General

Videla, el canalla, se ha muerto

May 24 2013

Por Roberto Pizarro*

Ha fallecido Videla. Ha muerto un ser despreciable. Católico fundamentalista, arderá por los siglos de los siglos en el infierno. Sus perversidades son sólo comparables a las de los nazis. Asesinatos, torturas, violaciones, robo de niños y la debacle económica y social marcaron su régimen. Fue el cabecilla de una patota de militares que, con el apoyo oligárquico, asaltó el poder y encabezó la mayor tragedia de la historia argentina, incluida la guerra absurda de Las Malvinas. Al menos murió en la cárcel, con dos condenas a perpetuidad por delitos de lesa humanidad.

El 24 de Marzo de 1976 se instaló la dictadura de Videla. El gobierno de Isabel Perón y López Rega se caía a pedazos por la corrupción, el desorden económico y el accionar represivo paralelo de la triple A, en medio de las protestas que crecían en el movimiento sindical y con el accionar de las organizaciones guerrilleras. A diferencia de lo que sucedió con el golpe en Chile, el derrocamiento de Isabel recibió cierto reconocimiento a nivel mundial con la ilusa creencia que se disciplinaría la represión, volvería el orden a Argentina y prosperarían los negocios. No fue así. El Gobierno de Videla se convirtió en el más criminal en toda la historia argentina, con niveles de corrupción similares al derrocado.

Videla tuvo además la pretensión de refundar la economía argentina. Estado terrorista y modelo económico neoliberal fueron las dos caras de una misma moneda. El ejército se encargó de destruir físicamente la resistencia de los sectores progresistas, sindicatos y organizaciones de izquierda, mientras Martínez de Hoz, el Ministro de Economía, se ocupó de acabar con la industria y eliminar las históricas conquistas de la clase obrera argentina. El resultado fue catastrófico: deuda externa multiplicada por cuatro y un regresión inédita en la distribución del ingreso. Eso no le importaba a Videla ya que:

“Nuestro objetivo era disciplinar a una sociedad anarquizada. Con respecto al peronismo, salir de una visión populista y demagógica; con relación a la economía, ir a una economía de mercado liberal. Queríamos también disciplinar al sindicalismo y al capitalismo prebendario.”

Cuando, en noviembre de 1975, bajo el Gobierno de Isabel, gracias a la Operación Cóndor, ingresé a Villa Devoto habíamos sólo dos presos por celda. Con el golpe militar de Videla se masificaron las cárceles. Llegaron los dirigentes sindicales, pobladores, estudiantes e intelectuales. Pasamos a ser siete presos por celda. Ya no eran los militantes convencidos, los combatientes de la guerrilla peronista o guevarista y algunos extranjeros de los países vecinos los que convivíamos en Villa Devoto. La cárcel se convirtió en un infierno. Los gritos de los que se aferraban a los camastros para impedir que los gendarmes los condujeran hacia la tortura o la muerte comenzaron a escucharse a diario. Jueces, curas, militares, gendarmes y policías se confabularon para torturar, asesinar a los presos y amenazar a sus familiares. No sólo en Villa Devoto. El país era una cárcel. Se impuso el terror y la venganza, desde el Estado. El general Ibérico Saint Jean, resumió los propósitos que perseguía el Gobierno militar: «Primero vamos a matar a todos los subversivos, luego a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos”.

Con el retorno de la democracia, los presidentes Alfonsín y Menem, por cobardía o complacencia, evitaron impulsar juicios contra los genocidas. Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida protegieron a los criminales. Se impuso “la medida de lo posible”. Por eso las madres y abuelas de la Plaza de Mayo no los perdonan. Sólo con Nestor Kirchner se restituye la justicia, aún cuando su gobierno era minoritario en el Parlamento. No dudó un momento en devolver la memoria a su país, juzgando a los culpables que aterrorizaron a los argentinos durante la dictadura de Videla. Se derogaron las leyes de impunidad y se reconoció la labor de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo. Se exigió a las fuerzas armadas descolgar los retratos de los dictadores de todos los establecimientos militares y se creó un museo de la memoria en la ex Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), antro del terrorismo de Estado. Hoy los dictadores y ejecutores de asesinatos y torturas perpetradas por el Estado están condenados o en procesos judiciales.

A Videla se le vio por última vez en los tribunales de justicia, a mediados de junio del año pasado. En esta ocasión impugnado por el delito atroz de robar los hijos de las presas políticas, que luego eran asesinadas. Viejo, con el pelo blanco y escaso, más delgado que en sus tiempos de gloria, el dictador arrastraba los pies, incrédulo frente a un destino inevitable. Nadie se compadecía del hombre frágil, con las precariedades de un anciano. Porque nadie se podía olvidar del monstruo que convirtió a la Argentina en un campo de concentración y que dirigió el exterminio de treinta mil jóvenes.

Cuando murió Massera, Almirante que transformó a la ESMA en un campo de torturas, el poeta Benedetti le dedicó un poema, “Los canallas viven mucho, pero a veces se mueren”. Y su poesía también sirve para celebrar la muerte de Videla:

“Vamos a festejarlo. Vengan todos. Los inocentes. Los damnificados. Los que gritan de noche. Los que sueñan de día. Los que sufren el cuerpo. Los que alojan fantasmas. Los que nunca se olvidan. El canalla se ha muerto.” 23-05-13

*Economista, académico, consultor y político socialista chileno, ex ministro de Estado del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000). Actualmente se desempeña como rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

admin