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Nuevos elementos paradigmáticos para salir realmente de la crisis

Abr 30 2013

Josep Xercavins i Valls*

Crisis financiera, crisis económica, crisis del trabajo y/o versus crisis ambiental

No hay ninguna duda en que, actualmente, estamos inmersos en dos (de hecho en más, pero a veces hay que simplificar un poco para poder avanzar en algunas ideas) grandes crisis: la económica derivada de la financiera y con especial manifestación negativa en la del trabajo, por una parte, y la ambiental con una especial manifestación en la climática, de la otra.

La primera reflexión (y quizás también la última conclusión) que creo que se impone como preliminar (y quizás también como principal), es que si queremos afrontar la primera (de una forma socialmente progresiva neoclásica) por ella misma y, por un momento (y debido al sufrimiento diario de tantas personas en el sur de Europa o en EEUU-que no podemos olvidar que se añaden al de media humanidad en el planeta-), «nos olvidamos (no por dejadez, sino por priorización) de la crisis climática y ambiental en general», podríamos terminar saliendo de una crisis profundizando irreversible e irremediablemente la otra.

La salida neoclásica Keynesiana a la crisis financiera, económica y del trabajo, frente a la pretendida (y siempre fracasada) salida neoliberal

No me extenderé demasiado. Tenemos ya muchas opiniones, valoraciones y propuestas a favor de caminar rápidamente hacia esta salida Keynesiana y, por tanto, sólo haré algunas apreciaciones sintéticas.

Es obvio, por mi parte como sobre todo por la de tantas voces realmente «autorizadas», que las políticas de austeridad, de reducción del déficit público, de contención y pago de la deuda pública -en definitiva de ajustes estructurales neoliberales con dosis enormes de privatizaciones-, sólo conllevarán una fase más (otra fase más, y valga la redundancia) de gran enriquecimiento de los sectores más especulativos de las finanzas ligadas a los paraísos fiscales y, en definitiva, de los jugadores en el casino global de la nube financiera que sigue creciendo sin ningún tipo de escrúpulo, ni sentido ni objetivo (excepto el de este lunático, chiflado, enriquecimiento mismo).

La contestación a estas políticas comienza a ser tan fuerte que, en una visión optimista, me atrevería a pronosticar que irán perdiendo peso y hegemonía en la palestra de las políticas mundiales. Y que de entrada puede que poco a poco, pero luego con mucha más velocidad, se deben cambiar y cambiarán, radicalmente, por un gran fortalecimiento del sector y las políticas públicas, que se basará en dos grandes tipos de medidas: a ) la de las quitas al sector financiero; ya es hora de que se les deje de pagar lo que ellos mismos han y siguen derrochando en función, única y exclusivamente, de sus intereses particulares, y no como los de motores de la economía real que es su única razón de ser desde un punto social; b) iniciar a toda máquina políticas públicas de estímulo a la economía real que, fundamentalmente, deben ser extensivas en la creación de puestos de trabajo; no nos equivocáramos en ello y nos perdiéramos en buscar crecimientos en la producción y el consumo de bienes y servicios de alto valor añadido, basados en el uso de tecnologías más sofisticadas que nunca, y que sólo terminaran beneficiando a los sectores económicos punteros que, de hecho, no están tan mal, y / pero que precisamente no necesitan ni crean muchos puestos de trabajo y, por lo tanto, no favorecen el acceso social masivo a los bienes y servicios de primera necesidad. Cuidado, mucho cuidado, con toda esta verborrea de la emprendería, la innovación, la excelencia, etc. que nos podría terminar matando del todo desde un punto de vista social.

Desarrollo («Crecimiento») económico, social y verde, frente a un crecimiento económico estándar y ambientalmente depredador

Si la hipótesis anterior fuera correcta, cuáles serían los nuevos peligros que deberíamos evitar, de entrada, a cualquier precio.

Por un lado que el nuevo desarrollo económico no diera respuesta (como no lo hace ahora) al sentido humano del hecho económico (distribuir recursos y riquezas de base natural -escasos-, para satisfacer necesidades humanas -priorizando siempre, sin excepciones, las básicas y realmente necesarias individual y socialmente hablando-). Debe ser pues una economía social, principalmente justa distribuidora de recursos y riquezas entre los individuos de la sociedad que, como tales, contribuyen, cada uno desde sus capacidades, a que, incluso sin demasiadas necesidades sistémicas de crecer, en términos de medidas obsoletas como la del PIB, el desarrollo económico social sea una máquina eficiente de funcionamiento continúo.

Y el otro gran peligro que se debe evitar, yo diría aquí que con la máxima y preceptiva prioridad, es que el nuevo desarrollo económico no sea verde. En la última cumbre Rio +20 de la ONU quedó establecido un concepto, el de economía verde, que a pesar de todas las críticas sobre sus insuficiencias como paradigma realmente alternativo para caminar hacia un desarrollo humano sostenible, yo sigo creyendo que es un los vientos intelectuales más frescos que corren por nuestro alrededor.

Lejos de propuestas absurdas y fracasadas anteriores. Por ejemplo la de desacoplar la economía del medio ambiente, que siempre me pareció una especie de alucinación espiritual. La economía verde se arraiga, precisamente, en un nuevo acoplamiento de la naturaleza y el ser humano. Una de las bases principales del trabajo de los individuos en la sociedad debe ser y estar en relación íntima con la naturaleza misma para, precisamente, utilizarla y tratarla como una realidad de la que formamos, somos, una parte («amándola, a la madre tierra, como a nosotros mismos») y con la que con-sustanciamos siempre ecológicamente.

Este nuevo acoplamiento implica necesariamente, por ejemplo, dedicarnos como humanidad, como uno de los primeros, preceptivos y máximos objetivos de los próximos años, al desarrollo y utilización de energías renovables y limpias, dejando de utilizar los combustibles de base fósil. Estoy convencido de que este objetivo que, en definitiva, supone una nueva revolución en los modos, cualitativos y cuantitativos, de producir los bienes necesarios para satisfacer las necesidades humanas, es el único origen posible de una nueva era que debe pasar página a la de la revolución industrial capitalista de base fósil. Y si digo capitalista es porque, precisamente, la renovabilidad sostenible de las nuevas energías limpias nos llevará, como realidad sine qua non, a abandonar la ficción de un crecimiento at infinitum por consumo de algo que hemos considerado como inagotable y que, además de no serlo, nos ha llevado a la catástrofe ambiental más importante que está sufriendo, antropocéntricamente, el planeta.

Transformar una gran crisis en una gran oportunidad de verdad

Es en los sentidos anteriores que, más que nunca, hay que transformar crisis en oportunidades. Pero esta vez la oportunidad no es salir de la crisis para volver a situaciones conocidas que, precisamente, no son ambientalmente viables. Esta es la alerta principal de mis pensamientos de hoy. Salir de las crisis en las que estamos instalados no puede ser nunca (no lo podrá ser) volver a crecer económicamente de las maneras y con las bases en las que lo hemos hecho hasta ahora.

Por ello transformar hoy la gran crisis en una gran oportunidad pasa por sentar las bases de un nuevo sistema económico, no como un ejercicio teórico o filosófico sobre nuevo pensamiento estrictamente económico, sino como nueva e imperiosa realización de un nuevo modelo energético sostenible (renovable y limpio) capaz de satisfacer de otras maneras y velocidades (cualitativa y cuantitativamente hablando) las necesidades humanas sociales e individuales.

*President de l’associació projecte Governament Democràtic Mundial, apGDM. Professor de la UPC (Universitat Politècnica de Catalunya)

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