Injerencia de Occidente en el mundo musulmán estimula el salafismo yihadista

Por Roberto Savio*

Roma, abril 2015 – La decisión italiana de intervenir en Libia, a pesar de ser políticamente correcta, va a crear más problemas que soluciones. Es conveniente para la política interna italiana, ya que socava el crecimiento continuo de las fuerzas anti-inmigrantes, sobre todo de la Liga Norte.

Resulta conveniente para Europa, porque va a ocultar su incapacidad para asumir un compromiso real en el tema de la inmigración. También es conveniente para Estados Unidos, ya que Barack Obama dejó en claro a Renzi en su último encuentro el 17 de abril, que no se propone enviar soldados estadounidenses al terreno.

La intervención probablemente taponará el éxodo desesperado desde Libia provocado por las guerras y la pobreza. Pero el hecho de que ya 20.000 personas han muerto al cruzar el Mediterráneo, demuestra que los refugiados prefieren la muerte que el regreso.

Será imposible detener esta marea humana de desesperación con medios militares. La intervención va a crear más problemas que los que podría resolver en lo inmediato.

Para empezar, volver a una antigua colonia, donde los italianos fueron responsables de una sangrienta ocupación, con el empleo de gas venenoso, campos de concentración y otros similares, es probable que esto una a todas las tribus y facciones contra el invasor.

También daría una nueva fuerza a la percepción general árabe que Occidente no tiene la intención de abandonar su historia de dominio colonial, y que está dispuesto a aliarse con los diversos príncipes, jeques y hombres fuertes, por interés propio, sin ninguna consideración por las poblaciones árabes.

El ciego apoyo de Estados Unidos a Israel, haga lo que haga con la población palestina, es un recordatorio permanente de este sentimiento de humillación histórica.

Es preciso conocer la extremadamente compleja historia del mundo árabe para poder entender los conflictos actuales y requeriría cierta lectura de libros. Pero desde luego, pocos van a hacerlo, por lo que pocos pueden procesar la cadena interminable de noticias de los conflictos, en los cuales Europa, Estados Unidos y Rusia, tienen una responsabilidad directa, que rara vez se menciona en los medios de comunicación.

Con todos los límites que ello conlleva, he aquí algunos elementos básicos para entender por qué las intervenciones externas en un conflicto interno sólo pueden favorecer a los grupos más radicales y retrasar el proceso de modernización del mundo árabe.

De partida, Mahoma no estableció la fe musulmana como hicieron Jesús o Buda. No predicó para cambiar el sistema existente. Tuvo que luchar por su vida, y mientras sus enseñanzas predicaban la paz y la tolerancia, algunas son parte de su experiencia como guerrero. Dejó un libro religioso, el Corán, en gran medida equivalente a los Evangelios de la iglesia católica. A su muerte, no tenía herederos.

Uno de los aspectos de la religión musulmana es que los fieles se relacionan directamente con Dios, y no hay necesidad de una iglesia. Esta fue la posición adoptada por los sunitas, “Ahl al-Sunna”, la gente de la tradición.

Algunos reclamaron el derecho de Ali, el yerno del Profeta, para conducir la comunidad islámica. Eran una facción política: “Shiat Ali”, o el partido de Alí, quien fue asesinado como resultado de intrigas, violencia y guerra civil. Ali tuvo dos hijos, Hassan que fue envenenado, y Hussein, que murió en el campo de batalla.

Estos hechos dieron lugar al concepto chiíta del martirio y los rituales de duelo. Como un combate para mantener su identidad, establecieron una iglesia, con sacerdotes como en la iglesia cristiana, mientras que los sunitas tienen sólo imanes, o predicadores.

Los musulmanes en todo el mundo son 1.600 millones, la segunda religión después del cristianismo. Pero en 2100, será la religión con mayor número de fieles.

Sólo 317 de los 1.600 millones de musulmanes son árabes. Casi dos tercios (62%) viven en la región de Asia-Pacífico. Existen más musulmanes en la India y Pakistán (sumados son 344 millones) que en todos los países árabes juntos. Los sunitas son una vasta mayoría, mientras que los chiíes se estiman en menos de 10% de los fieles.

Los musulmanes son mayoría en 49 países del mundo. Los chiíes se concentran sólo en Irán, Irak, Bahrein y Azerbaiyán. Existen comunidades chiíes en todo el mundo árabe y en los países gobernados por suníes tienden a compensar los sectores más pobres de la sociedad. A menudo se consideran víctimas de la discriminación y la opresión.

Los chiíes son una vasta mayoría en Irán, país persa, que no era parte del mundo árabe y que fue conquistado por el Imperio Otomano, que era suní.

Irán hizo una revolución contra el Sha y su protector Estados Unidos, tras lo cual puso en marcha una agenda radical islamista chií, convirtiéndose en un estado teocrático, dirigido por los ayatolás.

En realidad, Irán sigue siendo es el Estado más culto de la región, con un sistema muy avanzado de la educación y en el aspecto tecnológico, es capaz de fabricar una bomba atómica.

En cuanto a los sunitas, estos cuentan con un movimiento llamado salafismo, o “ancestral”, que predica el regreso a la versión estricta, literal y puritana del Islam.

En el siglo XVIII un predicador reformador, Muhammad ibn Abd al-Wahhab, creó una actualización más estricta de la versión del salafismo en el desierto de lo que hoy es Arabia Saudita. En 1744, hizo una alianza con Mohamed ibn Saud , gobernante de Al-Diriyah, uno de los varios emiratos de la península árabe.

Gracias al apoyo británico, 175 años más tarde la dinastía Saud logró conquistar toda la península árabe tras el colapso del Imperio Otomano. Esta familia real ha sido una firme defensora de la difusión del wahabismo, y consideran apóstatas a chiíes y a otros suníes.

Al-Wahhab hizo destruir tumbas, lapidar a las adúlteras y prohibió el contacto con los extranjeros. El rey Ibn Al-Saud debió reprimir una revuelta cuando quiso introducir automóviles y teléfono. Aún hoy en día a las mujeres no se les permite conducir.

Con el propósito de propagar el wahabismo, entre 1987 y 2007 los sauditas han gastado 87.000 millones de dólares.

Han erigido 1.500 mezquitas, creado 210 centros musulmanes. Según el analista Dawood Al Shirian — de MBC1, lanzado en 1991 como el primer canal Pan árabe independiente– Riad asume 90% de los gastos totales de la fe, han desbordado con holgura a los predicadores sunitas locales y todo acto de terrorismo en Europa proviene de mezquitas wahabitas.

Arabia Saudí gasta entre 2 y 3 mil millones de dólares por año en la propagación de su versión del Islam. De acuerdo a los servicios de inteligencia alemana, es el movimiento islámico de crecimiento más rápido del mundo.

Para los europeos, todo esto debería ser un dejà vu. Las guerras de religión, entre 1524 y 1648 y el movimiento protestante que de seguidores de Martín Lutero en 1517 (que no tiene la intención de provocar un cisma, sino sólo reformar la iglesia), pasaron por el mismo ciclo.

En 1525, el pastor alemán Thomas Müntzer lideró una rebelión contra la principal iglesia protestante, pidiendo normas puritanas más estrictas, lo que provocó la muerte de 100.000 personas. Más tarde, en 1532, el pastor Bernhard Rothmann, ordenó la destrucción de todas las estatuas y pinturas en las iglesias.

Incluso dentro de la iglesia católica, hubo un fuerte movimiento para retornar la pureza. El monje italiano Girolamo Savonarola, según los historiadores en 1498 quemó al menos 6.000 obras de arte del renacimiento.

Al igual que la casa de Saud, la religión fue utilizada por el poder. Los príncipes y reyes decidieron convertirse en protestantes e hicieron guerras que destruyeron la Europa de la época. Se estima que en esos 124 años 10 millones de personas perdieron la vida.

En 1617, Alemania perdió el 30% de su población, al igual que los habitantes de lo que hoy es la República Checa (Bohemia- Moravia- Silesia). El total de muertos en Europa, que entonces tenía 40 millones de habitantes, sería el equivalente a 100 millones de personas en la actualidad.

Sólo el ejército sueco destruyó 2.000 castillos, 10.000 aldeas y 1.500 ciudades, un tercio de todas las ciudades alemanas.

Los cátaros, una secta protestante del sur de Francia, fue exterminada por orden del rey católico. Cuando alguien advirtió a Simón de Monfort, quien dirigió la masacre, que entre los habitantes también hubo algunos católicos, él contestó “Matad a todos, Dios encontrará a los suyos”.

La Inquisición quemó muchas más personas que un piloto jordano, tal como Jesús lo hizo. Aún hoy, las iglesias protestantes tienen mucho menos la decoración y arte que las iglesias católicas.

Vale la pena señalar que las guerras de religión terminaron con el Tratado de Westfalia, en 1648, declaró bruja “cuius regio, eius religio”, lo que significaba que los ciudadanos estaban obligados a seguir la religión de su rey. Una clara alusión a la conexión entre la iglesia y el poder.

El wahabismo conlleva la idea de que todos los que no le siguen son apóstata. Por eso, la Yihad o guerra santa es una necesidad. Esto ha hecho nacer el “salafista yihadista”, que está en contra de los “sheikistas”, salafistas que ha cambiado la adoración a Dios por la adoración a “los jeques del petróleo de la Península Arábiga, con la familia al-Saud al frente” .

Son los salafistas yihadistas los que han establecido el Estado islámico, cortando partes de Siria e Iraq. Quieren deponer a todos los jeques y presidentes, para unificar el mundo árabe mediante el regreso a su pureza. Consideran que los gobernantes árabes se corrompen por gasolina y alianzas con los enemigos históricos del mundo árabe, por lo que deben ser depuestos y sus riquezas distribuidas a todos los ciudadanos.

Arabia Saudita y las otras monarquías del Golfo han perdido el control de los movimientos que contribuyeron a crear y financiar.

El salafismo y el wahabismo están tratando de crear un movimiento mundial y conseguir que los jóvenes de Europa y Estados Unidos, que sueñan con la creación de un Islam puro y incorrupto, que sea capaz de destruir a los enemigos en todas partes y así regresar a los tiempos de Mahoma.

El movimiento salafista se ha transformado en Hoko Haram en Nigeria, en Shabaab en Somalia, y cunde en todas partes hay algún desorden. Han dejado atrás al viejo movimiento “anarquista” como Al Qaeda, cuya intención era solo la de destruir, sin construir un Estado, como hace Isis.

Los sauditas han visto la primavera árabe de 2011 como una marea que finalmente habría llegar hasta ellos. Vieron con consternación que los Estados Unidos dejaron caer al hombre fuerte de Egipto Hosni Mubarak. Sienten que Obama está dando legitimidad y apoyo a Irán, con la apertura de negociaciones.

El nuevo rey de Arabia Saudí ha decidido asumir un papel activo en la región, al intervenir en Yemen, para impedir que la secta chií Houthi se apodere del país.

El Oriente Medio es ahora un caos complejo, en donde todas las guerras son instigadas o financiadas por los extranjeros, los que de acuerdo a la situación local, cambian el sentido de sus las alianzas.

El drama sirio, con 220.000 muertos y cinco millones de refugiados, ha sido instigado por Europa y Estados Unidos, que querían derrocar al presidente Bashar al-Assad. Rusia vetó tres veces las resoluciones occidentales para poner fin al conflicto.

Actualmente, los refugiados sirios viajan hasta las costas de Libia con el propósito de embarcarse en una peligrosa travesía marítima hacia Europa, donde son rechazados masivamente por la opinión pública.

Lo que está claro es que las intervenciones en Iraq y ahora en Libia (con la eliminación de Muamar el Gadafi ) y ahora en Siria (el mismo intento con Assad), sólo han tenido como resultado la desestabilización de la región, provocando sufrimientos incalculables.

Las acciones foráneas también han contribuido para aumentar la radicalización de los salafistas, la lucha entre sunitas y chiíes y el aparecimiento de un serie de terroristas en Europa.

La lucha dentro del mundo musulmán es una lucha que debe encontrar su solución dentro de ese mundo. Las intervenciones externas sólo exasperan la lucha y retrasan su conclusión.

Europa tardó 125 años para poner fin a las guerras de religión. Nadie puede decir cuánto tiempo tardará el mundo musulmán, pero no va a ser poco. Mientras tanto, los extranjeros deben mantenerse apartados.

*Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News . En español: http://www.other-news.info/noticias/ En inglés: http://www.other-net.info/

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