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Portugal, un país en demolición

Mar 18 2013

Por Mário Soares *

LISBOA, mar (IPS) El actual gobierno de Portugal es legítimo, porque fue elegido legalmente en junio de 2011. Pero, para ganar las elecciones, el primer ministro Pedro Passos Coelho hizo promesas que no supo cumplir y ha aplicado unas políticas de austeridad extrema que han causado un desastre irreparable a los portugueses.

La percepción de la inmensa mayoría de la población es que estamos soportando el gobierno más destructivo de la historia de la nación. Y que nos encontramos al borde de una ruptura social.

Algunos ministros de este gobierno conservador no pueden salir a la calle sin ser abucheados e insultados, desde el norte hasta el sur del país.

Para enfrentar la crisis, la administración de Passos Coelho solo ha sabido aplicar cortes y más cortes en el presupuesto, de una magnitud nunca vista en la historia portuguesa.

Resultados: el aumento galopante del desempleo y la reducción de los salarios, las jubilaciones e indemnizaciones por despido, junto con una carga fiscal en espiral, han causado una pérdida del poder adquisitivo de alrededor de 12 por ciento de los salarios en el sector privado y de 25 a 30 por ciento en el sector público.

En poco más de un año y medio de administración del gobierno conservador, el desempleo subió de 11 a 17,6 por ciento de la población económicamente activa, el producto interno bruto se redujo en 3,2 por ciento en 2012 y en este país de 10,6 millones de habitantes hay cerca de un millón de desempleados de los cuales casi la mitad (480.000) no tienen subsidio de desempleo.

Como si esto fuera poco, el endeudamiento de la nación ­el público y el privado­ está alcanzando niveles de catástrofe. Según datos de enero, la deuda pública, que en el cuarto trimestre de 2011 ascendía a 107,8 por ciento del producto interno bruto ha llegado a 120,3 por ciento, la más alta en Europa después de las de Grecia e Italia.

El endeudamiento privado es aún más alarmante, ya que entre 2011 y 2012 subió de 220 a 280,3 por ciento del producto interno bruto.

La caída del ingreso real afecta al conjunto de los asalariados, con la previsible excepción de los sectores económicamente privilegiados, y está destruyendo sistemáticamente a la clase media, lo que es gravísimo para el futuro del país.

Las pequeñas y medianas empresas están en crisis y son numerosas las quiebras. Se acentúa la fuga forzada de cerebros ­académicos, científicos, dirigentes de empresas­ y una de las más penosas consecuencias es que nuestras excelentes universidades enfrentan dificultades operativas y sufren pérdidas cualitativas.

Al mismo tiempo el patrimonio portugués ­desde las propiedades inmobiliarias hasta las empresas­ se ha devaluado drásticamente y se vende a precio vil, agravando el desempleo.

Como muestra de la gravedad de la situación socio-económica, hoy en las grandes ciudades estamos viendo personas que hurgan la basura en busca de comida.

No llama la atención que la abrumadora mayoría de los portugueses manifiesten su adversidad a este gobierno con una creciente agresividad. Y la mayor parte de los economistas, incluidos algunos que el comienzo apoyaban al gobierno, reprueban las políticas de austeridad.

Al contrario de lo que afirma Passos Coelho, las cada día más frecuentes protestas populares son profundamente representativas del sentimiento general y del estado de desesperación que aflige a la ciudadanía.

Hace unos días, el ministro de Finanzas, Vítor Gaspar, formuló una especie de autocrítica al reconocer que sus previsiones estaban equivocadas. ¿Qué espera, entonces, para abandonar su cargo?

Este gobierno, el peor que hemos sufrido los portugueses, terminará muy mal. Por ello, es oportuno y necesario que Passos Coelho presente cuanto antes la renuncia. (FIN/COPYRIGHT IPS)

*Mário Soares, expresidente y ex primer ministro de Portugal.

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