sobrevolado las islas, al tiempo que cinco F-15 japoneses despegaban hacia a la zona para interceptarlo.
Significativamente, la fecha del vuelo chino, el 13 de diciembre, es el aniversario de La Violación de Nanjing, un trágico momento de la invasión japonesa, en el cual las tropas invasoras mataron por lo menos 150.000 civiles, una cifra que varía entre los números chinos, que la fijan en 300.000, y los japoneses que fluctúan entre de 20.000 a 200.000 víctimas.
También resulta relevante que las manifestaciones populares chinas culminaron el día 18 de septiembre, es decir, el 81 aniversario del comienzo de la invasión japonesa. En aquel momento, Xi ya había asumido como presidente del Comité Inter-agencias de Conflictos Marítimos.

Una frase famosa del fallecido Tarzi Vittachi (1) apunta que “todo es siempre algo sobre otra cosa”. En este caso, es sobre las consecuencias del Tratado de las Naciones Unidas sobre la Ley del Mar ( UNCLOS según su sigla en inglés), ratificado en el 1982, que concede “derechos económicos exclusivos” que fija el límite de la zona económica exclusiva a 200 millas de las respectivas costas nacionales.

El archipiélago japonés –gracias a la posesión de numerosas pequeñas islas, (Minami, Ogasawaram, Izu) algunas distantes más de 2.000 kilómetros de Tokio–, goza de una zona marítima exclusiva de 4,5 millones de kilómetros cuadrados, la novena más grande del mundo.

China, con una costa mucho más extensa, tiene una zona económica de solo 880.000 kilómetros cuadrados, o sea la trigésimo primera del mundo, entre Maldivas y Somalia, debido a que China se encuentra bloqueada por las zonas marítimas de Estados Unidos (Guam, Palau, Caroline, etcétera), y de Filipinas y de Corea del Sur, sólidos aliados políticos de Washington.

Para mejor completar el cuadro, hay que añadir que el presidente Barack Obama ha anunciado que en 2016, el 60 por ciento de la flota estadounidense será situada alrededor de China. Esta armada, que incluirá seis portaaviones, va a contar con todo tipo de los armamentos más sofisticados, desde submarinos atómicos a escudos electrónicos anti misiles. Formalmente, este colosal despliegue bélico apunta a Corea del Norte, pero en los hechos, su objetivo es China.
En este litigio por los islotes, Washington ha exhortado a la paz y a la vía diplomacia. Pero también ha dejado muy en claro que en caso de conflicto, Estados Unidos se considera atado al Tratado de Mutuo Socorro suscrito con Japón.

En teoría, este tipo de conflicto tendría que ser resuelto por la Asean, la Asociación de Estados del Sur Este Asiático (ASEAN), donde Estados Unidos es observador.
Pero la Asean está irremediablemente dividida sobre China. Algunos países, como Camboya, son tan dependientes de la ayuda china, que bloquean todo intento para reglamentar a Beijing. Y mientras Estados Unidos ya no tiene el dinero con el que solía contar, China tiene mucho más fondos disponibles.

Para continuar con el recuento, existen conflictos marítimos entre casi todos los países de la región: Filipinas, Taiwán, Vietnam, Corea, Japón, China, Brunei, Rusia, todos tienen pretensiones no dirimidas de soberanía sobre varias islas. Pero lo que no se puede dejar de observar, es que China es la única nación que está dispuesta a enfrentar a los demás.
En sus pasaportes nuevos, China ha impreso un mapa de Asia en que reclama prácticamente todo el Mar del Sur. Filipinas ha rechazado sellar los pasaportes y justamente antes de las elecciones japonesas, el jefe de la diplomacia de Manila declaró que su país vería “con mucho agrado” un cambio en la constitución japonesa, que permita a Tokio ser nuevamente una potencia militar. Una declaración que no deja de sorprender, al venir de Filipinas, un país que se cuenta entre las mayores víctimas de la invasión japonesa durante la última guerra mundial.

Por este motivo, la disputa sobre tres islotes desiertos podría transformarse en un elemento importante en la nueva geopolítica de los próximos anos. Todos los indicios van en esa dirección. ¿Cuándo es que la humanidad se verá realmente libre de los fantasmas de enfrentamientos y de la guerra?:

(1) Alto funcionario del UNFPA y de UNICEF. Fue uno de los más célebres periodistas de Sri Lanka.

* Fundador y presidente emérito de la agencia de noticias IPS (Inter Press Service) y editor de Other News

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