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Lecciones chipriotas para cortejar al Oso Ruso

Mar 27 2013

John Kampfner – The Guardian, Londres

Una isla se anuncia como el destino ideal para que las grandes fortunas, sobre todo procedentes de Rusia, blanqueen su dinero y su reputación, mientras disfrutan de la buena vida y de unos impuestos bajos. Pero descubre que no todo es lo que parece.

Puede que Chipre no sea el único país en arrepentirse de su modelo empresarial. Cuando unas cuantas personas despiadadas y con las conexiones políticas adecuadas empezaron a saquear los recursos naturales de la antigua Unión Soviética, Gran Bretaña se estableció a comienzos de la década de los noventa como el acogedor hogar o el segundo hogar de una nueva élite global.

Londres es al mismo tiempo el patio de recreo y el campo de batalla de los rusos ricos. Algunas veces, las cosas salen mal. El asesinato de Alexander Litvinenko en la capital fue uno de entre otros muchos ataques descarados. El descubrimiento el sábado del cadáver de Boris Berezovski en su vigilada mansión de Berkshire ha levantado más sospechas. ¿Fue el suicidio, como se sospechó inicialmente, de un hombre que había perdido gran parte de su fortuna enfrentándose a sus enemigos? ¿O fue algo más siniestro?

Negocios pero sin ser críticos

Una vez que se consolidó en el poder, Putin reunió a los oligarcas, incluidos los que le habían instalado en el Kremlin. Les dijo que antes las cosas eran de otro modo, pero que la situación cambiaba a partir de entonces. El trato es que podían seguir con sus negocios dentro y fuera de Rusia siempre que, a) no se inmiscuyeran en política, y b) protegieran los intereses financieros del ‘siloviki’, la clase dirigente de la política y la seguridad.

Algunos de ellos no hicieron caso. Mikjaíl Jodorkovski, que hizo públicas sus ambiciones políticas, se marchita en la cárcel; a Vladimir Gusinsky, que inició la entonces intrépida cadena de televisión NTV se vio obligado a huir. Berezovski salió corriendo a Inglaterra antes de que pudieran detenerle y entonces inició una campaña de denuncia en solitario desde su jaula dorada.

Esto es licitación competitiva, en términos de aplicación de la ley e impuestos, y Gran Bretaña ofrece muchas más ventajas que otros rivales americanos o europeos. Aparte del clima ¿qué otra cosa no puede gustar del país? Se ha creado toda una industria para satisfacer las necesidades de los oligarcas. Los exministros les representan en la Cámara de los Lores; astutos antiguos asesores de imagen les prestan servicios de relaciones públicas; los abogados hacen cola para representarles utilizando las indulgentes leyes sobre difamación de Gran Bretaña para plantear demandas a la primera de cambio.

Los asesores financieros se aseguran de que los oligarcas pagan lo mínimo posible por sus ganancias, sus ahorros y e incluso por las tasas municipales. Los internados privados acogen con los brazos abiertos a sus hijos, así como a sus talonarios.

Economía paralela para los oligarcas

Para ellos existe una economía paralela de tiendas de diseñadores, jets privados, lanchas motoras y guardas de seguridad, al igual que para los nuevos ricos de China, Brasil, Oriente Medio y cualquier otro lugar. Lo más exclusivo del sesgado mercado inmobiliario de Londres y del sudeste de la ciudad existe sólo por ellos.

Deben ser otros los que determinen la ética de nuestras variadas actividades. Aparte del trabajo de los sicarios (que podrían proceder de cualquier lugar), los servicios que se prestan a los ricos son todos legales. El problema estriba más bien en el efecto que tiene en nuestro cuerpo político.

El enfoque de Gran Bretaña con respecto a Rusia es desde hace tiempo contradictorio. En la última década, mientras abríamos las puertas a la élite, las relaciones diplomáticas eran, por emplear una popular palabra rusa, «slozhny», es decir, complicadas. Las recriminaciones tras el asesinato de Litvinenko las congelaron indefinidamente.

Desde hace cerca de un año se han realizado grandes esfuerzos para mejorar la situación. Aunque no se ha producido ningún intento claro de pulsar un botón de «reiniciar» (algo que anunció la administración de Obama para luego dejar de lado). En lugar de ello, los británicos han adoptado un enfoque más gradual y con pequeñas concesiones.

A pesar de las profundas diferencias sobre Siria, los ministros rusos de Exteriores y de Defensa acudieron recientemente a Londres en una visita conjunta y orquestada al detalle.

Resurgimiento del espionaje

Se está restando importancia a problemas como el resurgimiento del espionaje ruso en Reino Unido (y se supone que lo mismo sucede con el espionaje británico en Rusia). Se ensalza la «amistad», a veces con resultados vergonzosos. Varias personalidades destacadas dejaron la recién creada organización Amigos Conservadores de Rusia, al descubrir que no era sino una entidad que actuaba como animadora del Kremlin de Putin.

El Gobierno británico es franco sobre sus motivaciones. Ahora lo que importa es mejorar el comercio y esos pequeños problemas engorrosos como los asesinatos no deberían ser un obstáculo. El ministerio de Exteriores intentó justificar la negativa a publicar la documentación del Gobierno sobre Litvinenko afirmando que esta revelación causaría «graves perjuicios a la seguridad nacional y/o a las relaciones internacionales».

A David Cameron le gusta emplear el término «carrera global». No está muy clara cuál es la meta, pero los diplomáticos (y los financieros) consideran el pragmatismo como el signo de una política exterior más madura. Después de todo, si no hiciéramos estas cosas, otros tomarían el relevo y se llevarían el negocio a otra parte. Quizás realmente queramos imitar a Chipre y acoger a todos los que lleguen. Sería muy útil hacer pública esta intención.27.03.13

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