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El terrorismo occidental que alumbra terrorismo yihadista

Ago 28 2014

Por David Bollero – Público.es

Desde el asesinato del periodista James Foley no he dejado de leer análisis parciales del incremento del yihadismo en Occidente y, más concretamente, en Europa. En buena parte de estas lecturas se describe el proceso de manipulación de las mentes de jóvenes musulmanes de familias desestructuradas que viven en suburbios y encuentran en el yihadismo una suerte de integración, de pertenencia a un grupo, equiparando el proceso al que siguen las redes de captación de sectas.

Algo de verdad hay en esta teoría, pero no podemos olvidar que en la raíz del problema se encuentra Occidente y la impunidad con que éste actúa en el contexto internacional. EEUU, por supuesto, se encuentra en punta de lanza, pero sus palmeros europeos siempre están al quite para respaldar sus acciones. Ese ente al que solemos llamar “Comunidad Internacional” y que, por lo general, únicamente se nutre de EEUU y sus acólitos. Con demasiada frecuencia se toma la justicia por su mano, pisoteando a conveniencia los Derechos Humanos más esenciales y, lo que es peor, sin castigo alguno.

El yihadismo es como un fuego y estas acciones impunes, pura gasolina, que no sólo avivan las llamas, sino que producen deflagración. Hace tiempo, durante la realización de un reportaje sobre drones, tuve oportunidad de entrevistar a víctimas de estos bombardeos ilegales. ¿Qué efectos creen que tienen estos asesinatos de mujeres y niños inocentes en la población islámica? ¿De veras alguien puede creer que el odio y desprecio que generan esta matanza por control remoto no alimentan a la bestia del yihadismo? Por supuesto, pero en los análisis del terrorismo islámico se olvida eso, del mismo modo que tendemos a pensar que detrás de la inmigración no están las prácticas neocolonizadoras de los países desarrollados.

Nuestro ministro del Interior, incluso, planea arrancar un Plan Estratégico Nacional de Lucha contra la Radicalización implicando a profesores y asistentes sociales para combatir los argumentos sobre los que crece el islamismo radical. En ese plan, ¿se explicará que una de las fuentes del argumentario yihadista está escrita “en cristiano”? ¿Se contará que EEUU y Europa han cometido “terrorismo occidental” justificando guerras inventando para ello armas de destrucción masiva y no juzgando después a quienes promovieron el conflicto aun sabedores de la mentira?

Este texto no es una defensa del terrorismo yihadista; nada más lejos de la realidad. Es una condena a otro terrorismo, el occidental, que solemos justificar con pasmosa desfachatez por el único hecho de que no nos agrede. Por unos segundos, imagine que usted es hijo de inmigrantes libios en España. Piense que buena parte de su familia aún viven al otro lado del Mediterráneo y que, un mal día, con el pretexto de llevar la democracia —aún cuando las libertades de los países acostumbran a ser menores tras el paso occidental— se bombardea con aviones no tripulados dejando una larga lista de víctimas civiles, entre ellas, sus primos pequeños. Imagine que la democracia nada tenía que ver con ese bombardeo, que lo que realmente importaba era la posición geoestratégica y las reservas de petróleo. ¿Hablaría o no de terrorismo occidental?

Es hora de cambiar ese odioso discurso tras el cual ocultamos nuestra responsabilidad, bajo el que enterramos nuestra culpa por cometer actos terribles que engendran violencia, muerte y destrucción. Es hora de atajar el terrorismo en todas sus dimensiones.

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