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Racismo en Alemania

Feb 26 2014

Rosalía Sánchez*

Los judíos ricos que quieren dominar el mundo constituyen una amenaza. Este axioma fue manejado por Hitler y sigue despertando hoy en día tremendas suspicacias. El diario alemán Süddeutsche Zeitung, a propósito de la compra de WhatsApp por parte de Facebook, ha publicado una viñeta en la que un pulpo con la cara del multimillonario propietario de la empresa compradora, Mark Zuckerberg, extiende sus numerosos tentáculos hasta introducirlos en todos y cada uno delos ordenadores y teléfonos móviles que le rodean.

La polémica ha surgido por los rasgos, sin duda exagerados, que caracterizan al personaje: nariz aguileña, mentón prominente, cara enmarcada en bucles… Hasta el director del Centro Simon Wiesenthal en Jerusalén, Efraim Zuroff, se ha rasgado las vestiduras ya ha dicho que «esa caricatura, sin duda, huele a antisemitismo… Está claro que el dibujante quería destacar que Zuckerberg es judío», basándose en su relación visual con la propaganda nazi antisemita de 1938.

Calificar de antisemita a un diario como Süddeutsche Zeitung es seguramente ir un par de pueblos más allá de la correspondencia con la realidad y prueba de ello es que sus responsables pidieron perdón en Twitter y retiraron la caricatura apenas surgieron las primeras quejas, no sin cierta extrañeza. El caricaturista Burkhard Mohr se declara «conmocionado» y ha emitido un comunicado en el que aclara que «el antisemitismo y el racismo son ideologías que me son completamente ajenas. Por ello me consterna que mis caricaturas sean entendidas en este sentido». Pero no está de más anotar que este incidente no es aislado, que en Alemania se registran al año unos 16.000 delitos con motivación racista y que las autoridades europeas se preocupan por la ligereza con la que la sociedad alemana contempla en su seno el racismo y la xenofobia.

Alemania, por ejemplo, sigue sin ratificar el Protocolo n1 12 de la Convención Europea para los Derechos Humanos, que establece la prohibición general de la discriminación. Las autoridades alemanas siguen teniendo reparos a la hora de dejar de hacer distinciones sobre la base de la nacionalidad, por ejemplo en relación con beneficios sociales cuya aplicación es contraria al Protocolo nº 12.

Los motivos racistas no han sido incluidos en el Código Penal alemán como circunstancia agravante de un delito. Dos iniciativas a tal efecto fueron bloqueadas en 2008 y en 2012 por la cámara parlamentaria del Bundesrat. Y según una apreciación del Consejo Europeo, el odio y la incitación al odio disfrutan en Alemania de «un considerable grado de impunidad», según ha informado el semanario Der Spiegel. Los colegios alemanes, advierte un informe del Comité del Consejo de Europa contra el Racismo y la Intolerancia, constituyen un alarmante semillero de odio basado en la raza y en la orientación sexual, sin que haya una estrategia federal que aclare esos temas y estipule tolerancia.

La Ley de Igualdad en el Trato (AGG) alemana no menciona explícitamente los criterios de lengua y nacionalidad como motivo de discriminación punible, una ligereza normativa que sufren hoy muchos niños españoles en sus colegios alemanes, en los que sufren discriminación incluso por parte del profesorado y de otros alumnos a causa de que, todavía recién llegados, no saben hablar correctamente el alemán.

Según datos de los que dispone el Ministerio de Interior alemán, uno de cada siete adolescentes alemanes, un 14,4%, se consideran como «muy racista frente a los extranjeros», y un 30% respondió afirmativamente cuando le preguntaron si hay demasiados extranjeros en Alemania, según el informe «Jóvenes en Alemania como responsables y víctimas de la violencia». Esta encuesta también señala que el 5% de los 44.600 jóvenes de quince años encuestados es miembro de un grupo de extrema derecha y que un 6,4% de los adolescentes varones tienen puntos de vista antisemitas.

La proporción mayor de neonazis se encuentra en el este de Alemania, la antigua zona comunista, donde más del 14% de los participantes en el estudio se mostraban inclinados a mirar el Holocausto como «no horrible», mientras que un número similar creía que los judíos, por su comportamiento, no fueron totalmente inocentes.

El Consejo europeo ha advertido que en la actualidad el término racismo se interpreta a menudo de forma demasiado estrecha en la legislación alemana, que lo utiliza solamente en relación con grupos organizados, de tipo neonazi, sin advertir su presencia en las relaciones sociales más generalizadas. Por todo esto las autoridades europeas aconsejan al gobierno de Berlín hacer más por combatir la discriminación contra las minorías y por lograr que el racismo sea considerado como tal.

Seguramente, la viñeta sobre Zuckerberg mencionada al principio de este artículo y que ha llevado a judíos de todo el mundo a constatar que el racismo campa hoy en día en Alemania, tiene menos que ver con todas estas consideraciones que con el hecho de que Alemania haya recibido con enormes reticencias la compra de WhatsApp. Un regulador alemán de la privacidad en las comunicaciones ha llamado incluso al boicot asegurando que la política de privacidad de Facebook y Whatsupp lleva a que los datos de los usuarios estén totalmente protegidos. Pero hay hechos trágicamente palpables que obligan a este país a mirarse en el espejo de sus miserias. Actualmente se lleva a cabo el juicio a la célula terrorista nazi NSU, que durante diez años ha estado llevando a cabo asesinatos xenófobos impunemente, por todo el territorio alemán, sin ser siquiera perseguida. Ante tal evidencia, el gobierno prepara una reforma legal que endurezca las penas contra el racismo, pero hasta que la reforma no entre en vigor, las víctimas de actos motivados por el racismo y la xenofobia en Alemania continúan indefensas.

*En “Blogoterráqueo” de El Mundo de Madrid, 26.02.14

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