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Cambio climático: una reflexión del papa Francisco

Jun 29 2015

Simón Vargas Aguilar*

Una verdadera transformación en cada uno de nosotros es lo que propone el papa Francisco en su primera carta encíclica Laudato si’; sobre el cuidado de la casa común. Este documento es un llamado de emergencia a los individuos de todas las naciones, creyentes o no, ante la contaminación y cambio climático. Para que a través de verdaderas transformaciones personales pueda gestarse una auténtica revolución humana, porque el cambio climático es ya una realidad que tarde o temprano nos afectará a todos; por ello en todos debe caber la solución (http://bit.ly/1eq6rIy ).

La evolución debe ser ideológica, porque la educación ecológica por sí misma no es suficiente para crear hábitos que sólo se construyen cuando se gesta una conciencia y se quiere ser parte de un cambio. Lo mismo pasa cuando se construyen nuevas leyes, la renovación se presenta cuando la sociedad la acepta y la adopta.

Por medio de un lenguaje inclusivo, el Papa instó a los ciudadanos de todo el mundo, sin importar credos ni religiones, a reconocer y actuar ante el problema del calentamiento global. Pero el reto es mayúsculo, ya que, como nunca en la historia, enfrentamos una cultura de consumismo exacerbado que sólo produce egoísmo en los corazones humanos.

“Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”, sentencia Francisco.

Parte de la humanidad padece de una conveniente ceguera ante la realidad ambiental del mundo; son sus actitudes las que obstruyen las estrategias para arreglar o por lo menos detener el cambio climático. “Van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva”, asegura con determinación Jorge Bergoglio.

Es muy fácil cerrar los ojos y no atender la realidad, dejar de prestar atención a las señales evidentes de deterioro y degradación, pensar que aún faltan décadas para que se presenten las grandes catástrofes, que podrían incluir sequías, inundaciones, terremotos, tsunamis que, además de generar muertes instantáneas, traerían enfermedad y hambruna.

Actuar de esa manera revela que los seres humanos podemos llegar a ser profundamente egoístas, incluso con nuestra propia descendencia. Lo cierto es que la crisis climática ya se puede sentir, por ejemplo en los fenómenos que nunca en la historia se habían presentado: como son las emisiones de dióxido de carbono (CO2), que han sido señaladas como la principal causa del calentamiento global.

Detengámonos un momento a reflexionar: ¿acaso somos autodestructivos?

Ante este panorama, el sucesor de Pedro hace el siguiente llamado: “Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca nuevas formas de violencia y crueldad, e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente”.

Además del discurso de organismos internacionales, activistas y ecologistas del todo el mundo, hacía falta un razonamiento y posicionamiento de una de las religiones más importantes e influyentes de todos los tiempos. El papa Francisco advierte en su encíclica que ante este panorama es imperativo desarrollar una nueva conciencia universal que deje atrás este ciclo de autodestrucción.

El pontífice no cuestiona o se opone a los avances tecnológicos, ya que incluso destaca que estas nuevas herramientas y conocimientos han ayudado a mejorar la vida humana. El severo cuestionamiento del Papa es ante el acceso desmedido a los recursos que tienen una pequeña porción de la humanidad.

La crítica está en el consumo excesivo y desmedido de los países ricos e industrializados, el pontífice advierte que esta situación sólo genera mayor desigualdad entre los individuos y las naciones enteras. Lo que a su vez causa mayor contaminación y el agotamiento de los recursos naturales, como el agua.

Los grandes perdedores ante este panorama son los más pobres, pues son quienes actualmente ya padecen de los embates del cambio climático. Se gesta así una deuda ecológica del norte con el sur, la cual aún no ha sido reconocida por los países industrializados.

Uno de los propósitos de la encíclica es generar algún cambio en el razonamiento de quienes toman las decisiones, con miras a la Cumbre sobre el Cambio Climático que se desarrollará en diciembre próximo en París.

“Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social”, indica Francisco.

Es tiempo de reconocer que nos enfrentamos a un catastrófico futuro si no hacemos nada al respecto. Es momento de actuar a la altura de las circunstancias y como siempre en épocas de profundas crisis, que se requieren decisiones valientes. Es tiempo de asumir responsabilidades.

*Analista en temas de Seguridad, Educación y Justicia. Artículo en sección Opinión de La Jornada de México, 29.06.15

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