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EU: espionaje incesante

Jun 25 2015

Editorial – La Jornada de México

El presidente estadunidense Barack Obama se comunicó ayer vía telefónica con su homólogo francés François Hollande, para asegurarle que está dispuesto a “terminar con prácticas del pasado que son inaceptables entre aliados”, en referencia al espionaje al que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha sometido al propio Hollande y a sus predecesores en el cargo, Nicolas Sarkozy y Jacques Chirac.

La información correspondiente fue revelada por Wikileaks a dos diarios franceses y dada a conocer el pasado martes. De acuerdo con ella, entre 2006 y 2012 la NSA interceptó ilegalmente las conversaciones telefónicas de los tres mandatarios, de varios ministros y consejeros presidenciales y del embajador de Francia en Washington, y transcribió el contenido en un expediente titulado Espionaje Elíseo (en referencia a la sede del Poder Ejecutivo francés). Paradójicamente, entre los asuntos tratados en esas conversaciones estuvo la preocupación de Hollande por el espionaje estadunidense sobre su gobierno.

Ciertamente, esta reciente revelación de Wikileaks no hace referencia a una práctica desconocida: simplemente agrega a París a la lista de los gobiernos que han sido víctimas de la intromisión furtiva de Washington. Desde septiembre de 2013 este diario dio a conocer, basado en documentos filtrados por Edward Snowden, que la NSA había intervenido los teléfonos de los presidentes de Brasil y México, Dilma Rousseff y Enrique Peña Nieto, y de varios de sus funcionarios, y que había recopilado conversaciones y mensajes de texto confidenciales (La Jornada, 2/9/13). Mes y medio más tarde se dio a conocer que la canciller alemana, Angela Merkel, había sido otra víctima de esa práctica, la cual afectó también –se supo entonces– a las misiones diplomáticas de Francia en Washington y Nueva York. A decir del rotativo Bild am Sonnstag, Obama no sólo estaba al tanto del espionaje telefónico a Merkel, sino que ordenó intensificar la vigilancia sobre ella.

Ante esas revelaciones el gobierno mexicano se limitó a “pedir explicaciones” al del país vecino; Dilma Rousseff canceló un encuentro de Estado que tenía programado con Obama, criticó acremente a la Casa Blanca en la Asamblea General de la ONU y anunció que su gobierno modificaría la infraestructura brasileña de telecomunicaciones a fin de asegurar la seguridad y privacidad de sus ciudadanos; Merkel, por su parte, criticó enérgicamente al mandatario estadunidense, acusó a su gobierno de comportarse en forma parecida a la Stasi (en referencia a la temida policía política de la desaparecida República Democrática Alemana) e inició una investigación judicial que a la postre fue archivada “por falta de pruebas”, a pesar de que las disculpas del propio Obama eran prueba suficiente de que el espionaje era real.

Lo cierto es que, pese a las protestas, los aliados y amigos de Washington parecen haberse resignado a vivir bajo la vigilancia secreta estadunidense, aun cuando el espionaje de la NSA conlleva enormes riesgos para la soberanía, la seguridad nacional, la competitividad económica y la gobernabilidad.

En tales circunstancias, el Palacio del Elíseo informó que la conversación telefónica entre Hollande y Obama se limitó a “establecer los principios que deben regir las relaciones entre aliados en materia de inteligencia”, es decir, a fijar niveles de espionaje aceptable entre dos gobiernos que, por el hecho de ser estrechos aliados geopolíticos, económicos y militares, no deberían espiarse mutuamente.

Como señaló el martes Julian Assange, fundador de Wikileaks, “el pueblo francés tiene derecho a saber que su gobierno fue víctima de una vigilancia hostil de un supuesto aliado”, y otro tanto puede decirse de las sociedades de otros países, cuyos gobiernos se encuentran bajo el espionaje constante de Estados Unidos. Sin embargo, de poco sirve ese dato si las poblaciones no exigen mayor firmeza de sus gobernantes y si éstos carecen de la voluntad política para preservar ante Washington una confidencialidad que, por lo demás, defienden férreamente, y no siempre en forma justificada, ante sus propios ciudadanos. 25.06.15

Anexo:

¡Qué escándalo: he descubierto que aquí se juega!

Joaquín Prieto – El País

Francia refuerza su espionaje mientras se asombra de haber sido vigilada por EE UU

Las reacciones al enésimo escándalo protagonizado por el espionaje estadounidense, en este caso por vigilar a tres sucesivos jefes del Estado francés —WikiLeaks dixit—, evocan la del capitán Renault, el corrupto jefe de policía de Casablanca, que justificaba así la orden de cierre al café de Rick: “¡Es un escándalo! ¡He descubierto que aquí dentro se juega!”. Pues eso.

En Francia se asiste a un desgarro de vestiduras al conocer que los expresidentes Chirac y Sarkozy, como el actual jefe del Estado, François Hollande, han sido espiados por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos. La historia suena a déjà-vu desde que WikiLeaks y Edward Snowden obtuvieron el crédito suficiente como para que sus revelaciones resulten creíbles, a pesar de la imposible confirmación por otras fuentes. Lo más entretenido es que los franceses se asombran del espionaje amigo cuando su propio Parlamento, a instancias del Gobierno socialista, autoriza múltiples actividades de sus servicios secretos. No han suscitado grandes protestas populares, como tampoco las hubo en Estados Unidos al descubrirse los manejos de su macroagencia de espionaje, aunque solo sea por aquello de que su territorio no ha vivido ningún atentado importante en 14 años. El poder de la NSA solo se ha visto recortado desde el 2 de junio…. de este año.

En Europa, con el recuerdo todavía vivo de la matanza en Charlie Hebdo y el miedo creciente a futuros atentados, solamente las organizaciones de defensores de las libertades públicas, algunos medios de comunicación y contados políticos han mantenido la llama de las críticas a la ley francesa de espionaje. Aunque con ambiciones y maquinarias tecnológicas más reducidas, el objetivo es similar al de la Patriot Act estadounidense: combatir el terrorismo, en cuyo nombre se amparan otros excesos.

Si la NSA espió el teléfono de la reina madre de Europa, Angela Merkel, sin que se hayan deducido graves consecuencias, ¿quién renunciará a utilizar a los servicios secretos cómo y cuándo les convenga? En Francia se ha convocado un Consejo de Defensa y se han pedido explicaciones a la embajadora de Estados Unidos, por cierto al cargo de una legación situada en la plaza parisina de la Concorde, en cuyo último piso se sospecha —¡desde hace 10 años!— que funciona una estación de espionaje a solo unos cientos de metros de El Elíseo, la sede del presidente de la República. Nadie ha confirmado la sospecha ni la ha descartado en todo este tiempo.

La “destrucción mutua asegurada” fue la idea en que se refugiaron las potencias nucleares durante la Guerra Fría para evitar que una crisis desembocara en una catástrofe planetaria, mientras proseguían con la escalada de armamentos. Trasladado al siempre peligroso, pero menos letal, mundo del espionaje, esto se traduce en que el acecho entre supuestos amigos y aliados es pecado venial. Salvo que el cántaro vaya tantas veces a la fuente que las opiniones públicas empiecen a hacerse más preguntas.
25 JUN 2015

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