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OCCIDENTE VOTA POR UN AYER MEJOR

Nov 1 2015

Roberto Savio*

Roma, oct. 2015 – Las recientes elecciones en Suiza y Polonia son buenos indicadores de lo que ocurrirá en otros lugares de Europa con esta creciente e irresistible ola de refugiados. Vamos a situar los acontecimientos en un marco más vasto. Pero primero es necesario hacer algunas consideraciones cruciales, sobre las que existe un consenso cada vez mayor.

La primera, es que el sistema actual de relaciones internacionales y gobernanza nacional dejó de funcionar. Estamos viviendo un período de transición, pero nadie sabe hacia dónde. La izquierda no tiene un manifiesto y la derecha sólo cabalga en el status quo. No hay un pensamiento político a largo plazo.

La segunda, es que se vive una época de «nueva economía», basada en la supremacía de las finanzas sobre la producción. Funcionarios no electos, como los gobernadores de los bancos centrales y los banqueros, tienen mucho más poder que antes.

Esta «nueva economía» considera los empleos precarios una realidad legítima, la desigualdad social natural, el mercado como la base exclusiva para el desarrollo de la sociedad y estima que el Estado es ineficiente y un freno para el sector privado.

La tercera, es que las instituciones políticas se han ido opacando. Ya ningún partido cuenta con un movimiento juvenil. Son percibidos cada vez más como auto referentes, que consideran a los ciudadanos únicamente como un electorado y son vistos cada vez más como parte del sistema en el poder que como portavoces de la ciudadanía.

La cifras de la política (y de la corrupción) están creciendo año tras año. Las próximas elecciones norteamericanas costarán más de 4.000 millones de dólares y hasta ahora, apenas 145 donantes ya pagaron más de 50% de la campaña electoral.

Según la London School of Economics, el costo de la campaña electoral en Europa se ha incrementado en 47% en la última década. En otras palabras, muchos consideran que vivimos ahora en una democracia que se está convirtiendo en una plutocracia. Hungría está abiertamente abogando por una democracia autocrática, al estilo de Singapur y China, y está saliéndose con la suya.

La cuarta es que el multilateralismo está en crisis. Estados Unidos ha dejado de ratificar cualquier tratado internacional, desde la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, hasta el Derecho Marítimo. Las Naciones Unidas han sido marginadas. Las organizaciones regionales, como la Unión Africana, la ASEAN o la Organización de los Estados Americanos, se convirtieron en notoriamente ineficaces.

La Unión Europea está saltando de una crisis existencial del euro (Grecia), a una aun más grave, de los refugiados. El Reino Unido está liderando una carga contra Bruselas para la restitución de poderes, lo que creará un precedente que otros invocarán, empezando por Hungría y Polonia.

Si estas consideraciones, entre muchas otras, se estiman válidas, entonces no es difícil entender por qué los electores europeos están votando en base a la nostalgia política y la falta de seguridad. Frente a un futuro incierto, se fortalece el sueño de volver a un pasado mejor.

Las elecciones suizas y polacas premiaron a los partidos que anunciaron defender la identidad nacional contra los extranjeros, en particular musulmanes. Las tradiciones religiosas nacionales contra los valores europeos de la libertad sexual, el matrimonio gay, el aborto libre y los estilos de vida decadentes.

El caso polaco es emblemático. Polonia ha sido uno de los mayores beneficiarios de la ayuda de la UE. Europa del Este quiso ingresar a la UE para conseguir fondos y apoyo, pero sin la más mínima intención de dar algo a cambio, como lo demuestra la negativa de aceptar ningún inmigrante…

Vale la pena de recordar que hasta la crisis financiera de 2007, la xenofobia y los partidos de derecha radical eran entidades marginales en casi toda Europa.

En poco tiempo, los otrora marginales se han convertido en actores importantes en toda Europa, incluso en países conocidos por su sentido cívico y tolerancia, como Holanda y los países nórdicos.

Resulta desconcertante ver a trabajadores y personas de bajos ingresos votar por el Frente Nacional en Francia, en Cinquestelle en Italia, en el UKIP (United Kingdom Independence Party = Partido de la Independencia del Reino Unido) y ahora, Paz y Justicia en Polonia.

El sueño de regresar a un pasado seguro y ordenado es lo que los lleva a votar en un partido xenófobo, de derecha radical y antieuropeo.

No quieren votar por un futuro incierto: encuentran más tranquilizador votar por una época durante la cual la política era nacional, no había una burocracia sin rostro en Bruselas indicando cómo empacar tomates, ni el euro , una moneda supranacional maniobrada en Frankfurt por banqueros poderosos no elegidos del BCE, con una Alemania hegemónica dictando instrucciones a otros países.

También vale la pena recordar que gran parte de los ciudadanos europeos aún no ha recuperado la calidad de vida que tenía antes de 2007. Los jóvenes pagan un costo desproporcionado por una crisis provocada por el sector financiero, que ha recibido para su rescate mucho más dinero que el asignado a políticas de empleo o para la recuperación social.

El sueño de volver al pasado fue también la razón de la creación del Tea Party en Estados Unidos, creado por el ala radical del Partido Republicano, y la victoria de Justin Trudeau en Canadá. Las diferencias entre Estados Unidos y Canadá fueron notoriamente reducidas por el primer ministro saliente Stephen Harper y los canadienses han querido volver a los buenos viejos tiempos de Pierre Trudeau, eligiendo a su hijo Justin en las elecciones federales del pasado 19 de octubre.

Mientras Occidente puede soñar con una edad de oro reciente, en el Sur del mundo está aumentando el nacionalismo, un gemelo de la nostalgia política. Es el caso de los países con un pasado glorioso, no solo Japón, con Shinzō Abe y China con Xi Jinping, sino también India, Tailandia y Sri Lanka.

Para Occidente se presenta un problema. Actualmente existen 60 millones de refugiados, sin considerar en este número a los que escapan persecuciones sexuales, como los gays en África, o las mujeres de Boko Haram en Nigeria. Tampoco están contabilizados aquellos que se ven obligados a desplazarse por el cambio climático –que según la ONU, serán otros 15 millones para el año 2025– , a los que hay que añadir los que escapan del hambre y de las dictaduras.

Migrantes es un término mucho más representativo de la realidad que refugiados, que son para Europa los que escapan de conflictos claramente reconocidos. Y Occidente está detrás de muchos de esos conflictos. Se calcula que desde que Rusia empezó a intervenir en Siria, se deben agregar otros 150.000 sirios prófugos de guerra.

La demografía es clara. África va a contar con mil millones de habitantes en 2030, mientras Europa va a perder al menos 15 millones para esa fecha. La Europa que conocemos, homogénea, blanca, cristiana y tolerante va a desaparecer. Y esto no va a ocurrir sin una buena dosis de sufrimiento.

Estados Unidos se convirtió en un país multicultural y multiétnico en poco más de cien años. De acuerdo con los registros de la isla de Ellis, el punto de entrada más importante de inmigrantes, 9 millones de irlandeses, alemanes, austriacos y escandinavos, entró en los tiempos del barco a vapor, así como más de 8 millones de polacos, búlgaros, rumanos, húngaros, rusos, y bálticos, y más de cinco millones de italianos y griegos.

En unas pocas décadas, un total de 22,5 millones de europeos se convierten en americanos. Europa no está preparada ni siquiera para un décimo de esto…

*Periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News . En español: http://www.other-news.info/noticias/ En inglés: http://www.other-net.info/

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