General

Como en la Guerra fría

Oct 20 2015

Pere Ortega * – Público.es

Desde el final de la Guerra Fría, Rusia se ha visto humillada por sus antiguos adversarios, los Estados Unidos y sus aliados en el bloque militar de la OTAN. Tras el colapso de la URSS, la OTAN, en lugar de disolverse como sí hizo el Pacto de Varsovia, reforzó la organización dejando de ser una entidad defensiva para convertirse en ofensiva, reforzando su papel estratégico antes restringido al Atlántico Norte expandiéndolo al resto del planeta. Además incorporaron a numerosos países del extinguido Pacto de Varsovia a su organización situando la OTAN ante la frontera rusa e incumpliendo el pacto verbal entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov. Posteriormente, EEUU se retiró de los acuerdos ABM (Tratado Antimisiles Balísticos) desarrollando sistemas antimisiles en distintos lugares e instalaron un escudo antimisiles en suelo europeo.

Pero Rusia lentamente ha ido recuperando el papel de potencia en lo económico y militar, y de la mano del ex agente de la KGB, Vladimir Putin, éste lanzó una política nacionalista para situar a Rusia de nuevo en primer plano internacional. En la crisis de Osetia del Sur y Abjasia, Putin no dudó en enviar tropas para aplastar al ejército de Georgia que atacaba esos territorios. Luego en Ucrania invadió y recuperó militarmente Crimea y apoyó a los rebeldes de las repúblicas prorusas del Dombás. En la guerra de Siria, siempre ha apoyado militarmente al régimen de Bachar al Asad, y finalmente se ha decidido en bombardear a los rebeldes contrarios Al Asad, tanto al ISIS como al resto de los grupos de rebeldes.

En Ucrania, EEUU y sus aliados en la OTAN, daban apoyo al gobierno de Kiev surgido de un golpe de estado, y en Siria, suministraron armas y apoyo militar por distintos canales a los rebeldes que combatían a Al Asad. Cuando vieron que ISIS se convertía en la principal fuerza opositora, cambiaron de bando y empezaron a bombardearlo.

Ambas crisis, la de Ucrania y Siria, han servido para que la OTAN recuperara el músculo que había perdido, pues ha encontrado de nuevo la razón de ser de su existencia, enfrentarse al viejo enemigo que la vio nacer, Rusia. Y se ha lanzado a una carrera belicista, enviando aviones de combate para proteger el espacio aéreo de las repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, también en Turquía. Sin duda lo más peligroso, es lo referente a las armas nucleares en suelo europeo. Estados Unidos mantiene armas no estratégicas en Alemania, Holanda, Bélgica, Italia y Turquía, y ahora quiere actualizar esos arsenales nucleares (entre 150 y 200 bombas), y en su lugar desplegar otras de nuevo diseño de mayor precisión. Una decisión que viola el Tratado de No Proliferación (TNP), que prohíbe la transferencia de armas nucleares de un estado nuclear a un estado que no posee armas nucleares. Este hecho ha motivado una respuesta por parte de los mandatarios del Kremlin, anunciando que de llevarse a cabo no dudarían de instalar misiles balísticos en Kaliningrado y Crimea.

Una escalada peligrosa que retorna a Europa a la etapa negra de la Guerra Fría, de la que es prematuro aún pronosticar su dimensión, pero que desde luego no presagia nada bueno pues se inscribe en lo que algunos (el papa Francisco) han denominado Tercera Guerra Mundial para designar la guerra, que tanto Rusia como EEUU y sus aliados han desencadenado contra el terrorismo, que nos ha deparado las guerras de Afganistán, Irak, Chechenia, Libia, Yemen, Siria, Somalia, Nigeria… hoy no extinguidas y que persisten con mucha virulencia.

En ese contexto debe situarse la visita del Secretario de Estado John Kerry a España, que viene a ratificar el acuerdo sobre las bases de EEUU en territorio español, en especial la base aérea de Morón (Sevilla), dónde se permite la ampliación de 2.200 marines, ampliable a 3.200, que será la base de operaciones del Comando Africom para actuar contra supuestos terroristas en el continente de África occidental.

Visita a la que tampoco pueden ser ajenas las maniobras de la OTAN, Trident Juncture 2015, que tienen lugar en España, Portugal e Italia este mes de octubre hasta el 6 de noviembre con 36.000 efectivos de 30 países; en España se llevará a cabo el mayor despliegue, 20.000 efectivos, y nuestro país aportará 8.000, además de blindados, aviones y helicópteros de combate y diversos buques de guerra. Unas maniobras que sin decirlo tienen como punto de mira a Rusia, país a quién la OTAN lanza un aviso, que está preparada para cualquier emergencia y dispuesta a llevar a cabo una intervención militar en un tercer país, ya sea africano, de Oriente Próximo o de la Europa oriental.

Los gobiernos que pertenecen a la OTAN se ha dejado seducir por EEUU en una espiral belicista que nos conduce a un enfrentamiento con Rusia, que no reducirá, sino al contrario aumentará las tensiones con ese país y también en Oriente Próximo, el Mediterráneo y el África subsahariana. Cuando lo conveniente es lo contrario, dialogar y buscar compromisos que conduzcan al final de los conflictos. Un belicismo irracional que impedirá una recuperación económica, pues empujará al alza el gasto militar en detrimento de la economía productiva y que solo beneficiará eso que llamamos el lobby militar-industrial. Peor imposible. 20 oct 2015.

*Activista e investigador por la paz. Miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau – Centro Delás de Estudios por la Paz

———————————————————-

Anexo:

Rusia se ampara en el derecho internacional para intervenir en Siria

Por Ángel Ferrero (*)

El pasado 30 de septiembre el conflicto sirio entraba en una nueva fase. El Consejo de la Federación de Rusia (Senado) autorizaba el uso de las Fuerzas Armadas en el país árabe para asistir al Gobierno en su lucha contra las organizaciones yihadistas Estado Islámico (EI) y el Frente Al-Nusra, la filial de Al-Qaeda en Siria.

«El objetivo militar de la operación es únicamente apoyar a las fuerzas gubernamentales sirias en su lucha contra el Estado Islámico», indicó el presidente de la Administración Presidencial, Serguéi Ivanov, en declaraciones recogidas por la agencia Sputnik. Ivanov no proporcionó más detalles, salvo que la intervención tiene »plazos bien definidos». También destacó que la operación militar había sido solicitada por Damasco y cumplía, por lo tanto, con lo establecido por el derecho internacional. «No es la primera vez que utilizamos las fuerzas armadas en el extranjero para combatir el terrorismo», señaló el funcionario del Kremlin, quien recordó que en los noventa se hizo «prácticamente lo mismo» en el caso de Tayikistán.

La noticia estallaba como una bomba en medio de una tormenta informativa. Días atrás los medios hablaban sobre la posible presencia de soldados rusos en Siria y el 18 de septiembre, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, anunciaba que Moscú estaba estudiando una solicitud de Damasco para enviar tropas al país. Las declaraciones de Peskov eran significativas, ya que el presidente ruso, Vladímir Putin, se había pronunciado con cautela sobre esta posibilidad días atrás: »Demasiado pronto para hablar de ello», respondió en Vladivóstok a la pregunta de un periodista a comienzos de septiembre.

Hasta la fecha, Moscú había reconocido el envío de asesores militares y material militar catalogado para la lucha antiterrorista , aunque los medios occidentales informaron de la construcción de un aeródromo cerca de Latakia. Además, una fuente diplomática reveló recientemente que Rusia, Siria, Irán e Irak han creado un centro informativo con sede en Bagdad para recopilar información y coordinar la lucha contra la organización yihadista Estado Islámico (EI).
Rusia, Siria y la pax syriana

Según el exoficial de la CIA Robert Baer, el término syriana se refiere a una situación particularmente complicada en Oriente Medio y, a la vez, a una hipotética remodelación del equilibrio regional, pilotada desde Washington. Sería, por lo tanto, una metáfora de la intervención occidental para garantizar el acceso de sus multinacionales a las importantes reservas de crudo que atesora el subsuelo de la región.

La situación que vive actualmente en Siria es syriana, valga la redundancia. Lo es por la cantidad de actores e intereses implicados en ella y por la difícil caracterización de una guerra que se desarrolla en un mosaico etnorreligioso que los medios de comunicación explican, con demasiada frecuencia, de manera apresurada y poco precisa en el mejor de los casos. A este complejo tapiz político, histórico, cultural y religioso aún hay que añadir las alianzas e intereses internacionales, que han llevado a numerosos especialistas a considerar la de Siria como una guerra subsidiaria (proxy war).

De todos los países árabes, Siria fue siempre el más cercano a la Unión Soviética y, tras su desintegración, a la Federación Rusa. (En propiedad, las buenas relaciones entre ambos se remontan incluso a mucho más atrás, ya que en el siglo XIX el Imperio ruso se erigió, como hizo también en los Balcanes, en protector de la comunidad ortodoxa del país.) Estas buenas relaciones, que se remontan hasta la década de los cincuenta y la ayuda soviética a los movimientos nacionalistas árabes, se materializó en 1971 en la cesión de una instalación naval en Tartus popularmente conocida com »base» y oficialmente llamada »punto de apoyo material-técnico» , que permite a la Flota del Mar Negro tener un puerto en el Mediterráneo donde reparar y repostar sus embarcaciones antes de regresar a la base de Sebastopol, en Crimea. En 2006, Rusia y Siria iniciaron conversaciones para la ampliación de estas instalaciones, que finalmente comenzaron en 2009, permitiendo el acceso a buques de gran tamaño.

La amenaza yihadista

Además de los motivos geoestratégicos, frecuentemente mencionados, la ayuda rusa podría obedecer también a otros motivos: algunos comentaristas han señalado que Moscú tiene la tesis de que, si el EI y el Frente Al-Nusra no son aniquilados en el mismo foco de origen, los yihadistas podrían abrirse paso hasta las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central e incluso el Cáucaso norte (Chechenia, Daguestán, Ingusetia). Desde hace meses, en las agencias de noticias rusas hay un goteo constante de operaciones antiterroristas en países como Tayikistán y Turkmenistán, donde la situación política y económica ha creado un terreno propicio para el proselitismo de los islamistas, que canalizan a través de la religión el descontento de la población, en particular los más jóvenes.

Además, un artículo de Anna Nemtsova para The Daily Bast el pasado abril revelaba que un grupo de islamistas chechenos, excombatientes del Estado Islámico en Siria, se había unido a los neonazis ucranianos de Sector Derecho para luchar contra las milicias de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. Estos chechenos, reseñaba el artículo, ven el conflicto en Donbás como una prolongación de su guerra contra los rusos. Por su parte, el Gobierno ucraniano tolera la presencia de extremistas para paliar la falta de moral de sus propios soldados. El Batallón checheno jeque Mansur -como se hace llamar esta unidad de combatientes irregulares en honor al imán que encabezó el alzamiento checheno contra la emperatriz Catalina II en 1784-, cuenta incluso con su propia página de VK (una popular red social rusa equivalente a Facebook).

¿Tuvo Rusia una solución diplomática conflicto sirio?

La crisis humanitaria provocada por la llegada masiva de refugiados a Europa, que plantea a la Unión Europea un importante reto para dar una pronta acogida a decenas de miles de personas (muchas de ellas procedentes de Siria), ha llevado a los gobiernos europeos a plantearse un cambio de posición respecto al conflicto sirio y, en relación con éste, hacia Rusia.

El 24 de septiembre, Angela Merkel declaraba en Bruselas después de una cumbre extraordinaria de la UE que »ha de hablarse con muchos actores, también con Assad». »El conflicto en Ucrania no puede afectar tanto las relaciones de Alemania, Europa y los Estados Unidos hacia Rusia como para que Rusia deje ser un socio en (la resolución del conflicto) en Siria», afirmaba el vicecanciller, Sigmar Gabriel. La Unión Social-Cristiana (CSU), el partido hermano de la CDU de Merkel, ha ido aún más lejos y pedido el levantamiento de las sanciones a Rusia para facilitar las negociaciones. »Si las sanciones son el obstáculo en el camino para una intervención conjunta en Siria, la prioridad es la resolución del conflicto en Siria», declaró al Müncher Merkur la ministra bávara de Economía, Ilse Aigner, el pasado 25 de septiembre. »Para la lucha contra el Estado Islámico es inevitable la cooperación con Rusia», insistió Aigner, quien defendió intensificar los contactos con Rusia.

De hecho, mucho indica que Rusia pudo haber jugado ese papel tiempo atrás, pero la convicción de que Assad caería pronto entorpeció esa posibilidad. El diario británico The Guardian informaba el 15 de septiembre que el diplomático finlandés Martii Ahtisaari había mantenido conversaciones con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU en febrero de 2012, y que el embajador ruso, Vitali Churkin, presentó un plan para llevar a cabo una transición de poder en el país y negociciaciones entre el gobierno y la oposición. Según Ahtisaari, esta hoja de ruta consistía en tres puntos: 1) no entregar armas a la oposición; 2) comenzar un diálogo entre la oposición y Assad de inmediato; 3) encontrar una salida decorosa para el presidente sirio. Ahtisaari relató que »no ocurrió nada porque creo que estos tres (Reino Unido, Francia y EEUU), y muchos otros, estaban convencidos de que Assad sería derrocado en cuestión de semanas, así que no había ninguna necesidad de hacer nada». »Una oportunidad perdida en 2012», lamentó el diplomático finlandés.

Reafirmar la multipolaridad

La posición al respecto del Kremlin ha sido no obstante clara. Según Putin en declaraciones recogidas por la agencia AFP, en este momento »no existe otra solución a la crisis siria que reforzar las estructuras del actual gobierno y ayudarlo a combatir el terrorismo», aunque reclamó a Damasco »participar en un diálogo positivo con la oposición razonable e implementar reformas».

De aplicarse el símil ajedrecístico, tan común en tiempos de guerra fría, con la decisión de enviar los bombarderos a Siria, Putin ha empleado por primera vez en esta partida el alfil. Esta pieza, conocida por su capacidad de penetración, se utiliza cuando el juego está lo suficientemente avanzado y varias líneas abiertas permiten su uso. En efecto, de la resolución de este conflicto resultarán, como del de Ucrania, muchas cosas. Como ha señalado Rafael Poch-de-Feliu con anterioridad, Rusia ha sido el único país que ha detenido militarmente el avance geopolítico de los intereses occidentales, y lo ha hecho no en una, sino en dos ocasiones: en la guerra de cinco días contra Georgia (2008) y en la crisis de Crimea (2014).

En un escenario negativo, Rusia se vería arrastrada al avispero sirio, aumentando su intervención en un largo conflicto que la desgastaría, obligándole a destinar crecientes recursos, y que recordaría a la población a otros más recientes y de funestos resultados para el país. Pero un desenlace favorable a Rusia en Siria le permitiría dejar de ser a ojos del mundo una »potencia regional» –como la calificó Obama el año pasado–, algo que se podría incrementar si Irak pide oficialmente a Moscú que también intervenga en su país. Rusia podría demostrar así que es capaz de intervenir en terceros países con eficacia y ganar así peso ante EEUU en el plano internacional, una vieja aspiración del Kremlin.

Esta percepción ya está con todo en marcha, sobre todo por comparación con los pretendidos logros de la intervención estadounidense. El 16 de septiembre, el general Lloyd J. Austin III, comandante de las tropas estadounidenses en Oriente Medio, reconocía ante el Senado el fracaso del programa del Pentágono para el entrenamiento de 5.000 combatientes del Ejército Sirio Libre. Solo »cuatro o cinco» soldados de los entrenados dentro de ese programa, que costó al contribuyente estadounidense 500 millones de dólares, seguían combatiendo sobre el terreno, admitió el general estadounidense. El viernes 10 de octubre, Washington anunciaba oficialmente el fin del programa de entrenamiento de rebeldes sirios. En Irak, el Pentágono destinó mucho más: 25 mil millones de dólares para crear un ejército iraquí de 271.000 soldados y 500.000 reservistas. Sin embargo, este ejército desertó en masa o fue incapaz de hacer frente al avance del EI en Mosul, Tikrit y otras ciudades. Y el mismo día en que los aviones rusos bombardeaban posiciones yihadistas en Siria, el ejército y la aviación estadounidenses se veían obligados a intervenir contra los talibanes en la ciudad afgana de Kunduz, donde el bombardeo a un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) acabó con la vida de 22 personas. Según MSF, EEUU conocía la localización del hospital y el bombardeo fue deliberado, por lo que constituiría una violación de la ley internacional. Días después, el comandante de la OTAN John F. Campbell reconocía la autoría del bombardeo y el presidente Barack Obama se disculpaba por el ataque. Edward Snowden recordaba desde su cuenta de Twitter que los AC-130 que realizaron el ataque cuentan con equipos de grabación (vídeo y audio) que deberían entregarse a un equipo investigador independiente.

Si la teoría se demuestra en los hechos y el valor de un soldado en el campo de batalla, parece claro que los ejércitos entrenados por EEUU no han conseguido superar la prueba. La propia coalición de más de 60 naciones liderada por EEUU de la que se excluyó de manera significativa a Siria, Irán y Rusia, y que incluye a estados que cumplen un papel meramente testimonial ha conseguido con 7.000 incursiones aéreas unos resultados modestos, mientras los aviones rusos golpeaban en cuarenta y ocho horas la capital del autoproclamado califato, Raqqa, obligando a los líderes del EI a evacuar a sus familias a Irak, y el tercer día Palmira. Según el embajador sirio en Moscú, Riad Haddad, entrevistado por RIA Novosti, a 7 de octubre los aviones rusos habían destruido el 40 por ciento de las infraestructuras del Estado Islámico. Aunque los medios informaban de un avanze yihadista al norte de Alepo, el Ejército Árabe Sirio comenzaba una ofensiva terrestre con el apoyo aéreo ruso cuyos resultados se comprobarán en las próximas semanas. De momento, según una encuesta del Centro Levada (independiente) realizada entre el 2 y el 5 de octubre, un 72% de los encuestados justifica los bombardeos rusos contra el Estado Islámico. De llevarse a cabo encuestas en otros países, es muy posible que los resultados no fuesen muy diferentes, y por motivos que ha explicado recientemente Mike Whitney en Counterpunch: »retorciendo el relato de la guerra contra el terrorismo de un modo que apoye a algunos pero condene a otros, la administración Obama se ha conducido a sí misma a un cul de sac ideológico del que no hay salida.»

Ese escenario, en cualquier caso, legitimaría, como ha comentado el analista brasileño Pepe Escobar,el largo apoyo prestado por el Kremlin a Damasco y respaldaría por lo demás las tesis del gobierno ruso de que: 1) la exportación de las revoluciones de color está destinada a su fracaso, 2) no hay por ahora ninguna oposición moderada creíble en Oriente Medio, y 3) el respeto a la soberanía nacional ha de prevalecer en las relaciones internacionales. Pero lo que verdaderamente inquieta en los centros de poder occidentales y ello explica, en parte, la reacción de buena parte de la prensa occidental es el precedente que la operación rusa crearía para otros países que aspiran a un orden multipolar. En una palabra: China.

Rusia, Turquía y la OTAN

El primer roce entre grandes potencias en Siria se dio poco después de iniciados los bombardeos, cuando el 5 de octubre cazas F-16 de la fuerza aérea turca interceptaron a un avión ruso que había violado su espacio aéreo. El incidente, que Rusia atribuyó a las malas condiciones metereólogicas, provocó las advertencias del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Erdogan amenazó con suspender la compra de gas natural ruso, y Stoltenberg reclamó aumentar la presencia de la Alianza Atlántica en Turquía, un país que, pese a todo, mantiene buenas relaciones bilaterales con Rusia.

Erdogan tiene no obstante otros motivos para estar nervioso. La presencia de aviones rusos en Siria da al traste con los planes de Ankara de establecer una zona de exclusión aérea sobre el país árabe. Como se ha preguntado oportunamente Escobar en Counterpunch, ¿cómo puede imponerse una zona de exclusión aérea sobre Siria si los aviones rusos ya se encuentran allí? Lo que preocupa al presidente turco no es tanto Assad como las Unidades de Protección Popular (YPG), las milicias del Partido de la Unión Democrática (PYD) partido hermanado con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que se han hecho fuertes al norte de Siria y proclamado su autonomía en la región de Rojava, que comprende Kobane, Jazira y Afrin. Según apuntan varios analistas, la zona de exclusión que el gobierno turco reclamaba no era sino el primer paso para que sus tropas entrasen en todo el norte de Siria para crear una »zona segura», y que en realidad equivaldría a una ocupación militar de Rojava con el fin de alejar a los insurgentes kurdos del propio territorio turco. Incluso en una eventual victoria del gobierno sirio, Damasco se vería obligada a negociar con los kurdos y concederles una amplia autonomía, aumentando la presión sobre Ankara.

El tablero geopolítico no termina aquí. Según informaciones de la agencia Reuters, la operación rusa cuenta con el apoyo y el asesoramiento de la República Islámica de Irán, que envió a Moscú a uno de sus generales, Qassem Soleimani, para ultimar los detalles de la misma. Soleimani habría sido decisivo a la hora de diseñar un plan que permitiese al gobierno sirio retomar la iniciativa con el apoyo aéreo de Rusia y, sobre el terreno, de las milicias chíes y unos 3.000 militantes del Hezbolá libanés, ayudados por asesores militares de los pasdaran iraníes (Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica).

Estas informaciones confirmarían tanto los vínculos entre Irán y Rusia como la creciente influencia regional de Irán, dos hechos que El Pentágono siempre ha considerado como incómodos. Un Irán fortalecido de la crisis siria cambiaría no solo el balance de fuerzas en la vecina Irak, sino en toda la región, un desarrollo visto con inquietud por el país que hasta ahora detentaba esa posición, Arabia Saudí, que ahora se ve atrapada entre la guerra en Yemen y sus propios problemas económicos debido a la caída del precio del petróleo, causados en buena medida por su política de producción destinada a terminar con la competencia del petróleo de esquisto (‘fracking’) y, posiblemente, sus potenciales rivales en el mercado del crudo.

Pues sí, la situación es syriana. Amenaza con ir para largo.

*Ángel Ferrero Periodista, residente en Moscú, miembro del comité de redacción de Sin Permiso. Versión ampliada y revisada de la aparecida en el diario Público el pasado 5 de octubre. Fuente: www.sinpermiso.info, 10 de octubre 2015

admin