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INVASION CIBERNAUTICA: ¿PODRA LA ONU DEFENDERNOS…?

Dic 2 2013

Por Lidia Baltra*

LA inquietud y desconfianza hacia la administración de la Red de Redes o Internet por ICANN, una empresa privada norteamericana situada geográficamente en ese país, había surgido hace años y a nivel mundial se buscaba una forma más equitativa. Pero este recelo quedó corto tras la revelación del masivo espionaje mundial con que el gobierno de Estados Unidos ha afrentado a tantos países y personajes so pretexto de prevenir actos terroristas.

Aparte de indignar a todos, la preocupación por el poder que Estados Unidos ejerce sobre las telecomunicaciones mundiales se ha multiplicado e intensificado.

Ya no es sólo que la Internet se maneje desde un sitio geográfico dentro de Estados Unidos y por una empresa sometida a sus leyes, sino que hoy sabemos que el gobierno de este país consiguió que los principales servidores de Internet, como Microsoft, Google, Apple, Facebook, Skype, Yahoo, Facebook, AOL, YouTube y PalTalk (una empresa más pequeña, pero que fue un medio de comunicación muy importante durante la primavera árabe y la guerra civil en Siria) hayan cedido a su ¿petición…? ¿orden tal vez…? de intervenir las cuentas de sus clientes privados.

COMBATIR EL TERRORISMO

Bajo la administración e George Bush se produjo el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York donde murieron cerca de 3.000 personas, y este gobierno culpó al árabe saudí Osama Bin Laden y su red yihadista Al Qaeda de tal crimen de lesa humanidad y ultraje a su soberanía.

Posteriormente, otras voces, generalmente silenciadas, surgieron para cuestionar esta afirmación (entre ellos, el libro “La gran impostura”, del francés Thierry Meyssan, y los documentales “Zeitgeist” de Peter Joseph y “Fahrenheit 9/11” del norteamericano Michael Moore), proponiendo, en cambio, que se trató de un complot montado por Bush y cómplices sauditas a fin de desatar una política antiterrorista que le permitiera apoderarse de países de interés estratégico con el beneplácito de sus aliados mundiales. Ello le habría permitido invadir Irak, continuar su dominio sobre Afganistán y últimamente, controlar los países árabes que se levantaron en la “primavera árabe”.

Si las transnacionales dominan el mundo con su mensaje neoliberal apoderándose de los medios masivos de comunicación (cadenas de televisión y sus empresas integradas), los países hegemónicos lo hacen a través del espionaje cibernáutico sobre las conversaciones privadas que los líderes mundiales mantienen, lo que les permiten planear estrategias con mayores ventajas que sus enemigos o que sus aliados.

Esto fue el gran escándalo que primero provocó el soldado estadounidense Manning al entregar documentos clasificados en grandes cantidades a Wikileaks, el sitio anti-secretos de Estado creado por el sueco Julián Assange. Seguidamente, el escándalo mayor lo provocó el ex agente de la CIA Edgar Snowden al denunciar los espionajes masivos que vía ciberespacio ha ejercido el gobierno de Barack Obama a países y personajes. Todos siguen perseguidos por sus respectivos gobiernos por sus aportes a la transparencia internacional.

MÁS SEGURIDAD, MENOS LIBERTAD

Teniendo Estados Unidos en su territorio la mayor parte de la infraestructura para el manejo de Internet a través de la empresa ICANN y contando con su gran desarrollo tecnológico, las leyes que protegían la libertad y la privacidad de las personas eran un gran escollo para este plan de espionaje. Por eso el gobierno norteamericano – bajo Bush y refrendado por Obama – realizó cambios importantes en las leyes de Inteligencia y Vigilancia de Extranjeros (FISA) y creó un programa secreto llamado PRISM que le permite intervenir directamente cuentas personales y así acceder a correos electrónicos, archivos compartidos, chats de voz y por escrito, videos, fotos, mensajes y blogs de ciudadanos estadunidenses y de otros países.

Ya no necesita de autorización de los servidores o proveedores de la web ni de autorizaciones judiciales, que hasta ahora daban privacidad a los usuarios de la Gran Red, es decir, a todos nosotros, pero entorpecían su acción en pro de la “seguridad nacional”.

“No cabe duda que Internet ha dado poder a gente que no lo tenía al posibilitar el acceso de todo tipo de información a escala global. Pero al mismo tiempo hay un contrapeso de esto, un poder que lo utiliza para acumular información sobre todos nosotros y usarla en beneficio de los gobiernos y las grandes corporaciones. Hoy no se sabe cuál de estas dos fuerzas se va a imponer”, expresó Julian Assange, desde su asilo en la Embajada de Ecuador en Londres, al diario La Jornada de México a comienzos de este año.

ONU Y DERECHO A LA PRIVACIDAD DIGITAL

Con el avance de estos espionajes ciberelectrónicos, el tema de quién debe manejar la Red de Redes y el debate mundial sobre la gobernanza de Internet (que comenzó en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información y la Comunicación en Ginebra y Túnez entre 2003 y 2005) parece juego de niños. Pero una reciente resolución de Naciones Unidas sobre el derecho a la privacidad en la era digital ha revitalizado el tema.

En el Foro para la Gobernanza de Internet FGI (grupo de discusión internacional surgido de aquella cumbre), se sugería que para una mayor equidad se entregara su administración a la ONU. Durante su reciente visita a nuestro país pregunté sobre esta moción a Frank La Rue, Relator Especial sobre Libertad de Expresión de este organismo, y opinó que no era la más conveniente puesto que la organización mundial está representada sólo por naciones, en circunstancias que quienes hacen uso de Internet son muchos otros actores.

Aclaró que el derecho a la privacidad de las personas o países es totalmente distinto al de libertad de expresión ya que los Estados sí pueden hacer “monitoreos” contra el crimen organizado, la pornografía o el terrorismo, aunque sujetos a procedimientos judiciales y/o parlamentarios que los regulen…

Como Estados Unidos olímpicamente ya se deshizo de todas estas “trabas”, no quedaba más que considerar la solución propuesta por Brasil. Además de implantar una política pública dentro de su país, impulsó realizar un debate ético a nivel internacional – como el iniciado por el FGI – acerca de cómo administrar la Red de Redes en forma justa y equitativa.

Y parece que Naciones Unidas la consideró: el 26 de noviembre pasado la Asamblea General aprobó una resolución sobre el derecho a la privacidad en el mundo digital, promovido por Brasil y Alemania, los dos países que sufrieron el espionaje norteamericano incluso en la persona de sus jefas de gobierno. El representante alemán señaló en esa reunión que la “vigilancia ilícita e arbitraria y las intercepción de las comunicaciones violan la privacidad y podrían violar también la libertad de expresión.”

Lamentablemente, las resoluciones de Naciones Unidas no siempre son aplicadas por los 193 países miembros, en especial por Estados Unidos que a menudo las desconoce. Conformémonos por el momento en considerarla como la primera norma ética de convivencia universal en la era digital. Y esperemos que respetada y desemboque pronto en nuevas normas más exigibles. 30 nov 13

*Periodista titulada en la Universidad de Chile con postgrado en Periodismo Internacional en la Universidad de Columbia. Dirigenta del Colegio de Periodistas (1981-1994), presidió el Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas (1997-2004).

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