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La derecha al gobierno, el pueblo a las barricadas

Dic 17 2015

Ángel Guerra Cabrera – La Jornada, México

Mauricio Macri no ha hecho más que realizar su largamente anhelado arribo a la Casa Rosada y ya reconfirmó sus credenciales como hombre del partido del dinero y el orden, que no se anda con chiquitas ni remilgos cuando de imponer las políticas neoliberales se trata. Cero impuestos a los terratenientes y subida de los precios de los servicios públicos a partir de enero. Cualquier parecido con las políticas económicas de la dictadura militar de Videla, que lo enriqueció, y con los gobiernos de Menem, que lo siguieron enriqueciendo, no es pura coincidencia. A partir de ahora, los de abajo a joderse y los de arriba a recuperar la mayor o menor tajada que se vieron forzados a ceder, pareciera ser el mensaje, se mire a Argentina o a Venezuela.

Por supuesto, no podía faltar el decretazo del flamante mandatario para llevarse de encuentro a la vapuleada Ley de Medios puesto que su imagen y candidatura se gestaron en los laboratorios de publicidad y las redacciones del conglomerado mediático Clarín y del diario La Nación, ambos también cómplices y privilegiados beneficiarios de la dictadura y del menemismo.

Los decretos suscritos por el flamante mandatario carecen de legitimidad al no corresponder con las luchas e intereses del pueblo argentino, cuando no de ilegalidad, como es el caso del nombramiento, pasando sobre la soberanía del Senado, de dos jueces de la Corte Suprema de Justicia. Para colmo, ligado uno al Banco Mundial y el otro, integrante del Opus Dei.

Tan palmariamente inconstitucionales han sido esos nombramientos, que varios miembros de la coalición que llevó a Macri al gobierno se han deslindado de ellos. Pero es muy chistoso que los mismos medios que antes golpeaban tanto a Cristina Fernández, arguyendo –entre otras mentiras–, su no apego a la institucionalidad, hoy callen estruendosamente ante los enormes atropellos a la misma del ex gobernador de la provincia de Buenos Aires.

En el caso venezolano vemos una contrarrevolución que está actuando y amenazando desde una subestimación de la fuerza del pueblo y una sobrestimación de su propia fuerza. Con solo que hagan la mitad de lo que han declarado, o se sabe que proyectan hacer aprovechando sus escaños parlamentarios, no tardarían en provocar una furiosa reacción popular en su contra.

Por no mencionar las amenazas de sacar a Chávez del Cuartel de la Montaña, donde reposan sus restos, que podría muy bien convertirse en la chispa que desencadenara un derramamiento de sangre de pronóstico reservado, con todo y el enorme patriotismo, aplomo, disciplina y contención que ha mostrado la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ante crispantes situaciones que la han puesto a prueba. El último caso han sido los alocados insultos a líderes militares por personeros del campo enemigo del proceso bolivariano, al percatarse de su inmutabilidad ante lisonjas y guiños.

En resumen, la contrarrevolución se propone desmantelar los gigantescos logros sociales de la revolución bolivariana, entre ellos la independencia del país y entregar a Estados Unidos los primeros recursos del mundo en hidrocarburos.

Ante este panorama amenazador de conquistas sociales y civilizatorias en los dos países mencionados, parece necesaria la vuelta al combate en las calles de ese sujeto revolucionario creado por los movimientos populares y los nuevos gobiernos independientes latino-caribeños. Chavismo es su nombre en Venezuela pero está distribuido del río Bravo a la Patagonia.

Ese sujeto equivale hoy en América Latina y el Caribe (ALC) al proletariado. Aquel al que Marx consideró en la Europa occidental y central del siglo XIX el encargado de encabezar la revolución socialista. Hoy su tarea inmediata es impedir la restauración conservadora, preservar las conquistas sociales y la nueva cultura política conseguidas a partir del levantamiento indígena de Chiapas (1994) y la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, continuar demoliendo el neoliberalismo en nuestra región hasta las últimas consecuencias.

Afirmar que ahora sí termina el “ciclo progresista”, como lo han bautizado, porque haya sido electo por la mínima un presidente de derecha en Argentina, por la amenaza de desafuero contra la presidenta Dilma Rousseff o por la muy sensible conquista del parlamento a manos de la contrarrevolución en Venezuela es no conocer la historia de ALC. Entramos en una fase más difícil y compleja de la lucha por la segunda independencia de nuestra América.

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Anexo:

Macri, el restaurador

Editorial de La Jornada de México

El presidente argentino, Mauricio Macri, no esperó siquiera a tomar posesión del cargo para enzarzarse en una confrontación con el derrotado peronismo progresista de su antecesora, Cristina Kirchner: el mandatario ensució su propia asunción querellándose con la presidenta saliente por un asunto absurdo y provocó con ello una alteración institucional menor, pero significativa: fue un jefe de Estado provisional, que duró menos de 12 horas en el cargo, el que le transmitió el mando.

Más allá de los ceremoniales, Macri empezó a desmontar rápidamente el legado de soberanía y estado de bienestar construido durante los 12 años de los mandatos kirchneristas y dejó ver muy pronto su talante autoritario y antidemocrático y su poca disposición a observar el marco legal del país.

Por principio de cuentas, el presidente derechista redujo drásticamente los impuestos a la exportación de productos agropecuarios, en particular de soya, trigo, maíz, sorgo, girasol y carnes, lo que constituye un grave retroceso en los mecanismos de redistribución de la riqueza y de financiamiento del Estado que fueron echados a andar desde 2008. El favor a los grandes agroindustriales tendrá un impacto en las finanzas públicas que deberá ser compensado con un incremento a los impuestos sobre la renta, según explica el nuevo gobierno.

Otra medida inaugural que ha causado la crítica casi unánime de la sociedad argentina fue la designación irregular de dos magistrados de la Corte Suprema al margen del Poder Legislativo. Con esa decisión autoritaria el nuevo huésped de la Casa Rosada evitó llamar al Congreso a una sesión extraordinaria, sabedor de que la mayoría senatorial opositora podría vetar las propuestas de ambos jueces, veto que de todos modos puede ocurrir en marzo próximo, cuando el Senado reinicie sus sesiones ordinarias.

Ayer, por otra parte, el gobierno levantó toda restricción a la compra de divisas, con lo cual puso fin a cuatro años de control cambiario. Así, los particulares, que sólo podían adquirir 2 mil dólares mensuales, podrán comprar hasta 2 millones de dólares cada mes. La medida conllevará, previsiblemente, a una rápida devaluación del peso argentino. De la magnitud de la depreciación dependerá el impacto político de la decisión.

En suma, a unos pocos días de haber iniciado, el gobierno de Macri exhibe su determinación de liquidar los lineamientos progresistas, soberanistas y sociales del kirchnerismo y de conducir al país hacia los postulados neoliberales que le fueron impuestos en la década antepasada durante los gobiernos de Carlos Menem. Se asiste, pues, a un empeño restaurador de recetas que hundieron a Argentina –y a la mayoría de los países de la región, México entre ellos– en el estancamiento económico, la desigualdad lacerante, el desempleo, el incremento de la pobreza, la corrupción y la dependencia política y financiera.

Cabe preguntarse si la sociedad y las instituciones argentinas permitirán semejante cambio de dirección o si, por el contrario, las estrategias del nuevo mandatario habrán de enfrentar resistencias que impidan una completa recaída de Argentina en el desastre neoliberal.

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