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David Cameron y los “bárbaros útiles” de la UE

Dic 4 2013

Ruslan Yordanov* – Standart, Sofía

“Porque la noche cae y no llegan los bárbaros. Y gente venida desde la frontera afirma que ya no hay bárbaros. ¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros? Quizá ellos fueran una solución después de todo”. Así termina el poema Esperando a los bárbaros del poeta griego del siglo pasado Constantino Cavafis (1863-1933).

Estos últimos días, los países ricos del oeste de Europa han redescubierto la amenaza milenaria de los bárbaros representados esta vez por los rasgos de sus padres pobres del Este del continente. La semana pasada, el primer ministro británico se sacó de la manga una serie de medidas que tienen como objetivo limitar el acceso de los emigrantes rumanos y búlgaros al mercado de trabajo y a las prestaciones sociales británicas. A partir del 1 de enero de 2014 deberían desaparecer las últimas restricciones existentes en este sentido.

Esta cuarentena decretada por Londres ha provocado una protesta lo suficientemente suave por parte de Bruselas y una reacción algo más enérgica que de habitual por parte de la diplomacia búlgara. En los días posteriores a esas declaraciones, Alemania y Francia se unieron a Gran Bretaña al decretar también restricciones suplementarias para búlgaros y rumanos. La gran coalición de Angela Merkel, que aúna a izquierda y derecha, se compromete a poner fin a las «pretensiones no justificadas para tener acceso a las ayudas sociales». El Gobierno socialista de François Hollande en Francia ha declarado a su vez haber tomado medidas en este ámbito.

Una tendencia preocupante

Si los tres países más poderosos de la UE deciden simultáneamente levantar barreras es que está pasando algo. Durante la primera mitad de 2012, Alemania asegura haber recibido unos 550.000 inmigrantes, es decir, un aumento del 11% con relación al mismo periodo del año anterior. Dos tercios son residentes de la UE, y una mayoría de ellos provienen de Europa del Este. Pero Berlín también ha levantado acta del auge de la inmigración del sur de Europa: un 39% más de españoles, un 41% más de italianos y un 26% más de portugueses.

Es cierto que estos recién llegados no representan ningún peligro para un país de 82 millones de habitantes, pero revelan una tendencia preocupante. En primer lugar, la crisis de la deuda, que ha afectado especialmente al sur del continente, ha generado un flujo de inmigrantes de esos países, que se suma así al de los europeos del Este. Y, en segundo lugar, la presencia relevante que han ganado en la escena política de Europa del Norte y del Oeste los partidos nacionalistas, aislacionistas y antieuropeos. En Reino Unido, el Partido por la Independencia (UKIP) de Nigel Farage cada vez tiene más peso en los debates y si carece de diputados se debe únicamente a cuestiones específicas del modelo de escrutinio mayoritario.

Presa fácil de sensacionalismo

Según las encuestas, los británicos se muestran cada vez más radicales sobre este tema y son muchos los que se identifican con un partidos aún más extremista, el Partido Nacional Británico (BNP). En Francia, el partido dinástico de Jean-Marie Le Pen, el Frente Nacional, es el que va viento en popa y en ocasiones obliga a algunos ministros, a semejanza de Manuel Valls, a dar un cierto tono más agresivo, concretamente a las campañas contra los gitanos. En Alemania las veleidades extremistas siguen estando bajo control gracias a una legislación especialmente rigurosa en esta materia.

En resumen, la Europa de 2013 es bien diferente de aquella a la que se unieron a bombo y platillo Sofía y Bucarest en 2007. Ya no se oyen voces evocando la unidad del por fin restaurado Viejo Continente ni sobre las virtudes civilizadoras de la democracia y la economía de mercado. No, al contrario, los inmigrantes famélicos (sobre todo los gitanos) que provienen de Bulgaria y Rumanía se han convertido en una presa fácil para los diarios sensacionalistas y los tabloides- Algo similar a lo que ocurre con los refugiados sirios en Bulgaria ahora mismo… 4 diciembre 2013

*Periodista y cronista búlgaro, especializado en cuestiones de sociedad. En 2010 ganó el premio periodístico más prestigioso del país, por el conjunto de sus crónicas

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